Ofrece Harper disculpas a indígenas por aislarlos de su comunidad

Por Alberto Rabilotta.

Montreal.- El primer ministro Stephen Harper ofreció disculpas a los pueblos indígenas de Canadá “por el triste capítulo de nuestra historia” que fue el trato, durante un siglo, de los niños aborígenes en los “pensionados indígenas”, se informó el jueves.

La víspera, el primer ministro Harper leyó ante el Parlamento y en presencia del Jefe de la Asamblea de Primeras Naciones, Phil Fontaine, una declaración “en nombre de los canadienses” donde presenta “disculpas completas” a 150 mil niños indígenas.

Esos pensionados, a los cuales las familias de los niños no tenían acceso, existieron durante casi un siglo: de 1870 y hasta mediados de la década de los 60 del siglo pasado.

Los niños, sin el consentimiento de sus familias fueron enviados a 32 pensionados financiados por el gobierno canadiense y administrados por las iglesias para aislarlos de sus comunidades y “asimilarlos en la cultura dominante”, reconoció el primer ministro.

Esos objetivos -dijo Harper- reposaban sobre la hipótesis de que las culturas y creencias de los indígenas eran inferiores: “Más aún, algunos buscaban, según una expresión tristemente celebre, ‘matar el indio en el seno del niño’”.

Esta declaración viene dos años y medio después que el gobierno canadiense, entonces dirigido por Paul Martín, reconociera los maltratos a esos niños indígenas y 12 años después de la investigación y constatación de esa tragedia por una Comisión Real.

En noviembre del 2005 y pocos días antes de que su gobierno fuera derrotado en el Parlamento, Paul Martin asignó mil 700 millones de dólares estadounidense para indemnizar a 86 mil de esos niños o a sus descendientes por “los maltratos sufridos en esos pensionados”

En ese momento, y como parte del “Acuerdo de Kelowna” con las provincias para invertir cinco mil millones de dólares en la mejora de la situación de los pueblos indígenas, Martin creó la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que iniciará sus trabajos en los próximos meses.

Paul Martin, quien sigue siendo diputado federal y se asignó la misión de “defender a los pueblos indígenas”, dijo que este arrepentimiento es “un momento cargado de enorme emoción, que tardó mucho en venir”.

Pero, agrego el ex primer ministro, el arrepentimiento debe ir acompañado del “idéntico acceso” de servicios para todas las comunidades indígenas del país, como especificaba el Acuerdo de Kelowna, abandonado en 2006 por el actual primer ministro Harper.

“Esta fue una terrible tragedia” y el arrepentimiento –dijo Martín- es “parte de un proceso de saneamiento” que debe incluir tres prioridades (educación, salud, vivienda y agua portable) para que “los indígenas tengan la misma oportunidad que los demás canadienses tienen”.

Educación para la juventud indígena, acceso a la salud para esa población que tiene la mayor tasa de mortalidad infantil y la más baja expectativa de vida en el país, y vivienda con agua potable, dijo Martin.

Para el Juez Rene Dessault, quien de 1991 a 1996 dirigió junto al jefe indígena George Erasmus la Comisión Real sobre los Pueblos Indígenas (CRPI), las disculpas presentadas por el primer ministro “son un paso más del proceso de reconocimiento de lo que se hizo a los indígenas”.

El profesor Jean-François Savard, de la Universidad de Montreal, recordó el jueves que el pedido de disculpas “no cierra el libro sino es una parte más de un proceso de reconocimiento”.

La CRPI constató que al sustraer a los niños de sus familias y comunidades se les provocó muchos daños a la percepción de sí mismos y a su identidad, a su concepción de la familia, y a sus relaciones familiares.

También a “la transferencia intergeneracional de conocimientos y tradiciones, y al concepto básico de confianza y respeto por los otros, al cual todas las personas deben recurrir para construir relaciones de amor y comunidades saludables”.

Como constató la CRPI (1991-1996) en su informe de 35 mil páginas y 444 recomendaciones, esos pensionados fueron parte de “algunas de las peores formas de la colonización” junto al sistema de reservas que sigue existiendo.

Además de maltratos y miles de muertes prematuras -por violencia, desnutrición y enfermedades curables-, esos pensionados crearon una ruptura en la cultura de los indígenas que explica la inadaptación social que actualmente causa estragos en esas comunidades.

Esa “aculturación”, como la designan los antropólogos, llevó a muchos de los problemas actuales en las comunidades indígenas, como alcoholismo, drogas, suicidio, pérdida de respeto de la familia y los ancianos, y de su cultura tradicional, y el “respeto a sí mismo”.

“Los gobiernos tradicionales de los pueblos indígenas fueron desestabilizados, generaciones de niños fueron forzados en los pensionados o dados para su adopción fuera de sus culturas, muchas comunidades indígenas fueron relocalizadas”, citó el informe de CRPI.

Esta Comisión constató que tierras que habían sido separadas para los indígenas, según los Tratados firmados entre indígenas y la potencia colonial británica, les fueron quitadas.

Estos pensionados administrados por la Iglesia Unida de Canadá existieron hasta los años 60 del siglo pasado. Su objetivo, como subraya la declaración del primer ministro Harper, era “asimilar” a los indígenas a la sociedad blanca mediante la eliminación de su identidad cultural.

Según el acuerdo de noviembre del 2005, al cual suscribieron las Primeras Naciones, el gobierno canadiense y las órdenes religiosas responsables de los pensionados no podrán ser proseguidos en justicia, salvo en casos en que haya habido agresión física o sexual.

A partir de 1997, gracias al informe de la CRPI, unos 12 mil indígenas emprendieron acciones judiciales por agresiones físicas y abusos sexuales contra las órdenes religiosas que dirigían esos pensionados y el gobierno de Canadá.

La Corte Suprema canadiense, en octubre de 2005, impuso al gobierno canadiense el 75 por ciento de los gastos por las indemnizaciones, y el 25 por ciento restante a la Iglesia Unida de Canadá, responsable de los pensionados.

Muchos indígenas recibieron este pedido de disculpas con gran emoción y el sentimiento de que por fin se puede empezar a cerrar un “triste capítulo” de la historia, como dijo Harper, aunque todos dicen que “llegó demasiado tarde”.

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