Kadhafi vs la paz y el desarrollo mediterráneo.

Por Federico Muggenburg.

El esfuerzo de Nicolás Sarkozy, presidente de Francia, por “reflotar” el proyecto de la Unión Europea -configurada actualmente por 27 naciones, con más de “500 millones de consumidores”- a partir de que asuma la presidencia semestral y rotativa de dicha entidad el próximo mes, incluye el relanzamiento en París, el 13 de julio, del proyecto sobre la “Unión por el Mediterráneo”, que propusiera apenas asumió la presidencia francesa.

Dicho proyecto implicaba originalmente sólo a los países de la cuenca mediterránea, pero, luego fue modificado por exigencia de Alemania y posteriormente de otros integrantes de la Unión Europea, que desean participar directamente por los múltiples intereses geopolíticos, económicos y energéticos que están en juego. Y con mayor razón ahora, debido al resultado negativo del referéndum irlandés, rechazando el “Tratado de Lisboa”, explicado por el secretario francés de Asuntos Europeos como “una dicotomía importante de criterios entre las preocupaciones del corto plazo y la estrategia en mediano plazo, de la Unión”.

Esto perturba y detiene de nuevo el proyecto europeo, como ocurrió cuando Francia y Holanda rechazaron el “Tratado Constitucional”, apenas hace tres años. El pasado 10 de junio, Kadhafi -hasta hace poco afamado líder terrorista, pero hoy aparentemente “pacifista” arrepentido- convocó en Trípoli, a los jefes políticos del Magreb y algunos anexos. Ahí estuvieron los presidentes de Argelia, Túnez, Mauritania, Siria y el primer ministro de Marruecos, (el presidente de Egipto optó por no asistir), para hacer alarde de “su liderazgo”, aparentando preservar “la unidad árabe y africana”.

Lanzó un incendiario discurso en contra del proyecto de Sarkozy, diciendo: “Somos de los países miembros de la Liga Arabe y de la Unión Africana y no tomaremos en ningún caso el riesgo de destruir la unidad árabe o africana. Es necesario que nuestros socios europeos lo comprendan bien.

“La Unión Europea cuida su unidad y rechaza su división y la iniciativa de nuestro querido amigo (­¨?!) Sarkozy ha sido rechazada firmemente por Europa. La Liga Arabe no acepta dispersar más sus filas y la destrucción de su unidad”. Además, añadió con fuerza: “El proyecto tiene un afán de lucro, una suerte de humillación. Nosotros no somos ni muertos de hambre, ni perros para que ellos nos avienten huesos”. (sic) La reunión terminó sin una declaración de conjunto. Sin embargo, está claro que para los países del Magreb la invitación y confirmación de la asistencia de Israel es bastante incómoda e indeseable, así como la posición de Turquía, que desearía consolidar su proyecto de integración más rápida con la Unión Europea.

Para Sarkozy el objetivo deseable en este proyecto es: “Salir del ciclo infernal de la venganza y del odio” -referido al no resuelto conflicto palestino israelí-, parodiando de paso a los llamados “Padres Fundadores de Europa”, encabezados por Valery Giscard d”Estainge.

Desde luego que no puede dejar de suponerse una dosis de “buena voluntad y buena intención” de Sarkozy, a favor de la paz y la justicia, procurando el genuino desarrollo de Africa. La historia de Francia y de los otros “viejos imperios europeos” tienen graves responsabilidades y pecados que purgar. Pero cierta concepción intrascendente de la vida, la ruptura cultural que implic

ó el mayo de 68 con sus lemas falsos que anticiparon la actual dictadura del relativismo. Ahí está la limitada concepción de la Unión Europea, como “un mercado de 500 millones de consumidores”, cuando podían haber dicho, al menos, “de 500 millones de ciudadanos”, o de “170 millones de familias a ser fortalecidas”, con el desarrollo de la “perspectiva de familia”. Todo ello, más los efectos de la saturación de los mercados europeos, el bajo crecimiento económico, la baja de productividad y la pérdida de competitividad, la disminución del crecimiento poblacional.

Están el peso de las jubilaciones y los beneficios de los retiros, en muchos casos a

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