Defiende Montserrat Caballé la unión de las razas y culturas.

* Fue investida con el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Madrid, 2 Jul (Notimex).- La unión de las diversas razas,
culturas y religiones es la mejor garantía para la paz, afirmó la
reconocida soprano española Montserrat Caballé, quien se pronunció
por sumar esfuerzos en todos los ámbitos para hacerlo realidad.

Al ser investida en Santander como Doctora Honoris Causa por la
Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en una ceremonia presidida
por la reina Sofía de España, la cantante catalana sostuvo que la
hermandad de los humanos es “la mejor garantía para la paz”.

Esta, sostuvo, inicia por uno mismo, no se pide, se conquista, y
los seres humanos deberían entender que el futuro sólo será posible
siendo compartidos, por lo que refrendó su deseo de la solidaridad
cultural para que la convivencia sea una feliz realidad en el mañana.

Ante funcionarios locales y del gobierno español, apadrinada por
Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO y
presidente de la Fundación Cultura de Paz, resaltó el valor de
compartir como el motor central que debe mover a las acciones del ser
humano, individuales y colectivas.

Puntualizó que “en los albores de este nuevo milenio ésta debe
ser nuestra misión. Ponerla en práctica, completarla, vivirla y
avivarla cada amanecer”, y destacó el poder que tienen las nuevas
generaciones en este ideal.

En su discurso de recibimiento de la distinción, la intérprete
que ha compartido escenario con los mejores cantantes del mundo, como
Plácido Domingo, Alfredo Kraus y José Carreras, ponderó a la música
como elemento que favorece el entendimiento entre todos.

De origen humilde, Montserrat Caballé (1933) necesitó grandes
esfuerzos para concluir su carrera de canto en el Conservatorio
Superior del Liceo y completar luego sus estudios con Eugenia Kemeny
y Conchita Badía.

Los inicios de su carrera fueron también muy modestos hasta que
decidió trasladarse a Suiza, donde formó parte de la compañía de la
Opera de Basilea entre 1957 y 1959, iniciando en un repertorio poco
frecuente para las cantantes españolas, que incluía Mozart y Strauss.

Esta experiencia le sirvió para su siguiente etapa profesional
en la compañía estable de la Opera de Bremen (1959-1962). De ahí
saltó al Liceo de Barcelona, donde estrenó la “Arabella”, de Strauss,
con tan buena fortuna que le extendieron otros dos contratos para
encarnar las protagonistas femeninas del “Don Giovanni”, de Mozart, y
de la “Madama Butterfly”, de Puccini.

Pero su verdadero lanzamiento internacional se produjo la noche
del 20 de abril de 1965, en el Carneggie Hall, cuando tuvo que
sustituir imprevisiblemente a Marilyn Horne en la “Lucrecia Borgia de
Donizetti”.

Su actuación le valió 25 minutos de aplausos al término de una
representación y uno de los más importantes críticos neoyorquino la
equiparó con María Callas. Desde ese momento no ha conocido
decaimientos y lleva más de un cuarto de siglo en primerísima fila.

En su trayectoria ha interpretado más de 80 personajes
operísticos, que van desde la ópera barroca, hasta Verdi, Wagner,
Puccini y Richard Strauss

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