Concluye el XII Festival Internacional de Piano “En Blanco y Negro”.

* Ofreció Jorge Federico Osorio obras de Prokófiev, Chopin y Debussy.

México, 29 Jun (Notimex).- Un concierto magistral ejecutado por
el mexicano Jorge Federico Osorio, basado en obras de Prokófiev,
Chopin y Debussy puso fin a la XII edición del Festival Internacional
de Piano “En Blanco y Negro”.

Durante 90 minutos, el pianista mexicano de talla internacional
se descubrió, otra vez, como el artista de altos vuelos que es, como
lo miran en Nueva York, Londres y muchas ciudades cosmopolitas
alrededor del mundo.

Lo anterior se realizó la noche de este sábado, en el Auditorio
Blas Galindo, del Centro Nacional de las Artes (Cenart), ante un
público exigente y ávido de comprobar que los 150 pesos que pagó por
cada localidad valieron la pena.

Osorio justificó cada elogio, y cada aplauso que se le prodigó.
Además de ser poseedor de una depurada técnica interpretativa; el
maestro toca “bonito” en sus movimientos y su expresión corporal al
interpretar cada nota y cada tema.

Chopin fue cómplice del pianista durante la noche de ayer,
porque compositor uno e intérprete el otro, hicieron una dupla que
puso en relieve las cualidades artísticas de Osorio y su placer, al
tratar al teclado con brillantez deslumbrante.

Con fuerza y pasión, con delicadeza y sutilmente, atacó las
notas rápidas y repetidas de Prokófiev, y con excepcional elegancia
de exótico clasicismo supo ofrecer una colosal forma de conocer la
esencia de la obra de Debussy.

El lado romántico y pintoresco de cada autor, el júbilo que
emanan algunas de las obras seleccionadas para la clausura del
festival, el repertorio notablemente interpretado, con energía
pegajosa creó una atmósfera de alcances hipnóticos.

Los Preludios de Debussy, que requirieron de Osorio una
considerable imaginación, para los timbres tenues, le demandaron
también una vívida caracterización. Piano y pianista fueron un mismo
ente en blanco y negro.

De vez en vez, el vigoroso temperamento de Osorio lo impulsó a
apartarse de las melodías, a abandonar el “al pie de la letra”, para
ser él mismo creador de cada interpretación, lo que el público supo
apreciar.

Esa grandeza del mexicano Osorio opacó las nimiedades técnicas
que, en todos los conciertos de todo el mundo y en todos los tiempos,
nunca faltan. Poca cosa fueron en el Blas Galindo, ante la frescura
de las interpretaciones.

Desde hace tiempo Osorio radica en Londres, por considerarlo un
lugar conveniente para desplazarse a cualquier parte de Europa, donde
ofrece el grueso de sus presentaciones.

Nació en la Ciudad de México y estudió en los conservatorios de
México, París y Moscú. También ha participado en los cursos
impartidos por Wilhelm Kempff en Positano, Italia, lo que lo ha
colocado en el escaparate mundial.

Actúa frecuentemente con las principales orquestas de México y
toca como solista con algunas de las mejores del mundo, dirigido por
Haitink, Tennstedt, Kitayenko, Herrera, Mata, Diemecke, Maazel, Bátiz
y Pablo Pérez, entre otros.

Su celebrada discografía incluye los cinco conciertos para piano
y orquesta de Beethoven, así como obras de Brahms, Mozart, Schumann,
Prokofiev, Ravel, Rodrigo, Ponce, Tchaikovsky, Rachmaninov, De Falla
y Villa-Lobos.

Dentro del ámbito de la música de cámara, se presenta a menudo
con la violinista Mayumi Fukikawa y el chellista Richard Markson. Ha
colaborado con el cuarteto de Tel Aviv, Cuarteto de Moscú, Cuarteto
Latinoamericano y el Cuarteto Ruso-Americano.

Con el lema “Con especial acento en Chopin, Liszt y Debussy “,
el XII Festival Internacional de Piano “En Blanco y Negro” se llevó a
cabo, del 4 al 28 de este mes, para reunir a destacados artistas de
España, Suecia, Brasil, Estados Unidos y México, en el magno
Auditorio Blas Galindo del Cenart.

“En Blanco y Negro” fue un encuentro de apasionados músicos de
diferentes escuelas, generaciones y lugares de origen. Desfilaron por
el piano, Joaquín Achucarro, Peter Jablonski, Cristina Ortiz,

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