En marcha estrategias contra los ataques de asma

Personal médico del Hospital Adventista de Takoma Park analizó en grupos de estudio el caso hipotético de Jocelyn, una niña de 6 años que el año pasado asistió tres veces a la sala de emegencias por ataques de asma.

Durante los 45 minutos que duró el estudio el miércoles, salieron a la luz algunas anormalidades que suceden constantemente, en particular en una sala de emergencias, sin que el personal médico se de por enterado.

“Permanecí de pie viendo como el médico y la enfermera se hacían cargo de mi hija, pero nadie me explicó lo que estaba sucediendo. Solo puedo recordar que alguien me dijo que su pulso estaba muy rápido y que tenían que extraerle una muestra de sangre”, relató la madre de Jocelyn, según el estudio.

Más tarde una enfermera le comunicó a la madre que pequeña no mostraba mejoría y que se tenía que quedar interna en el hospital.

“El doctor no conversó nada conmigo, solamente habló con la enfermera”, se lamentó la madre y agregó que cuando ella y su hija salieron del hospital le dieron una bombita con una máquina para que la usara en su casa (un nebulizador).

“Ellos me preguntaron que si yo había usado antes una bomba de ese tipo y les respondí que sí, y entonces me la dieron. También me indicaron que tenía que llevar a mi hija a su médico personal en los próximos tres días”, apuntó.

Aunque el caso aparentemente es hipotético para Marcos Pesquera, director ejecutivo del Centro para Disparidades en la Salud del Hospital Adventista, el caso de Jocelyn es un ejemplo de la vida real.

“Entre el médico y el paciente tiene que haber una comunicación culturalmente aceptable para que no queden dudas como en el caso de esa madre”, señaló Pesquera.

Pesquera no está de acuerdo que los familiares cercanos de un paciente sean los traductores, ya que por motivos de sensibilidad algunas veces le causan más daño al paciente, al esconder u omitir información valiosa.

Al finalizar el estudio hubo tres preguntas que respondieron los grupos de trabajo. Dos de ellas tuvieron que ver con la falta de comunicación adecuada entre el médico, las enfermeras y el paciente.

La tercera pregunta estaba relacionada con el tipo de medicamentos que se debía de recetar para ayudar a Jocelyn y su madre a controlar el asma. Varios se inclinaron por la “menos costosa”.

“Los médicos y enfermeras tienen que actualizarse con lo que recomiendan las guías del Instituto del Pulmón”, sugirió el médico Luis Rolando Aguirre, coordinador de programas contra el asma de del Departamento de Salud y Servicios Humanos del condado de Montgomery.

“Es muy importante reconocer que el asma es una enfermedad crónica y se deben evitar los factores que la ocasionan”, recomendó Aguirre.

El estudio contó con el auspicio de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Maryland, la Iniciativa Latina de Salud y el Hospital Adventista.

Datos de interés
El asma es una enfermedad en la que se inflaman las vías respiratorias de los pulmones y reaccionan fácilmente a ciertos factores como los virus, el humo, el polvo, el moho, el pelo de los animales, las cucarachas o el polen. Las vías respiratorias inflamadas se estrechan y se dificulta la respiración.

¿Cómo se diagnostica y trata el asma?
Es posible diagnosticar el asma con estas pruebas: espirometría (mide cuán abiertas están las vías respiratorias); radiografía del pecho (examina la condición de los pulmones); y el electrocardiograma (observa si una enfermedad cardiaca está provocando sus síntomas). Aunque el asma no tiene cura, sí puede ser controlado.

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