El Plan “Mérida” y la guerra de Irak.

Por Rafael Alvarez Cordero

Estamos viviendo una guerra sin cuartel, una guerra muy difícil de pelear, una guerra casi imposible de ganar, pero una guerra necesaria en contra del crimen organizado, el terrorismo y el narcotráfico.

México y Estados Unidos tenemos una gigantesca frontera común; tenemos el inmenso problema de que el mayor consumidor de drogas está precisamente al norte de la frontera, y que lógicamente, el negocio de las drogas es uno de los mayores del mundo.

Cientos de miles de millones de dólares se gastan en las drogas que consumen hombres y mujeres de los Estados Unidos, adolescentes y jóvenes, y por desgracia también muchos niños.

Ya hace muchos años, cuando el presidente Eisehower tuvo una entrevista con el presidente Ruiz Cortines le dijo en tono de queja: “México es el trampolín de las drogas que llegan a Estados Unidos”, a lo que el presidente mexicano respondió, “sí, pero la alberca está en su país”, o sea que si no hubiera consumo de drogas allá, éstas no pasarían por México.

El combate ha sido desigual, lamentablemente se han diseñado planes para combatir la producción y transporte de drogas, el más conocido de los cuales es el Plan Colombia, por el que los Estados Unidos otorga cientos de millones a Colombia y ésta combate como puede a los productores y traficantes.

Después de largos meses de conversaciones entre los representantes de Estados Unidos y México, llegaron a un acuerdo llamado “Plan Mérida”, semejante al Plan Colombia, que incluye a Estados Unidos, México y países de América Central.

Pero como siempre, aparecieron los “prietitos en el arroz”; de entrada, la cantidad de dinero destinada a México es risible, menos de 400 millones de dólares; luego, esto no es en dinero, sino en armas y equipamiento.

Y tercero, y más grave, los senadores de los Estados Unidos, con esa falta de sensibilidad que los caracteriza, condicionan la entrega de esa colaboración a la verificación de honestidad, limpieza y transparencia de las acciones de policías y ejército.

­Faltaba más!, los yanquis supervisando lo que hacemos aquí, como si ellos fueran blanquísimas palomas y no hubiera corrupción y componendas entre traficantes y funcionarios.

¨Cuántos capos de la droga han sido apresados en Estados Unidos?, ¨cómo es que hay mucho ruido al transportar la droga en América Latina y en México en particular y no después no pasa nada allá en el Norte?

Pero lo más grave: piden cuentas y exigen transparencia y resultados por 400 millones de dólares, y en la guerra de Irak, en donde se gastan miles de millones de dólares cada mes, no preguntan nada, ignoran la corrupción en el suministro de equipo, en el manejo de las petroleras, en todo, ­y quieren supervisar lo que hacemos en México!

Por eso es de felicitarse que el gobierno mexicano haya puesto las cosas en claro: ni un centavo de Estados Unidos si está condicionado a “supervisión” yanqui de nuestras acciones.

Si los yanquis no vivieran inmersos en la droga, (veamos a los actorcitos y actricitas, a cantantes y deportistas, a estudiantes y empresarios, amas de casa y estrellas de cine y televisión) no habría mercado y no tendríamos que vivir la guerra de las drogas en nuestro país.

Qué bueno que se rechazó el Plan Mérida, felicitaciones al Gobierno Mexicano que, una vez más, dio muestra de dignidad y coherencia. (Notimex) (El autor es médico y escritor) [email protected]

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