Cuestiona el mundo falta de alternancia en gobiernos longevos

Por Mónica García Trujillo

En el Siglo 21, bautizado como la era de la tecnología que ha permitido conocer la iniquidad y prosperidad de los países del mundo, aún existen gobiernos longevos donde la democracia transita a cuenta-gotas.

Fidel Castro ejemplifica el gobierno más longevo en la historia de América, cuyo régimen de 47 años hizo una pausa el 31 de julio de 2007 al delegar de forma provisional todos los poderes en su hermano Raúl.

Fidel derrocó al dictador Fulgencio Batista en 1959, y desde esa fecha ha gobernado Cuba, hasta que una intervención quirúrgica le obligó a ceder definitivamente la estafeta a Raúl Castro, quien ocupa la presidencia del país desde el pasado 24 de febrero.

Uno de los principales estandartes de Castro, que le valió el reconocimiento del pueblo cubano, fue la entrega de la propiedad de la tierra a los campesinos y defender los derechos de los pobres en Cuba.

Fidel puso fin a la mafia que había convertido en un paraíso de tráfico de drogas, prostitución y juegos de azar la Isla en la década de los 50.

El régimen castrista instauró la era del Partido Comunista Cubano, creado el 3 de octubre de 1965, que ha restringido la participación de candidatos opositores en las elecciones.

Fidel es un hombre que ha generado odio y simpatía política dentro y fuera de la Isla. Un gobierno en el que no hay cabida para términos medios.

Ha sufrido un permanente bloqueo económico decretado por Estados Unidos, sin embargo, en medio de las complicaciones, el gobierno ha tenido méritos en temas internos en los rubros de educación, el servicio de salud y en el índice de mortalidad infantil que es comparable al de los países más desarrollados.

Otro personaje que ostentó el poder durante 35 años, fue el general Alfredo Stroessner, en Paraguay, quien falleció en el exilio en Brasil, en agosto de 2006.

Stroessner impuso la dictadura militar más prolongada en América, apoyada por el Partido Colorado, luego de los golpes de Estado contra Natalicio González y Fedérico Chávez Careaga.

El dictador cedió el poder al Partido Colorado, que gobernó Paraguay durante 61 años, hasta ser derrotado en las urnas por el ex obispo católico Fernando Lugo, quien encabezó la Alianza Patriótica Democrática, el pasado 20 de abril.

En la lista de personajes polémicos también aparece el coronel libio Muammar al-Gaddafi, quien se ha perpetuado en el poder durante 38 años.

Gaddafi, encabeza desde 1969 el gobierno de Libia, y ha sido etiquetado por la comunidad internacional como promotor del terrorismo internacional.

Pero, desde 2003 se ha convertido en uno de los personajes más controvertidos luego de renunciar públicamente a su programa de armas de destrucción masiva.

Los gobierno de la Unión Europea y Estados Unidos, vieron con buenos ojos el anuncio de Gaddafi, quien también anunció el pago de compensaciones a familiares de víctimas de atentados protagonizados por Trípoli en el pasado, que le valieron a Libia el aislamiento internacional.

Gaddafi, de 66 años de edad, permitió que la justicia de su país liberara en julio pasado a cinco enfermeras búlgaras y un médico palestino, que en 2004 fueron sentenciados a muerte, acusados de haber infectado deliberadamente con VIH a 400 niños.

El controvertido coronel, considerado “líder ideológico” en su pueblo, encabezó al grupo de oficiales que derrocó al rey Idris en 1969, y fundó un nueva República basada en la unidad de todos los árabes.

El líder libio nacionalizó el petróleo, desalojó las bases militares estadounidenses y británicas, y lanzó un programa de comités populares en todas las áreas de la política y la administración.

Además se proclamó como país no-alineado, recibiendo en su territorio a todo grupo extremista perseguido en Africa, Medio Oriente y Europa.

Sin embargo desde 2003, Gaddafi fomentó nuevas relaciones con Inglaterra y Estados Unidos, y ahora trabaja también en el acercamiento con los países de la Liga Arabe, luego que durante muchos años su presencia sólo fue en países africanos.

Otro de los gobiernos que sorprende por mantenerse vigente en medio del conflicto de intereses en Medio Oriente, es el de Hosni Mubarak en Egipto.

Mubarak, quien asumió el poder en 1981, tras el asesinato de Anwar Sadat, ha manejado los hilos de la diplomacia internacional y controlado el descontento social que genera su reelección al cargo, cada seis años.

Mubarak ha recibido el respaldo de Estados Unidos e Israel, con quienes comparte intereses políticos y económicos, en especial en el sector eléctrico, turístico, financiero y de servicios públicos.

El gobierno egipcio mantiene controladas las movilizaciones de la oposición por parte de la izquierda o los islamistas bajo tres ejes: la ley de los Partidos, la de Periodismo y de Emergencias.

Mediante la Ley de los Partidos, Mubarak condiciona la aprobación de la lista de los candidatos y el programa del partido interesado, para impedir la formación de nuevos institutos políticos y frena a cualquier movimiento que represente una amenaza para su gobierno.

La ley del Periodismo, ha servido para confiscar diferentes publicaciones o retirar la licencia a medios cuando sea necesario.

Sin embargo, la ley más importante es la de Emergencias o Marcial que frena cualquier intento de movilización en la calle, de la clase obrera o en universidades, y en forma reciente es un argumento en el combate al terrorismo y el crimen organizado.

Dicha ley permite a militares y policías usar la fuerza contra manifestantes, huelgas, reuniones públicas, y deteniendo a opositores (izquierdistas, nacionalistas o islamistas) sin ninguna orden judicial.

El pasado 26 de mayo, el Parlamento egipcio, a instancias de Mubarak, aprobó la extensión de la ley marcial hasta el 1 de junio de 2010, en el marco de una serie de atentados con explosivos registrados en el centro turístico de Dahab, sobre el mar Rojo.

Mubarak, fue reelecto por sexta ocasión en 2005, cuando se comprometió a derogar la ley marcial, sin fijar la fecha para ello, y ha sustituirla por una legislación antiterrorista más convencional.

La junta militar que gobierna actualmente la Unión de Myanmar, antigua Birmania, llegó para quedarse desde 1962, cuando el general Ne Win derrocó al gobierno comunista de U-Nu y se instaló en el poder, dando paso así a diversos gobiernos militares.

Myanmar, pasó de ser un país prosperó a uno devastado económica y políticamente.

En enero de 1974, Myanmar empezó a regirse por principios constitucionales luego de que se aprobó una Carta Magna y definió como República Socialista, encabezada por Ne Win como presidente legítimo, quien sólo renunció al cargo por presión del general San Yun en junio de 1981.

En 1988, una dictadura militar encabezada por el general Saw Maung, se instaló para gobernar con las armas en la mano.

El gobierno militar buscó legitimarse mediante la celebración de elecciones parlamentarias en 1990, las cuales fueron ganadas por la Liga Nacional para la Democracia, hecho que la Junta ignoró.

Esto, dio paso a múltiples protestas por parte de la oposición encabezada por la Premio Nobel de la Paz 1991, Aung San Suu Kyi.

La represión contra las movilizaciones ha sido sistemática en Myanmar, contra monjes budistas, birmanos quienes demandan cambios políticos y sociales en ese país.

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