Una exposición rectifica la imagen del último zar de Rusia

MOSCÚ (AFP) – Una exposición sobre el último zar de Rusia, Nicolás II, ejecutado por los bolcheviques hace 90 años, busca rectificar la imagen de un soberano débil y desdibujado, mostrándolo como un dirigente progresista y eficaz al frente del imperio más grande del mundo en las postrimerías del siglo XIX.

Contrariamente a numerosas manifestaciones consagradas desde el desmantelamiento de la URSS al último emperador ruso, la exposición llamada ‘La corona del zar’, en el Museo de la Catedral de Cristo-Salvador en el centro de Moscú, hace hincapié en el papel del monarca en el desarrollo económico, en la apertura de bibliotecas y en la construcción de líneas férreas.

“Es muy importante que los rusos recuerden que surgieron de un Imperio. En esa época uno de cada siete habitantes del planeta era un súbdito de Nicolás II”, declaró el historiador Piotr Nultitatuli, bisnieto de quien fue cocinero del emperador, Ivan Karitonov, asesinado junto a la familia imperial en la noche del 16 al 17 de julio de 1918.

Un documento, extraído por primera vez del Archivo Nacional, recuerda por ejemplo que el joven zar, tan pronto subió al trono, tuvo la iniciativa de lanzar la Primera Conferencia Internacional de la Paz, reunida en La Haya en 1899, en la que participaron 27 Estados.

Varias fotos muestran al zar inspeccionando su inmenso imperio, reunido con ingenieros ante ‘una carreta último modelo’ en 1913, cuando Rusia era ya el primer productor mundial de trigo en el mundo. Otra lo hace aparecer en el trazado de una futura vía férrea.

Una orden firmada por el propio monarca en septiembre de 1915 recuerda que tras las primeras derrotas del ejército ruso ante los alemanes durante la Primera Guerra Mundial, Nicolás II asumió la jefatura del ejército.

La exposición destaca también el papel de la zarina Alexandra, de origen alemán, y de sus cuatro hijas, como enfermeras en un hospital cerca de San Petersburgo.

La muestra trata de presentar al zar bajo una luz diferente: “Rusia es un país con un pasado imprevisible donde toda interpretación de los hechos históricos depende de quién esté en el poder”, comenta el jefe del Archivo Nacional, Serguei Mironenko.

“Esta exposición es un testimonio emocional pero riguroso sobre Nicolás II”, su reinado y sus últimos días, declaró Mironenko.

“Para los bolcheviques era un zar débil que hizo correr mucha sangre, y después del fin del comunismo fue convertido en un mártir”, recuerda la directora del Museo, Liudmila Gusarova.

Rusia, donde los miembros de la familia imperial fueron canonizados como mártires en 2000 por la Iglesia ortodoxa, no ha tomado aún una posición oficial sobre el papel del último zar.

Entre las 200 piezas expuestas -fotos, dibujos o notas de la familia imperial- se encuentran objetos directamente relacionados con el trágico desenlace, cuando el zar, su mujer y sus cinco hijos fueron ejecutados por la Cheka, la policía política de Lenin, en Ekaterimburgo, en los Urales.

Una orden firmada el 17 de julio de 1918 por el comisario Piotr Voikov, quien participó en el magnicidio, autoriza la entrega de 80 kilos de vitriolo japonés para hacer desaparecer los restos de la familia imperial.

Los restos de Nicolás II y los suyos, hallados en 1991, fueron sepultados en 1988 en San Petersburgo, en medio de una gran polémica sobre su autenticidad.

La Corte Suprema de Rusia sigue negándose a rehabilitar a Nicolás II ya que considera que él y su familia no fueron víctimas de represiones políticas sino de “un abuso de poder”.

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