Terminó la temporada de la obra para sordos ¨Quién te entiende¿. Los actores hacen una invitación a adentrarse al universo de losque no oyen.

México, 3 Jul (Notimex).- La compañía Seña y verbo: teatro para
sordos terminó temporada de la obra “¨Quién te entiende?, que se
presentó en la Sala Xavier Villaurrutia, del Centro Cultural del
Bosque, con una abierta invitación a adentrarse al inconmensurable
universo de los que no oyen.

Los actores Haydeé Boetto, Roberto de Loera y Lucila Olalde
participaron en el montaje, en el cual en cada función recibieron al
público asistente con una gran sonrisa, le sirvieron café e invitaron
a entrar al comedor de una casa, para oír varios relatos que
transitaron entre la incomprensión y el amor.

En escena se contaron tres historias sobre la dificultad de los
sordos para relacionarse con su entorno. Las narraciones apelaron a
la sensibilidad, pero sobre todo a la comprensión.

A través de las experiencias de Federico, Blanca y Omar -tres
amigos de la compañía que se asumen con orgullo como sordos-,
desarrollaron unas profundas historias que coincidieron en la
constante intolerancia que encuentran de los oyentes.

Los relatos mostraron las barreras auditivas y emocionales que
los separan de sus familiares y compañeros. En escena los actores
intentaron cambiar la manera de ver a los sordos; no como enfermos
que sufren un padecimiento, sino como personas que viven, trabajan y
buscan la felicidad, como cualquier ser humano.

Federico, de 26 años, tuvo que oralizar desde muy pequeño y fue
inscrito hasta la preparatoria en escuelas normales. Actualmente
tiene un hijo, quien no heredó la sordera, y recuerda que él, de
niño, siempre se sintió separado y solo, y apartado de otros
pequeños, se refugió en los juegos de video.

Blanca, de niña no fue a la escuela, le ayudaba en los
quehaceres de la casa a su madre o en el puesto de quesadillas.
Creció aislada y su familia la llevaba con brujos o curanderos para
quitarle la sordera. Ha superado muchos complejos para convertirse en
una madre dedicada y maestra respetada a sus 32 años.

Omar iba a una escuela especializada en Coyoacán, le sucedió
algo terrible a los nueve años, tardó en superarlo, pero todos en su
familia trabajaron juntos para estar bien. Ahora, a sus 25 años, está
enamorado de un hombre que vive en Guadalajara, sus padres están muy
orgullosos de él y siempre lo apoyan.

Las tres vidas lograron conmover, estremecer y construir una
envolvente atmósfera de metáforas, en la cual demostraron que no
todos los relatos deben ser sórdidos para invitar a la reflexión, y
demostrar que de la incomprensión al amor hay sólo un paso.

Dirigida por Alberto Lomnitz (quien en años pasados fungió como
titular de la compañía Seña y verbo), la puesta en escena mostró
durante los meses que duró la temporada, la realidad de muchos
sordos, en la cual, los aparatos auditivos causan mareos.

Ellos sólo funcionan sólo para ruidos muy fuertes, y las misas
de los domingos en la Iglesia de San Hipólito sirven para conocer a
otras personas iguales y ayudarse mutuamente.

El diseño escenográfico de Edita Rzewuska planteó dividir el
escenario en tres partes: a la izquierda, un bosque lleno de árboles
con largas ramas y un solitario caballito; en el centro, un sencillo
comedor con sillas, mesa y piso de madera, junto a un refrigerador,
que por momentos proyecta imágenes; y en el extremo derecho una placa
de madera, que da la impresión de ser una pequeña isla.

La música original de Eugenio Toussaint unió a los presentes en
un mismo ambiente, en el cual, las preguntas caen como hojas de un
árbol otoñal y maduro que cada espectador recoge y hace propias.

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