Prevalece descontento entre los estadounidenses por la marcha del país

Por Rubén Barrera.

Como nunca en la historia reciente, la mayoría de los estadounidenses que irán a las urnas en noviembre próximo espera que su voto permita colocar a Estados Unidos en el camino indicado y que ello se traduzca en mejoras para su vida.

Uno tras otro, los sondeos de opinión confirman el desencanto sobre la marcha del país en niveles que no se veían desde la década de los años 70, mostrando el escepticismo de la sociedad sobre el papel de sus líderes políticos más allá de sus filiaciones ideológicas.

Si bien en los últimos años el gobierno ha buscado reafirmar la noción sobre el nivel de seguridad en el país a partir de la ausencia de nuevos atentados, tal confort, si existe en la mente del colectivo, no parece suficiente para revertir el pesimismo existente.

Ante los ojos de la mayoría, tanto demócratas y republicanos en el Congreso, como el presidente George W. Bush, son percibidos como faltos de efectividad a la hora de hacer el trabajo para el que fueron electos.

En el caso de Bush, ello se ha traducido en el nivel de aprobación más bajo para cualquier presidente en la historia de Estados Unidos.

Un sondeo conjunto del diario The Wall Street Journal y la cadena NBC, dado a conocer esta semana, mostró al mandatario con un nivel de aprobación de 28 por ciento, aunque uno anterior de la Corporación Harris lo ubicó con un apoyo de 24 por ciento.

Con estos números, Bush superó a James Carter, quien en julio de 1980 alcanzó un nivel de desaprobación de 77 por ciento.

Sin embargo, el malestar de la población no es privativo de la figura presidencial, ya que se ha extendido también al Congreso, tanto hacia demócratas como a republicanos.

Un sondeo conjunto del diario The New York Times y la cadena CBS mostró que 68 por ciento está insatisfecho con el papel cumplido por el Congreso, frente a apenas 21 por ciento que lo aprueba.

En tanto que una encuesta del Pew Research Center, divulgada el mes pasado, reveló que 76 por ciento de los estadounidenses dijo estar insatisfecho con la dirección del país.

Asimismo, un sondeo conjunto del periódico The Washington Post y la cadena ABC, divulgado hace unas semanas, estableció que 82 por ciento de los estadounidenses considera que el país se enfila en la dirección equivocada, el mayor nivel desde 1973.

Analistas coinciden en que el desencanto sobre la marcha del país y el malestar sobre la actuación de los líderes políticos se han visto exacerbados por la guerra en Irak, cuyo impopularidad crece día a día, a lo que se suman las dificultades económicas imperantes.

De manera constante durante el último año, casi dos tercios de los estadounidenses han indicado que no vale la pena continuar la guerra en Irak, mientras la confianza sobre la marcha de la economía se ha ubicado en los niveles más bajos en 10 años.

Quizás por ello Irak y la economía se colocan como los temas principales que estarán en la mente de los electores.

Una encuesta de la firma Diageo dada a conocer la semana pasada colocó ambos temas, junto con el energético, como los tres principales aspectos que los estadounidenses tomarán en consideración a la hora de votar.

Por la misma razón, Irak, la economía y el empleo, así como los altos elevados precios de las gasolinas, aparecieron como los temas que en opinión de los estadounidenses deberán ser las principales asignaturas a atacar por quien ocupe la Casa Blanca.

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