Indígenas peruanos luchan por vender sus productos sin

Por José Luis Castillejos.

Lima.- Debido al alza del precio de los alimentos en Perú, cientos de campesinos comenzaron a copar los mercados limeños para intentar vender sus productos sin intermediarios (coyotes) y ante la hostil mirada de los comerciantes formales.

Maribel Palián, una indígena de 25 años proveniente de la sierra de Huancayo, es una de las campesinas que se atrevió a incursionar en el mercado “Manuel González Prada” para vender su papa, pese al rechazo que genera su presencia entre los comerciantes del lugar.

“No voy a regresar porque aquí nos matan de hambre. No me pagan bien mi producto. Los mayoristas y los “coyotes” (intermediarios) ganan mucho y nosotros los pobres nada. Encima de todo eso abusan, nos botan” del mercado, se quejó la joven en diálogo con Notimex.

Pero Maribel no sólo debe lidiar con la hostil actitud de los comerciantes, sino también con la policía, que en atención a las quejas de éstos últimos la corre del mercado y le impide vender a precios bajos las variedades de “peruanita”, “yungay” y “canchán”.

“No quieren que vendamos acá. Si va a ser así, al diablo, ya no regreso”, aseguró la indígena que lleva con garbo una trenza negra y un par de pequeños aretes, mientras su madre Sósima Palián la mira atenta desde un costado del centro de abastos.

Tras musitar unas palabras en quechua, la madre de Maribel se lleva la mano al rostro y al percatarse de la presencia de un agente de seguridad, exclama en español: “déjennos trabajar, no sean malitos”.

Maribel, junto a Sósima y su tío Perfecto Anselmo Palián, aceptaron una propuesta gubernamental de vender, sin intermediarios, la papa que producen en un terreno del distrito de Cullhuas, uno de los 28 que conforman la provincia de Huancayo, en el departamento de Junín.

La iniciativa tiene el doble objetivo de promover el consumo del tubérculo, campaña que impulsa el Ministerio de Agricultura en el marco de las celebraciones del “Año Internacional de la Papa”, y bajar los precios de los alimentos.

Con entusiasmo, Maribel y sus dos familiares aceptaron la propuesta de venirse a Lima a vender su mercadería, pero pronto su esperanza se vio frustrada ante el escenario hostil que encontraron en los mercados capitalinos, distinto al pintado por el gobierno.

En los centros de abasto, los indígenas se convirtieron en víctimas de la virulencia de los comerciantes formales, que los echan y les gritan para conminarlos a dejar de vender a 35 centavos de dólar el kilogramo de papa, frente a los 50 centavos que cobran los formales.

“Lleve papita, papa. baratita nomás. Yo le vendo de la chacra (granja) a la olla, sin intermediarios”, pregona la sexagenaria Sósima, mientras mastica hoja de coca para matar el hambre y soportar el húmedo frío limeño.

Pero ante las quejas que crea su pregón entre los comerciantes del lugar, la mujer se dirige a su hija para echarle en cara con un “ya viste, te lo dije” que “no valía la pena venir”, mientras hace ladear su sombrero de fieltro color café.

Maribel y Sósima, sin embargo, no son las únicas víctimas de la situación derivada del alza en los precios de los alimentos, que las obligó a abandonar su majestuoso paisaje de origen, a tres mil 663 metros de altura, para intentar vender sus productos en Lima.

Ajena a los avatares que deben soportar estas dos mujeres indígenas para ofrecer su mercadería al público, Eulalia Marcahuasi también se queja porque “el dinero no me alcanza. Vendo medias pero lo que gano apenas sirve para los alimentos del día siguiente”.

“No se qué es lo que voy hacer”, dijo Eulalia, un ama de casa que sufre cada vez que no puede llevar comida a su casa, ante el incremento de los precios de los alimentos.

Entre los años 2006 y 2008, los precios de los cereales aumentaron 126 por ciento, mientras el valor de la leche subió un 101 por ciento y los aceites y grasas un 133 por ciento.

“Yo ya no puedo pagar a 3.80 soles (1.35 dólares) el kilo de arroz. Gasto 20 soles diarios (7.14 dólares)”, añadió Eulalia, al lamentar además que el gobierno no apoye a los productores para que vengan directamente a vender sus productos a la capital peruana.

La mujer, originaria de la norteña ciudad de Chiclayo, reconoció su aflicción por la incertidumbre que vive a diario a raíz de la inflación en los precios de alimentos e incluso admitió que “ahora le temo a la vejez y no tener qué comer el día de mañana”.

“No alcanza el dinero, ando con las justas y la necesidad nos hace sobrevivir. Vendo mediecitas (medias para damas); mi vida, al igual que la de muchos, es bien penosa (triste)”, afirmó Eulalia, que durante casi 40 años trabajó como empleada doméstica.

Mientras busca en sus bolsillos algunas monedas para completar el mercado, la vendedora informal confiesa con tristeza que “en la noche derramo las lágrimas porque no se cual va a ser mi futuro; no tengo familia y mi vejez será larga”.

El presidente del mercado “Manuel González Prada”, Máximo Montes, afirmó por su parte que en la nación sudamericana “hay una crisis bárbara. En Perú han subido dos veces los combustibles y al gobierno se le está yendo el país de las manos”.

Advirtió que en el corto plazo podría pasar lo que sucedió en el primer gobierno del presidente Alan García (1985-1990), cuando “la gente no tenía qué comer, había interminables colas y la inflación acumulada llegó a dos millones 650 mil por ciento”.

“El problema ahora es que mucha gente está endeudada, les dieron tarjeta de crédito para pagar sus consumos y ahora que ha llegado el momento de sincerar las cuentas muchos están en bancarrota”, indicó el dirigente gremial.

Montes negó que los comerciantes especulen con los alimentos, como se quejan sus clientes, e indicó que el costo para los vendedores se ha incrementado en 60 por ciento, por lo cual “el margen de ganancia se ha reducido. Ahora tenemos que vender más y ganamos menos”.

“Si este año seguimos así, para el 2009 revienta la inflación. No como dicen que estamos en 3.0 por ciento. Yo calculo que debe estar entre el 7.0 y 8.0 por ciento, ya que ha subido el arroz, el aceite, alimentos para aves”, entre otros productos, aseveró.

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