Caminan como dos viejos amigos aún si a todo Vaticano. no le gusta.

Por Andrea Tornielli

Lo que sucedió la mañana del viernes pasado en el Vaticano fue verdaderamente histórico. El Papa quiso acoger personalmente al presidente George W. Bush, quien estaba cumpliendo su última visita por Europa como jefe del gobierno de los Estados Unidos, de una forma totalmente diferente al protocolo que se sigue con otros jefes de Estado.

Bush no fue recibido en la Biblioteca papal. El mismo Ratzinger fue a esperarlo fuera de la vieja Torre de San Juan, antigua residencia en los jardines vaticanos. Después del coloquio, de una media hora, el Papa y George W. subieron a la torre, para apreciar desde la altura el paisaje de Roma (lo que no estaba previsto).

Intercambiaron regalos y resulta que cada uno -Benedicto XVI y Bush- pensaron en obsequios similares: el Papa regaló una foto suya, autografiada, tomada durante su estancia en la Casa Blanca, mientras cumplía su visita por América en abril pasado.

El presidente le regaló un libro, con las mejores fotografías de la misma visita. Los dos juntos, Ratzinger y Bush, pasearon por los jardines como viejos amigos.

El Papa explicaba al presidente algunas cosas: se detuvieron frente a la gran campana del Jubileo, y llegaron a la gruta de Lourdes, una réplica perfecta de la francesa, donde el Coro de la Capilla Sixtina interpretó cantos religiosos, mientras Benedicto XVI, Bush y su esposa tomaban asiento.

El Centro Televisivo Vaticano -la Tv del Papa- transmitió todas estas imágenes. Es decir que esa atmósfera de gran amistad que se manifestó, se quería que se pudiera notar en el mundo.

Es claro que la voluntad de Ratzinger fue agradecer a Bush, lo que hizo al acogerlo en su visita de abril pasado. Sobre todo al recibirlo en la Casa Blanca, con un afecto que nunca se vio hacia otros líderes espirituales.

De hecho, hacia el final de su mandato presidencial Bush está demostrando atención particular hacia la Iglesia católica, y sobre todo para este Papa. El aprecio manifestado ese viernes en el Vaticano tiene su razón y su fundamento, sobre todo agradecer cómo el presidente recibió al Papa.

Pero hay otra señal importante. Como se lee en la nota final de la Sala de Prensa de la Santa Sede, el Papa y Bush están de acuerdo en la defensa de los valores humanos fundamentales:

No es un misterio que entre el Vaticano y los Estados Unidos, bajo la actual presidencia, se formó una “sagrada alianza” para la defensa de la vida.

No debemos olvidar que, en el frente internacional, en Medio Oriente, la política de Bush fue una de las más devastadoras de la historia, con aquella absurda guerra contra Irak y que la Santa Sede y el Papa Juan Pablo II hicieron todo lo posible para evitarla o por lo menos retrasarla, sin ser escuchados.

Pero ahora que la guerra se hizo y se demostró la razón en la postura de la Santa Sede, ahora que Irak se parece más al Vietnam de los años setenta que a una democracia de modelo europeo, el Vaticano sabe que los intereses -pacificar el área, tutelar a las minorías cristianas- coinciden.

Espera que en esta fase final de su presidencia, Bush, como jefe de la Casa Blanca, se empeñe por hacer algo en Medio Oriente y sobre todo en la Tierra sagrada que pueda dejar un buen recuerdo. Una acción concreta por la paz.

Esta es la razón de que el presidente haya sido acogido de esta manera en el Vaticano. Aún si hay quienes pensaron que la señal hacia el mundo era de “demasiada amistad” con un líder criticado y criticable como Bush sobre todo por su fracturada política internacional. (Notimex) (El autor es periodista italiano y vaticanista)

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