“Fuenteovejuna” recorre los caminos de Michoacán.

* El dramaturgo Luis de Tavira habla sobre la adaptación que hizo de la obra de Lope de Vega

México, 30 Jun (Notimex).- Luis de Tavira, dramaturgo mexicano
nacido en 1948, asegura que en los tiempos actuales no sólo se debe
preguntar para qué se hace teatro, sino para quién.

Esa pregunta lo decidió a emprender un nuevo proyecto, junto al
grupo Teatro Rocinante, del Centro de Arte Dramático, de Michoacán
(Cedram), que él mismo dirige: llevar el teatro a los mexicanos que
nunca lo han tenido.

Para De Tavira, el arte escénico no sólo es un formador de
espectadores, sino también un constructor de conciencia.

“El espectador del teatro no es el consumidor del mercado sino
alguien que necesita ser formado. La tarea mayor es la de construir
conciencia, por eso debemos preguntarnos qué teatro es aquél que
forma a ese espectador”, explica el dramaturgo.

En entrevista, el director del Cedram agrega que es necesario
acudir a la tradición de los maestros que fundaron la teatralidad
para formar espectadores del arte escénico. Por ello, decidió adaptar
la obra clásica de Félix Lope de Vega: “Fuenteovejuna”.

La obra transcurre durante el siglo XV, en pleno debate y
conformación de lo que será España. “Fuenteovejuna” es el nombre de
un pequeño pueblo de labradores de Castilla que son alcanzados por la
guerra, lo que los hace reflexionar sobre su propia identidad, sus
derechos y deberes colectivos.

Los habitantes del poblado se cuestionan sobre el significado de
los valores que fundan la convivencia entre los hombres: la justicia,
la legitimidad del poder, la defensa de la dignidad y la solidaridad
indispensable para sostenerla.

“¨Qué tienen en común los campesinos mexicanos de hoy en día con
aquellos labradores de la Castilla medieval?”, se pregunta el
maestro, a lo que se responde con una reflexión:

“El teatro tiene que demostrar al espectador su propia realidad,
por eso es el constructor de la conciencia. El teatro es capaz de
mostrar lo que permanece vigente en el transcurrir de la historia,
como son los conflictos humanos. Las circunstancias cambian, las
formas del lenguaje son otras, pero en resumen el conflicto dramático
nos plantea los mismos retos”.

Sigue
Fuenteovejuna” recorre/dos/retos”.
.
La injusticia en que viven muchos mexicanos, el secuestro de sus
aldeas por la guerra, el crimen organizado, la violencia contra las
mujeres, la escalada de migración que desbarata al país, la
incapacidad de diálogo y negociación democrática entre unos y otros,
plantea problemas similares a los de la España medieval, afirma el
dramaturgo.

Categórico, no duda en asegurar: “La Fuenteovejuna castellana se
ha vuelto profundamente mexicana y esto no es precisamente alentador
sino preocupante”.

“De ahí que el teatro cumple la función de alertar y la de
recuperar la memoria, pero también la de fundamentar la esperanza,
porque si no creemos en las posibilidades del cambio, somos arrojados
a aquello que Dante llamaba el infierno”, añadió.

Bajo la dirección de Mauricio Pimentel y la adaptación de Luis
De Tavira, “Fuenteovejuna” se presentó en el Centro Nacional de las
Artes (Cenart), los días 13 y 14 de junio pasado. Ahora continúa su
itinerario por municipios de Michoacán.

El proyecto de adaptar la obra de Lope de Vega se gestó a
principios de año y reúne a un elenco de 16 actores con relación
cercana a la Casa del Teatro y al Centro de Arte Dramático de
Michoacán. Entre los creativos se encuentran Philippe Amand y Marco
Antonio Silva.

Luego de presentar la obra en el Cenart, “nos propusimos
aventurarnos por los caminos de Michoacán para llevar el teatro a los
que nunca lo han tenido, para salir al encuentro de ese asombro
inicial de aquél que acude al teatro por primera vez y lo descubre.
Pensando en ese espectador potencial, pensando en el mexicano
marginado del disfrute cultural, iniciamos el proyecto”, dijo De
Tavira.

Respecto a lo que le ha dejado este proyecto, el dramaturgo
comenta que

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