Hambre y consorcios..

Teresa Gurza / Notimex
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El alza en el precio de los alimentos, no es sólo asunto de
estadísticas y análisis para los economistas; sino que está presente
en cualquier mercado del mundo y en casi todas las mesas familiares;
porque la mayor parte de la población come hoy menos, y de menor
calidad.

Signo de la desigualdad que vivimos es el fracaso de la reciente
cumbre mundial sobre alimentos, que concluyó hace unos días en Roma;
y a la que asistieron jefes de gobierno y ministros de 193 países.

Se pensaba que esos personajes eran poderosos; pero a la hora de
la verdad, pudieron más los intereses de las grandes empresas; y por
ello, millones de agricultores de todo el mundo, pero principalmente
de los países en desarrollo, tendrán que vérselas solos frente a
quienes les venden semillas, pesticidas y abonos, a los precios que
quieren.

Lo dijo bien claro el relator especial de la ONU para el Derecho
a la Alimentación Oliver Shutter, cuando afirmó que los resultados de
la reunión son totalmente insuficientes para enfrentar el
desequilibrio de poder entre las grandes empresas del sector
agroalimentario, y los campesinos; y para parar la escalada mundial
en los precios de la comida.

Uno de los pocos logros de la cumbre, es la obligación de la FAO
de integrar un fondo de seis mil 500 millones de dólares para
reactivar la agricultura del orbe. Pero esa cantidad fue considerada
ahí mismo, no sólo insuficiente; sino totalmente ridícula.

Y lo más triste es que como consecuencia del alza en la comida,
el Banco Mundial estima que 100 millones de personas están en peligro
de regresar a índices de pobreza que creían ya superados.

Casi al mismo tiempo que iniciaba la cumbre, cables
internacionales informaban que algunas tiendas de Estados Unidos,
país que pasa por la peor crisis inflacionaria de alimentos en dos
décadas, habían empezado a limitar la venta de arroz.

Y como casi día a día se sigue disparando la demanda de este y
otros cereales, sube por consiguiente el precio de más y más
productos alimenticios.

Precisamente de toda esta situación, escribió Ricardo Becerra en
su artículo “¨Que tiene que ver Bush con la crisis alimentaria?”
publicado en el suplemento El Correo del Sur, de la Jornada Morelos.

Explica Becerra que en la crisis intervienen factores
“objetivos”, como son la nueva dinámica de clases medias en China, el
agotamiento de los grandes yacimientos petroleros en varios países
exportadores, y la creciente demanda energética de las nuevas
economías gigantes.

Pero que también hay otras causas, como las decisiones políticas
del Presidente Bush; decisiones, “que constituyen tal vez la cadena
más desastrosa y dañina para la economía del mundo, desde la segunda
guerra mundial”.

Entre esas ilegales decisiones, Becerra destaca la invasión de
Irak que provocó un desorden monetario universal y un dólar cada vez
más débil, que acaba exportando los problemas de Estados Unidos al
resto de los países.

Y añade que en parte debido a esa intervención, se
quintuplicaron en los últimos ocho años los precios del petróleo; lo
que llevó a EU, a apostar por los biocombustibles; y a producir la
mayor cantidad de maíz de su historia.

Pero eso no solucionó nada, al contrario; porque el problema,
según analiza Becerra, es que la cuarta parte de esa cosecha no fue
destinada al mercado de alimentos; sino a la producción de etanol
para el voraz mercado energético.

Y que “a eso se debe el alza en el precio del maíz; y como
consecuencia, las del pollo, huevo, bebidas de fructuosa y un largo
etcétera”.

En fin, que como concluye Becerra “la administración Bush dejará
una herencia pavorosa al mundo; y su signo más inquietante, es la
escasez de alimentos y el riesgo de hambruna en muchas partes del
mundo”.

Que bueno que ya falta poco para que se vaya. (Notimex)
(La autora es periodista mexicana radicada en Chile)

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