Descubren otra osamenta del Pleistoceno en la Riviera Maya.

México.- El descubrimiento de una osamenta en una caverna sumergida, en Quintana Roo, representa una pieza importante del rompecabezas sobre la presencia del hombre temprano en América y en lo que hoy es el sureste mexicano.

Lo anterior lo informó el biólogo Arturo González, director del proyecto Estudio de los grupos humanos precerámicos de la costa oriental de Quintana Roo, a través del registro sistemático de las evidencias en los contextos de cuevas actualmente inundadas.

Junto con la arqueóloga Carmen Rojas, del Centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en ese estado, González opinó que el rescate de este esqueleto significa un importante desafío para el equipo interdisciplinario de investigadores reunido bajo la iniciativa del INAH.

El hallazgo estuvo a cargo de miembros de la Quintana Roo Espeleological Survey (QRSS), en la cual participa el espeleobuzo Robbie Smiters, colaborador del proyecto.

La QRSS fue fundada y es dirigida por James Coke, quien descubrió entre 2003 y 2005 otros tres esqueletos de la Edad del Hielo, en distintas cavernas inundadas de la Riviera Maya.

Localizada a 500 metros de la entrada de la caverna, en una condición extremadamente frágil, “la osamenta recientemente descubierta deberá ser minuciosamente registrada in situ, antes de su colecta del lecho rocoso inundado, este proceso se extenderá a lo largo de numerosas inmersiones que llevarán más de un año”, indicó González.

El esqueleto en cuestión conserva además 10 dientes, los que ofrecen la posibilidad de su datación e, inclusive, obtener información -mediante pruebas de Carbono 13- acerca de la dieta que mantuvo el individuo. “El carbono 13 nos servirá para entender si la dieta de estas personas estaba compuesta de elementos marinos o de mamíferos terrestres, como mastodontes y camellos”, adujo.

El también director del Museo del Desierto, en Coahuila, explicó que este hallazgo se suma al de los otros tres esqueletos antes mencionados y juntos componen la colección más completa de osamentas de la Era del Hielo que se tiene para México, y una de las de mayor antigüedad para todo el Continente.

Las dataciones asignadas a estos esqueletos oscilan entre los 8 mil y 13 mil años calendáricos antes del presente.

Estas osamentas halladas en cuevas sumergidas de Quintana Roo, son similares en antigüedad a las otorgadas a esqueletos ubicados por el arqueólogo y antropólogo estadounidense Tom Dillehay, en el sur de Chile; así como a otros descubiertos en el norte de Estados Unidos y Alaska.

“Pareciera que los hombres aparecen en el Continente Americano al mismo tiempo, lo que no puede ser posible”, explicó.

“Lo importante, es que estos descubrimientos nos enseñan que la historia del hombre en América está muy lejos de comprenderse a cabalidad. Las evidencias encontradas por nuestro equipo de investigadores hacen que se replanteen las teorías más aceptadas hasta el momento sobre cómo, por dónde y cuándo, se dio el poblamiento del Continente Americano”, expresó González.

Una de estas teorías, refiere a migraciones de grupos solutrenses venidos de lo que hoy es Francia y la Península Ibérica, y argumenta que humanos cruzaron vía marítima por Groenlandia hacia el norte de América. Otra de ellas es la que difunde el paso de grupos del norte de Asia a través del Estrecho de Bering (la más aceptada).

Sin embargo, existe una tercera teoría que apunta a que la primera aparición del hombre en América fue de grupos polinesios, quienes arribaron al sur del Continente por medio de embarcaciones.

González destacó que otra de las incógnitas que plantea el hallazgo del último esqueleto, es su similitud con el hallado en la cueva de Naharon (correspondiente a una mujer que al momento de morir tenía entre 25 y 30 años), hasta ahora el más antiguo, fechamiento de radiocarbono realizado en Estados Unidos, ubicado en 14 mil 500 años antes del presente.

En opinión de González y del doctor Alejandro Terrazas, de la UNAM, lo que se puede afirmar hasta el momento, luego de estudios de antropología física, es que las osamentas no guardan filiación con grupos mayas y sí- con grupos del sur de Asia, específicamente, de regiones cercanas al actual territorio de India.

“Ahora, las cámaras subterráneas donde encontramos los esqueletos nos están enseñando que los hombres de la Era del Hielo seleccionaban lugares lejanos a las entradas y con características específicas, para depositar a sus muertos, lo cual no es una práctica que se conozca para estos grupos en ningún lugar de América”, manifestó.

Otro descubrimiento interesante se dio en el Sistema Sac Actun, se trata del esqueleto de un perezoso gigante de la Era del Hielo, que representa también importantes retos técnicos, debido a su lejanía, desde la entrada de la cavidad, lo que limita el tiempo para su registro y estudio in situ, obligando a tener que realizar numerosas inmersiones.

La siguiente fase de estudio de la Prehistoria de la Península de Yucatán tratará de dilucidar el por qué se consumieron camélidos (camellos) dentro de las cuevas.

“Lo que queremos es entender a estos grupos, a partir del análisis de los contextos arqueológicos que hoy están varios metros bajo el agua”, dijo.

González concluyó que estos proyectos en los cenotes y sistemas de cuevas inundados de la Península de Yucatán, iniciados hace casi una década, colocan a México como un país pionero en la realización de registros arqueológicos en sistemas subterráneos sumergidos.

Los resultados de estas investigaciones han dado la vuelta al mundo científico y han sido reseñados en prestigiadas revistas como “Nature” y “National Geographic”.

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