.Aún sigue vigente en México el costumbrismo de Fernández de Lizardi.

México, 20 Jun (Notimex).- El carácter costumbrista de los
trabajos del escritor y periodista mexicano José Joaquín Fernández de
Lizardi, apodado “El Pensador Mexicano”, aún tiene vigencia en este
país.

Sus novelas son consideradas como las primeras de ese género en
México. Nació el 15 de noviembre de 1776 en esta capital y murió en
ella el 21 de junio de 1827.

Sus primeros estudios los realizó en Tepotzotlán, los que
continuó en una casa-escuela de la Ciudad de México, para más tarde
ingresar en el Colegio de San Ildefonso, donde obtuvo el título de
bachiller e hizo estudios de Teología.

Como periodista y escritor, Fernández de Lizardi aprovechó la
libertad de imprenta establecida por la Constitución española de
l812, derecho que hasta el momento no se había ejercido con justicia
en la entonces Nueva España.

En 1811, el “Diario de México” publicó sus “Letrillas
satíricas”, y por uno de estos artículos es encarcelado, por orden
del Virrey Venegas.

Fernández de Lizardi fundó en 1812 el periódico “El Pensador
Mexicano”, título que usó también como seudónimo, en cuyos dos
primeros números expresó lo que representaba la libertad de imprenta.

En los siguientes números, Fernández de Lizardi se refirió a las
injusticias del gobierno virreinal, Al respecto, escribió: “Que a
pesar de los soberanos, no hay nación de las más civilizadas que haya
tenido más mal gobierno que la nuestra (y peor en la América), ni
vasallos que hayan sufrido más rigurosamente las cadenas de la
arbitrariedad”.

Avecindado en Taxco, Guerrero, Lizardi, simpatizante de la causa
insurgente, entrega a José María Morelos, a su paso por esa ciudad,
armas municiones y pólvora, motivo por el cual es detenido y
trasladado a la capital en calidad de prisionero.

Es conocido que, Fernández de Lizardi mantuvo una relación
amistosa con doña Josefa Ortiz de Domínguez, con quien comentaba
aspectos relacionados con la guerra de independencia.

En 1821 lo volvieron a encarcelar a causa del diálogo “Chamorro
y Domínguez”, y en 1823, sus ataques a la Iglesia lo llevaron a la ex
comunión.

Su obra literaria es de carácter costumbrista. Una de las
características de ella corresponde a la intención didáctica, además
de introducir un lenguaje popular, fuera de lugar en la época de
transición que le tocó vivir.

Sus obras más importantes son: “El Periquillo Sarniento” (1816),
“Noches tristes y día alegre”, “La Quijotita y su prima” (1819) y
“Don Catrín de la Fachenda” (1825).

“El pensador mexicano, en su testamento, dejó algunas Mandas a
sus deudos, con las que demuestra hasta el final de su existencia, su
sentido humorístico y a la vez sarcástico, por ejemplo:

“Mando que a la hora de mi muerte no atormenten más mi espíritu
con gritos intempestivos, jesuseos de ahorcado, llantos en la pieza,
conjuros contra diablos y otras diligencias que suelen tenerse
ensayadas para este momento final”.

“Mando que no bajen mi cuerpo de la cama al suelo, ni menos que
se me dé sepultura, sino después de las 24 horas, para evitar que el
chasco de alguna asfixia me haga parecer muerto, y vaya a acabar de
morir en el ataúd”.

“Mando que no me velen. Las veladas son inútiles a los enfermos;
pero muertos de nada sirve, sino para divertir holgazanes y tal vez
enfermar a los dolientes”.

El epitafio que él mismo compuso y que debía ser escrito en su
lápida dice: “Aquí yace El Pensador Mexicano quien hizo lo que pudo
por su patria”.

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