Obsesión por el metro ha llevado 20 veces a prisión a neoyorquino

Por Oscar Santamaría.

Nueva York.- Darius McCollum es un ciudadano fascinado con el transporte público desde siempre. Su afición desmedida por el metro y el autobús lo ha llevado una veintena de veces a la cárcel en sus 43 años de vida.

La última, la semana pasada, y como en las otras ocasiones “sólo quería echar una mano”. Quienes lo conocen dicen que es autista y que no es responsable de todos sus actos.

La noticia de su arresto pasó casi desapercibida en la Gran Manzana, aunque McCollum es un viejo conocido.

Por lo menos desde que saltó a los titulares cuando, casi 30 años atrás, fue arrestado con tan sólo 15 años por conducir un vagón de metro en plena “hora pico” en dirección al “downtown”, el centro de la ciudad, hasta donde se encontraban las Torres Gemelas.

Fue entonces cuando empezó sus andanzas, recogidas ampliamente por la prensa como si se tratara de un contra-héroe.

Durante todos estos años ha sido detenido por hacerse pasar por un trabajador de la Autoridad del Transporte Metropolitano (MTA, por sus siglas en inglés).

La más reciente fue el sábado pasado, cuando fue descubierto en la estación de metro de Columbus Circle con un uniforme de trabajador del suburbano en una zona de seguridad cerrada al público. Como en otras ocasiones, fue visto dando instrucciones a los pasajeros.

A lo largo de los años ha hecho cosas parecidas, como recoger basura de las vías o simular un incendio para poder socorrer a la gente.

Las autoridades empapelaron el metro con su fotografía a mediados de los años 90, pero aquellos que se toparon con él siempre dijeron que los trataba con cortesía y amabilidad.

Sus aventuras más sonadas fueron, por ejemplo, cuando se las ingenió para ponerse al volante de autobuses de línea o vagones de metro. Su primer “viaje” fue en 1981.

En 1997, fue detenido después de tomar un camión de la MTA, portando una identificación falsa, y recorrer las calles de la ciudad varias noches seguidas.

En 2000, McCollum tiró del freno de emergencia en el metro para acudir “al rescate” de la gente, enfundado en un uniforme de supervisor de la red de transporte.

Cuatro años más tarde, la policía lo detuvo con un chaleco de color naranja reflectante y un casco de obra haciéndose pasar por un asesor en temas de seguridad en una empresa de trenes de Long Island, entonces preguntaba cómo usar un nuevo modelo de maquinaria.

En otra ocasión trató de robar una locomotora, por lo que fue condenado a tres años de prisión tras declararse culpable.

Cuando salió del correccional de Sing Sing, al norte de Nueva York, en 2006, fue encerrado de nuevo por violar la libertad condicional por tener en posesión material propiedad de la compañía estatal de trenes.

El sábado pasado, la policía lo encontró en una zona de seguridad del metro, con la típica camiseta y pantalón azul, guantes y una linterna, todo con el logo de la MTA.

En un bolsillo tenía “papeles con información sobre el sistema de transporte”. En esta ocasión ha sido acusado de hacerse pasar por un funcionario público y por ingresar en un área reservada.

En un comunicado, los responsables del metro agradecieron a los agentes su labor porque, señalaron, “no es difícil imaginar cuánto daño hubiera podido causar alguien haciéndose pasar por un trabajador de la red del metro”.

Quienes lo conocen dicen que padece el síndrome de Asperger, una forma de autismo que se manifiesta por un comportamiento obsesivo.

En 2003, una compañía de teatro de Manhattan presentó en el festival de Edimburgo una obra titulada “Un chico roba un tren” que tenía como objetivo “denunciar un sistema judicial que se niega a reconocer la condición de Darius”, según recordó esta semana la prensa local.

Uno de sus abogados argumentó que su cliente tiene sus facultades mentales trastornadas y que no es del todo responsable de sus actos.

“Yo no estoy loco”, dijo McCollum a The New York Times en una entrevista que le hizo cuando estaba en la cárcel de Rikers Isla

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