.Intentan hijas de Marechal recuperar las pertenencias de su padre . Buen número de bibliotecas en Argentina llevan su nombre.

México, 25 Jun (Notimex).- A pesar de que han pasado 38 años
desde la muerte del prolífico autor argentino Leopoldo Marechal, sus
hijas María de los Angeles y María Magdalena siguen intentando, en
vano, recuperar las pertenencias de su padre.

Desde su fallecimiento, el 26 de junio de 1970, sus únicas
herederas se han mantenido en pie de lucha por recobrar lo que
perteneció a su padre: cartas, premios, fotografías e incontables
manuscritos, los cuales conserva Juana Elvia Rosbaco, pareja
sentimental del escritor al momento de su muerte.

Leopoldo Marechal nació el 11 de julio de 1900 en la ciudad de
Buenos Aires, siendo sus padres Alberto Marechal (uruguayo de
ascendencia francesa) y Lorenza Beloqui (argentina de ascendencia
vasca).

De pequeño, las autoridades educativas le impidieron inscribirse
en secundaria por no tener la edad reglamentaria, aunque después, en
1916, logró ingresar al Instituto “Mariano Acosta”.

Su padre falleció tres años después víctima de una fiebre mal
curada, pues siempre se negó a perder una jornada de trabajo. Fue
entonces que la familia Marechal enfrentó un difícil trance, pues no
existían leyes sociales que ampararan a los trabajadores y mucho
menos a sus familiares.

De común acuerdo, la familia resolvió que Leopoldo siguiera
estudiando. Al poco tiempo ingresó en la Biblioteca Popular Alberdi
como bibliotecario y además se desempeñó como maestro.

En 1922 publicó su primer libro de poemas titulado “Los
Aguiluchos”, siendo ahí que inició su vida bohemia, junto con su
amigo Horacio Schiavo y otros más.

Se conectó con la revista “Proa”, en 1923, dirigida por Ricardo
Güiraldes y Jorge Luis Borges. Su segundo libro de poemas fue
“Quema”; después se convirtió en un activista del movimiento
vanguardista argentino.

Participó en 1925 en el movimiento “Martin Fierro” con
Güiraldes, Borges, Girondo, Fernández, Olivari, Molinari y otros,
desde allí polemizó con Lugones por el empleo del verso libre.

Sigue
Intentan hijas. dos,,, libre.

Leal, recto, patriota, desinteresado y creyente profundo,
mantuvo un interés activo en la felicidad de su pueblo y de los
pueblos. Sus inclinaciones políticas le depararon adversarios, pero
aún ellos, respetan hoy su memoria.

Más tarde, su madre y hermanas le ayudaron a ahorrar para hacer
un viaje a Europa y en 1926, una vez publicado su libro “Días como
flechas”, viajó a España y entabló relación con escritores de la
Gaceta Literaria.

Se trasladó a París donde se reunió con varios artistas
plásticos y poetas argentinos amigos como José Fioravanti, Francisco
Luis Bernárdez, Antonio Vallejo y Jacobo Fijman.

Viajó por segunda vez a Europa, lugar donde vivió la bohemia de
Montparnasse, releyó epopeyas clásicas y se dedicó a estudiar las
líneas filosóficas Platón-San Agustín y de Aristóteles-Santo Tomás.

Su familia le comunicó el haber ganado el Primer Premio
Municipal de Poesía por su libro “Odas para el hombre y la mujer”, lo
cual festejó alegremente con sus amigos en París.

En 1931, ya en Argentina, continuó escribiendo su novela “Adán
Buenosayres” que había iniciado en París y luego conoció a María
Zoraida Barreiro, joven profesora de letras con la que contrajo
matrimonio en 1934.

Continuó con su tarea docente y editó “Laberinto de amor” (1936)
y “Poemas australes” (1937), con los que ganó el tercer Premio
Nacional de Poesía.

A estos le siguieron “Historia de la Calle Corrientes” (1937),
“Descenso y ascenso del alma por la belleza” (1939) y “El niño Dios”
(]940). “Con el Centauro” y “Sonetos a Sophia” (1940) recibió el
Primer Premio Nacional de Poesía.

En 1943 se editó la obra “Vida de Santa Rosa de Lima”. Al año
siguiente, Ignacio Braulio Anzoátegui lo invitó a colaborar en la
Secretaría Nacional de Cultura. Su obra poética empezó a reeditarse
en versiones antológicas, tales como “La rosa en la balanza” (1944) y
“El viaje de la primavera” (1945).

En plena juventud, en 1

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