Vuelve “piscina flotante” a Nueva York

Nueva York.- Los neoyorquinos podrán otra vez darse un chapuzón en plena ciudad para soportar las altas temperaturas que derriten esta jungla de asfalto cada verano: una piscina flotante colocada a orillas de El Bronx.

“The Floating Pool Lady”, nombre oficial de esta piscina gigante montada sobre una barcaza, ha abierto sus puertas esta semana por segundo año consecutivo.

El año pasado estuvo en Brooklyn, sobre el East River y con los rascacielos de Wall Street de fondo, y ahora le toca el turno a El Bronx, concretamente en el parque Barreto Point, sobre el mismo río y también con vistas al skyline de Manhattan.

Sus responsables confían en que se repita en esta ocasión el gran éxito que tuvo hace un año. Durante todo el verano, fueron casi 100 mil las personas que se pusieron a remojo. Su éxito depende, en gran medida, de que su entrada es gratuita.

Todos los días hay seis sesiones, de hora y media cada una, en las que está permitida la entrada de 175 personas. Los turnos se dan por orden de llegada, cuando se recoge una pulsera de colores que permite acceder a la piscina en cada turno.

Después de cada ingreso, el equipo de mantenimiento limpia la piscina para el siguiente. Para amenizar la espera, ya en tierra se ha organizado una pequeña playa, con arena para tomar el sol y pistas de voleibol.

La idea de situar una piscina flotante sobre el East River, nació hace un cuarto de siglo.

Pero el sueño de Ann L. Buttenwieser, oficial del departamento de parques que concibió este proyecto a principios de los años 80, no ha sido fácil ni barato.

Estudiando las docenas de piscinas flotantes que antaño existían en la ciudad (que dejaron de existir en los años 30), Buttenwieser puso en marcha The Neptune Foundation para financiar su idea, recaudando cinco millones de dólares con los que en 2004 compró una barcaza en Louisiana.

Durante todo un año, el arquitecto Jonathan Kirschenfeld trabajó a marchas forzadas para poder inaugurarla el verano pasado. El resultado: una piscina de 25 metros de largo, 1.2 de profundidad y siete calles para nadar.

En la barcaza también hay vestuarios, duchas por las que es obligatorio pasar antes de zambullirse en el agua, socorristas que velan por la seguridad de los bañistas y un área para niños.

Mientras que Buttenwieser ha donado la piscina a la ciudad, el encargado de mantenerla y gestionarla es el ayuntamiento, que destina para tal fin unos dos millones de dólares por verano.

Cada año se colocará en algún punto de los cinco condados de Nueva York para que todo el mundo pueda disfrutarla.

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