Purga en pandillas salvadoreñas demuestra su ascendente nivel de violencia

SAN SALVADOR (AFP) – El asesinato el martes de cinco pandilleros de la llamada “Mara 18” por sus mismos compañeros, en el interior de un presidio de El Salvador, demostró un “ascendente” nivel de violencia en la pugna por el liderazgo de esos grupos, en los que la desobediencia se paga con la muerte, estimaron este jueves los expertos.

“Lo que está sucediendo es que tenemos un nivel ascendente de violencia que puede tener distintas razones y que les está llevando a castigar con medidas extremas como el asesinato”, declaró a la AFP el director del Consejo Nacional de Seguridad Pública (CNSP), Oscar Bonilla.

Uno de los fiscales que participa en la investigación del múltiple asesinato y que prefirió el anonimato comentó a la prensa que tienen “que investigar si existe alguna especie de diferencias dentro de la estructura de la pandilla por cuestiones de liderazgo”.

El martes, dentro del centro Penal de Cojutepeque, 35 km al este de San Salvador, cinco reclusos de la pandilla conocida como “Mara 18” fueron asesinados por sus propios compañeros con sábanas y cordeles de nylon.

Tras el incidente las autoridades declararon el “Estado de emergencia” durante 15 días en el recinto penitenciario.

Con el caso de Cojutepeque, suman ya 19 los pandilleros asesinados al interior de las cárceles en lo que va del año.

Según Bonilla, la muerte de los reclusos puede estar fundamentada en que “no respetaron el régimen interno; querían rehabilitarse o por sospecha de que podían estar cooperando con las autoridades y por eso les aplicaron la medida extrema”.

En virtud de que los mandos de las pandillas están en las cárceles, en las calles y barrios donde operan otros miembros de esas agrupaciones existe una especie de rebelión, por lo que adoptan medidas para “generar temor hacia el mando”, insistió Bonilla.

“En la medida que el liderazgo más viejo se encuentra en prisiones, entonces hay una especie de rebelión en la calle. Lo que está sucediendo realmente es una disputa al interior de las pandillas porque quieren mantener el control desde la cárcel que antes mantenían en la calle”, subrayó el director del CNSP.

Otra de las posibles causas de las purgas es por la disputa de terreno para instaurar el “narcomenudeo” con fines de obtener una mayor rentabilidad.

El director de Centros Penales, coronel Gilber Cáceres, reconoció que no existe un control total sobre la población reclusa e indicó que “es díficil tener el control de todos los internos, los custodios no pueden ver todo lo que ellos hacen en los sectores”.

En las 20 cárceles de El Salvador hay poco más de 17.000 reclusos, aunque la capacidad instalada es para 7.300, por lo que las autoridades buscan resolver el problema de hacinamiento con la construcción de nuevas cárceles.

Del total de reclusos, un poco más de 5.000 son miembros de pandillas.

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