Obama y Hillary.

Por Salvador Flores Llamas

Barack Obama es el candidato presidencial demócrata, Hillary Clinton reconoció su derrota, le ofreció su apoyo y pidió a su gente lo ayude a llegar a la Casa Blanca cual si se tratara de ella; persiste la incógnita de si él le ofrecerá la candidatura a vicepresidente y si ella la aceptaría.

En las atípicas primarias demócratas jugó el doble simbolismo de la primera mujer y el primer mulato con posibilidades serias de llegar a presidentes; fueron las más reñidas, entusiastas, costosas y prolongadas, y sin reducirlas a asuntos racistas y de género, fueron una batalla común por la reivindicación femenina y los derechos civiles, como no se había dado.

Tan disputadas fueron, que se definieron hasta el 3 de junio.

Implicaron también una enorme movilización de votantes, 20 debates por Tv y la incorporación del internet a las lizas políticas, que irá in crescendo, por lo que se avizora una democracia renovada.

Los demócratas gastaron mucho más que los republicanos, y McCain enfrentará la habilidad recaudadora de Barack, que acudió a miles de donantes menores, más que al gran capital, y rechazó la ayuda de los cabilderos de Washington, por ser exponentes de la gran corrupción, un punto en que radicará su propósito de cambio.

La división que la encarnizada disputa pudiera haber causado al Partido Demócrata se conjuró en parte con el respaldo de la ex primera dama al virtual abanderado, y se subsanaría del todo casi, si ambos integraran la fórmula; aunque falta ver si eso encaja en sus cálculos políticos.

Obama ganaría a la mayoría de los un mil 95l delegados que logró Hillary, muchos de los cuales habían expresado que, de no ser ella la candidata, votarían por el republicano McCain, aparte de que si él obtuvo la nominación fue por haber conquistado más de los 796 superdelegados, que no aportan votos populares directos.

Gran desafío para el afroamericano (un hijo de una blanca de Wichita y un keniano, que nació en Hawai, creció en Indonesia, estudió en Harvard, inició carrera política en Illinois, fue senador local y luego senador federal) será ganar a los latinos que lo vieron tibio en la reforma migratoria que discutió el Congreso.

En tanto, McCain la impulsó con el senador Ted Kennedy y promete tratados de libre comercio con Latinoamérica, puntos en los que Obama ha querido acercársele a últimas fechas, pero teme a los sindicatos.

Los latinos -la minoría más fuerte en EU- están con Clinton predominantemente; ella ganó con gran diferencia los estados con más población hispana (sólo en Nuevo México fue de 1 por ciento) y su voto puede ser clave.

Estados como California, Nueva York y Texas son de los que aportan más delegados al Colegio Electoral, que es el que elige al Presidente, pues en EU la elección es indirecta.

Por así entenderlo, Barack empezó a atraer a parte del equipo latino de Hillary, que dio una de las batallas electorales más duras.

Ya tiene a Antonio Villaraigosa, alcalde de Los Angeles, gran líder latino, muy identificado con su comunidad, mucho más que Bill Richardson, gobernador de Nuevo México, cuya ambición por estar en el gabinete de Obama es patente.

El colegio electoral tiene 538 miembros, y se requieren 270 para llegar a la Casa Blanca; de ahí que la campaña se centrará sobre todo en California, Nueva York, Texas, Florida, Pennsylvania, Ohio, Michigan e Illinois, que suman 226 electores, sólo 44 menos de los que decidirán la elección presidencial.

Hay muchas cábalas sobre quién ganará el 4 de noviembre, con base en elecciones anteriores; pero pueden resultar fallidas, por la presunción de que esta lid será muy diferente.

Por vez primera contiende un mulato, que además usó de maravilla el internet en las primarias y enfrenta a un republicano que carga el fardo partidista del presidente más desprestigiado de la historia.

Servirán a Barack su carisma y slogan del cambio, que atraen a jóvenes, universitarios, blancos de edad mediana y a los negros, que deberán medir su

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