.Llevan el nombre de González Obregón dos calles de esta metrópoli.

México, 18 Jun (Notimex).- El “Cronista Vitalicio de la Capital
Mexicana”, Luis González Obregón, académico, historiador, escritor,
estudioso de la época virreinal en México y fundador del Liceo
Mexicano Científico y Literario, siempre es recordado por sus
compatriotas, dos calles de esta metrópoli llevan su nombre y son muy
transitadas.

Es recordado como el personaje que hizo accesible la historia a
la mayoría, volviéndola atractiva por su manera anecdótica de
referirla.

Nació en la ciudad de Guanajuato el 25 de agosto de 1865 y
falleció el 19 de junio de 1938. González Obregón estudió en la
Escuela Nacional Preparatoria de la Ciudad de México, donde fue
discípulo del célebre escritor Ignacio Manuel Altamirano, considerado
el Padre de la Literatura Mexicana, quien le despertó el interés por
el estudio de la historia de este país.

De esta forma, y gracias a su renovado espíritu académico,
González Obregón se reunió con algunos compañeros para en 1885 fundar
el Liceo Mexicano Científico y Literario.

Pronto, el erudito mexicano se haría conocer por su obra,
caracterizada por reconstruir la vida virreinal (1521-1821) en
México, reunir los antecedentes más remotos del movimiento
independentista y divulgar la historia de la Ciudad de México.

En un principio, se aficionó a la literatura costumbrista y de
ésta pasó a la historia, en la que realizó una gran cantidad de
investigaciones que posteriormente publicó en varios libros, escritos
con un estilo claro y atractivo.

Más tarde se dio a conocer con la publicación de algunos
artículos en semanarios y periódicos como “El Nacional”, en los
cuales narró anecdótas de la capital mexicana, que más tarde fueron
reunidas en su libro “México Viejo” (1891); asimismo consolidó su
fama con “Las Calles de México”, publicado en 1922.

Su fama y reconocimiento le valieron que en 1923, el gobierno
rebautizara la calle donde vivía, a la que nombraron “Luis González
Obregón” (en el Centro Histórico). Así, se convirtió en el único
mexicano que, hasta ese momento, logró ser objeto de un homenaje como
éste, en vida.

Además de numerosos prólogos y revisiones de textos antiguos, su
vasta obra comprende “Don José Joaquín Fernández de Lizardi, el
Pensador Mexicano” (1888) y “Breve noticia de los novelistas
mexicanos en el siglo XIX” (1889).

También, “El capitán Bernal Díaz del Castillo, biografía”, “Don
José Fernando Ramírez, datos biográficos”, “Reseña histórica de las
obras del desagüe del Valle de México” y “Los precursores de la
Independencia en el Siglo XIX”, entre otras.

Su copiosa labor también se tradujo con el estudio de unas
cuantas figuras del pasado, de hechos menudos y de la pintura
colorista de tipos y costumbres de la época virreinal.

También trabajó en el Museo Nacional de Antropología e Historia
y se le encomendó el cuidado de las publicaciones de la Biblioteca
Nacional, cuya historia escribió en 1910, para un año después ser
nombrado director de la Comisión Reorganizadora del Archivo General
de la Nación y más tarde director del mismo hasta 1917.

González Obregón ingresó en la Academia Mexicana de la Lengua el
26 de julio de 1914 y ocupó la silla número XI, que un tiempo ocupó
su maestro Rafael Angel de la Peña y Manuel Sánchez Mármol; el mismo
año fue designado Bibliotecario, en sustitución de Francisco Sosa.

De precaria salud, dicho personaje sufrió varias afecciones
crónicas que lo llevaron a la vejez prematura, pero su principal
desgracia consistió en la miopía progresiva, que durante los últimos
años de su vida terminó en ceguera casi completa.

Con esta condición, y después de haber vendido su rica y selecta
biblioteca, Luis González Obregón murió el 19 de junio de 1938, no
sin antes dejar un importante legado cultural para el pueblo de
México.

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