El argentino Ahumada, de ilegal a millonario en México.

Por Arturo Ríos Ruiz

Carlos Ahumada, argentino ilegal en México, tras conocer los rincones de la corrupción oficial, se convirtió en próspero empresario que dominó el gobierno Capitalino, hasta culminar con los famosos videos que detonaron la exhibición de lacras con piel de oveja. Se busca encarcelarlo nuevamente en el país.

El más famoso de sus “socios”, René Bejarano, un miércoles de marzo de 2004, minutos antes que Federico D”ring, entregara los videos a Víctor Trujillo, en otro canal de Televisa, el entonces diputado, hablaba de moral, ética y honestidad; fue con “Brozo” y aparecía con las maletas y los bolsillos atiborrados de billetes.

El dinero -45 mil dólares- le fue entregado el 21 de abril de 2003 y sería utilizado para la campaña electoral de la delegación Alvaro Obregón.

Carlos Ahumada representa la parte más triste de la idiosincrasia mexicana. Cómo, un oscuro extranjero, puede convertirse de la noche a la mañana en magnate, gracias la complicidad de quienes administran el poder; de otra forma no hubiera podido.

No hay delincuente que prospere, si no cuenta con el abrigo oficial.

Antecedente: en 1994, Carlos Ahumada Kurtz fue consignado al Reclusorio Oriente de la capital, como presunto responsable de delitos patrimoniales, modalidad de fraude genérico, y el 3 de agosto del mismo año salió bajo caución.

Recorramos algo de su historia: Nativo de Córdoba, Argentina, entró ilegalmente al país y a los 19 años tuvo su primera empresa, incursionó en el ramo minero en el estado de Guerrero y organizó una constructora.

Su despegue se concretó gracias a su relación sentimental con Rosario Robles en funciones como jefa del Gobierno Capitalino -a ella le agradaba el calificativo de “La Dama de Hierro”-, trascendió su relación con Ahumada y, frente a cámaras de los medios de información, explotó en llanto y lágrimas a cantos.

Gracias a jugosos contratos del gobierno Capitalino nació el Grupo Financiero Quart, propiedad de Ahumada, que lo mismo realizaba obras importantes en la capital del país que adquiría el equipo de futbol León y el Santos, de la Laguna; y un periódico, construido en un predio que perteneció a la fábrica de trajes “Catalina”, de Carlos Cabal Peniche.

En sólo tres años, de 2000 a 2003, las empresas de Carlos Ahumada obtuvieron contratos por más de mil 500 millones de pesos en las delegaciones Alvaro Obregón, Gustavo A. Madero, Tláhuac e Iztapalapa.

Pero parece que el argentino, después de pasar un buen rato en el Reclusorio Norte, de intentar reasentarse en su país natal, aún no termina de pagar sus culpas con la sociedad mexicana y se tramita su regreso forzoso a través del recurso legal de la extradición.

Es requerido por la justicia de Guanajuato, acusado de haber vendido el equipo León en condiciones dudosas, y desde aquella entidad demandan su extradición.

Igualmente, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal hace lo suyo con la misma finalidad, para que cumpla una sentencia de cinco años, o pagar 21 millones de pesos por fraude en la Delegación Gustavo A. Madero; orden de la Sala Uno del Tribunal Superior de Justicia de la capital del país.

Este es un repaso somero de las tropelías de Ahumada, el fondo es lo más importante: cómo un vivales, que como todos los pillos debe ser muy hábil, llegó al lugar que ocupó dentro del empresariado mexicano y penetró en los círculos gubernamentales.

En este caso, fue el amor confeso por la propia Rosario Robles, ante las cámaras de televisión dijo a Joaquín López Dóriga: “Me equivoqué”, y esbozó detalles de su relación sentimental con quien en venganza, desenmascaró las transas de los cercanos a Andrés Manuel López Obrador.

Era acusada por el grupo de AMLO de haber malversado 400 millones de pesos en el Gobierno Capitalino, y sesgadamente la culpaban, con mucho de certeza, de ser la culpable de las tropelías de Ahumada, que se daba el lujo de hasta recomendar funcionarios para facilitar sus contratos.

Otro culpable fue AMLO, qui

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