Regreso del “padre” Lugo causa fervor casi religioso en poblado de Ecuador

ECHEANDIA, Ecuador (AFP) – Durante su paso por Echeandía, el entonces sacerdote y ahora presidente electo paraguayo Fernando Lugo no se cortaba el pelo ni hablaba de política, jugaba mal al fútbol y se fotografiaba con todos, y esas imágenes hoy se reproducen y se comentan casi con fervor religioso a pocos días de su regreso.

El “padre Fernando”, como todavía lo llaman en este poblado ecuatoriano pese a que con el tiempo se hizo obispo y hace apenas unos meses fue electo presidente de Paraguay, prevé volver por unas horas el lunes a la zona donde estuvo cumpliendo su primera misión religiosa a finales de los setenta.

Entonces era un hombre que sobresalía por su estatura, calzaba sandalias, tocaba la guitarra, se dejaba crecer el pelo y la barba y cada tanto se calaba una boina o una gorra. Y por su tamaño la sotana le llegaba hasta las rodillas, recuerdan entre risas sus ex alumnos y compañeros de misión.

“El no hablaba de política, sólo me decía, siempre sonreído y humilde: Ahora soy sacerdote, luego obispo y después presidente, y, mire, sus pensamientos se hicieron realidad”, evoca Carmen Michelo, la mujer que lo atendió durante cuatro años en el convento de Echeandía (a 160 km al suroeste de Quito).

La anciana de 77 años repasa los momentos al lado del “padre Fernando” y aun cuando tuvo una relación de confianza con Lugo, suelta carcajadas nerviosas mientras piensa en que a su mesa se sentarán él y el mandatario ecuatoriano, Rafael Correa.

“Fuera mejor (verlo) a solas, pero si viene con el presidente Correa habrá que recibirlos. Tengo el orgullo de que los dos estarán aquí. Me siento feliz”, afirma en diálogo con la AFP sosteniendo tres fotografías de un Lugo joven, con más parecido a un revolucionario barbudo que a un cura cristiano.

Y como esas imágenes hay muchas circulando en Echeandía, en la provincia andina de Bolívar, de unos 13.000 habitantes y con rezagos de subdesarrollo, donde las fotografías de Lugo pasan de mano en mano como si se trataran de estampitas de un santo.

Desde el futbolista con cortos parado en la raya de una cancha polvorienta, pasando por la de un sacerdote con la sotana alta, hasta la de un Lugo con gorra azul volteada, pantalones embutidos en calcetines negros y escopeta de caza.

“Como futbolista era bien malito, un paquete como decimos acá, pero por su tamaño servía como defensa”, declara Jorge Viscarra, uno de sus ex colaboradores.

Las fotografías del mandatario electo de Paraguay -que juramentará al cargo el 15 de agosto- también van de casa en casa. La mayoría son reproducciones a color sobre las que se habla o fantasea en las esquinas a sorbo de cerveza.

Pero pocos lo trataron con la cercanía de Carmen Michelo, quien incluso tiene recuerdos únicos de un Lugo durmiendo sobre una tabla de madera ante el tamaño infantil de las camas del convento.

Según la mujer, nunca se confesó con él y más bien era el padre Fernando el que le compartía sus recuerdos de un Paraguay pobre y con muchos indígenas.

“Ojalá Dios quiera que él sepa gobernar bien su país, yo no sé mucho de Paraguay. Sí sé que es un país pobre, pero él sabe luchar por los pobres. Eso fue lo que siempre hizo en Ecuador”, comenta.

Carmen rehúsa pensar en un pedido para los presidentes que estarán sentados a su mesa y aun no sabe si irá a Paraguay a la toma de posesión del primer obispo presidente de Sudamérica.

“Yo puedo necesitar, pero pedir nada. Soy pobre, pero a él no voy a decirle déme tal cosa. Peor a Rafal Correa. Y si pudiera tenerles mejores cosas, lo hiciera, porque uno no se imagina lo que se merecen ellos”, añade.

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