Detrás de los exámenes genéticos durante el embarazo

WASHINGTON, D.C. (ConCiencia) – Los hay de diversos tipos y cada uno tiene una función específica: los exámenes genéticos durante el embarazo siguen siendo efectivos en detectar posibles condiciones genéticas de un futuro bebé cuando aún está en el vientre de la madre. Sin embargo, siguen despertando controversia.

Uno de los más comunes es tal vez la amniocentesis. Durante este examen, los doctores extraen una muestra del líquido amniótico, el fluido que rodea al bebé dentro del vientre de la madre, y analizan las células del bebé que se hallan en el líquido. Estas células, a su vez, contienen la información de los cromosomas del feto, capaces de determinar si el bebé padece síndrome de Down.

“Cuando les otorgamos consejería a los padres les decimos que ellos pueden tomar sus propias decisiones”, dijo la doctora Nancy Braverman, profesora asociada del departamento de Genética Humana y Pediatría de la Universidad de McGill en Montreal.
Braverman dijo que existen diferentes tipos de exámenes genéticos para diferentes desordenes o condiciones hereditarias que los padres pueden transmitir a sus hijos a través de los genes. 

En el caso de las parejas que ya han tenido hijos con alguna enfermedad o condición genética incurable, existen exámenes específicos capaces de determinar si los futuros bebés también se verán afectados por la misma condición. 

El denominador común en todos los análisis genéticos en el feto es que los padres sean informados a tiempo sobre algún problema de salud serio que pueda existir. 

“Uno lo puede hacer por varias razones”, dijo Braverman. “La gente por lo general lo hace para interrumpir un embarazo”.

Braverman dijo que conocer de antemano algún problema serio de salud hace que los padres tomen decisiones informadas sobre el futuro del bebé. Sin embargo, es precisamente esta práctica la que desata problemas éticos, especialmente cuando la condición genética tiene tratamiento.

Esto no ocurre en el caso del Tay-Sachs, un desorden genético poco frecuente pero que se presenta con mayor regularidad en los bebés, y que no tiene ni cura ni tratamiento. Al afectar las células que conforman los nervios, los bebés que nacen con esta condición se vuelven ciegos y sordos y por lo general mueren antes de cumplir los cinco años de edad. 

“En el caso del Tay-Sachs, las probabilidades en una madre que ha tenido un hijo con esta condición son 1 en 4 de que otro de sus hijos la padezca”, dijo Braverman. “Otros desordenes [hereditarios] sí tienen tratamiento, como la fibrosis cística”.

Braverman aseguró que los exámenes genéticos no tienen como misión interrumpir un embarazo, sino informar a los padres cuanto antes sobre la salud de sus hijos. También dijo que hay muchas parejas de padres que tuvieron a sus bebés sabiendo con anticipación que sufrían de serias condiciones genéticas.

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