Es la poesía la imaginería verbal al servicio de los sentidos: Huerta.

* Sostuvo que escribir es una pasión que heredó y la poesía la tiene tatuada a la piel.

México, 27 Jun (Notimex).- El poeta David Huerta (Ciudad de
México, 1949), que desde 1993 forma parte del Sistema Nacional de
Creadores de Arte, aseveró que tiene muy presente la figura paterna
que le heredó el gusto por la literatura, la pasión por escribir y
que desde joven tenga la poesía tatuada en la piel.

Hijo de Efraín Huerta (1914-1982), “El Cocodrilo”, uno de los
poetas más reconocidos de México, cuyos versos se caracterizaban por
ir en contra de los establecido, David evocó a su padre como un
hombre que mantenía constante comunicación con su familia; charlas
que los enriquecieron a todos.

La poesía de David Huerta desata, mezcla, rompe y construye la
imaginería verbal para ponerla al servicio de los sentidos. A veces
es desbordada, llena de recursos y figuras lingüísticas; otras,
concisa y habla de las cosas inmediatas.

En 2006, recibió el Premio Xavier Villaurrutia. Ha sabido hacer
de la imaginación y del carácter gráfico de las letras sus
herramientas más provechosas.

Confesó que para él la poesía ha sido una obsesión que se lleva
en la piel. De niño, recordó, miraba a su padre hacer dibujos y
construir poemas, y poco tiempo después en él comenzó a crecer la
vena poética.

Entonces, dijo, escribía sin disciplina y con cualquier recurso
disponible: versificaba en el pensamiento, aprendiendo de memoria,
corrigiendo una y otra vez; a mano, escribiendo en tarjetas,
servilletas, cuadernos; en su máquina de escribir o en una ajena;
dictando a una grabadora.

El autor de “Cuadernos de noviembre” (1976), “Huellas del
civilizado” (1977) y “Versión” (1978) reveló que comenzó a hacer
poesía por “el gusto por la lectura y el lenguaje.

“Las palabras que por su sola sonoridad nos atraen van dando la
pauta de la inclinación por la escritura, como una plasmación del
pensamiento por medio de caracteres gráficos”, añadió al aceptar que
así se interesó en los sonidos que producen las palabras al
pronunciarse.

Hoy, comentó, persiste en un juego infantil, su primer
acercamiento a la construcción poética: propone a sus amigos
elaborar una lista con las 10 palabras más bonitas y más feas que
conozcan, para después mezclarlas, analizarlas, descubrir cuantos
sustantivos, adjetivos y verbos se utilizaron.

Respecto a las influencias que marcan su obra poética, David
expuso que van desde Sor Juana Inés de la Cruz hasta Antonio Deltoro,
y todo lo que quepa en medio, vates a los que relee constantemente
para, “como el minero, encontrar nuevas vetas y caminos sin explorar,
que me hacen continuar por otros lugares”.

En resumen, consintió en que su poesía está enraizada en la más
acendrada tradición poética de la lengua española, que con su voz se
renueva y que recupera la fuerza de las imágenes, en una escritura
que mucho le debe a la obra de José Lezama Lima y su percepción de
que el artista lírico es el amateur de todas las cosas.

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