Kimberly Peirce y el drama de los soldados en “Stop-Loss”

LOS ANGELES (AFP) – “Mi objetivo no es detener la guerra, mi objetivo era que se entiendan las grandes consecuencias humanas de estar en guerra”, dijo a la AFP la cineasta estadounidense Kimberly Peirce que se entregó a un emotivo relato de la batalla interna de un soldado en “Stop-Loss”.

A nueve años de conmocionar al mundo con su película “Boys Don’t Cry” (“Los chicos no lloran”, 1999) –que le valió el primer Oscar a Hilary Swank y prestigio a Chloé Sevigny–, Peirce volvió este año con “Stop-Loss” (“Ausente”), una cinta consentida por la crítica aunque poco taquillera que desde el martes será distribuida en formato DVD.

“Mi objetivo es hacer historias humanas, historias que me conmueven y luego conmover a mi audiencia”, contó esta directora que entre 1999 y 2008 solo produjo un documental en 2006 y decidió volver a los platós por su disgusto con la guerra y la partida de su hermano menor a Irak.

“La idea de la guerra es trágica para mí, y en un sentido muy real, mi hermano menor combatió en Irak y eso trajo consecuencias devastadoras para mi madre y mi familia. Y creo que lo que estamos haciendo con la gente iraquí es desgarrador”, apuntó la cineasta, de 40 años.

El estadounidense Ryan Phillippe y la australiana Abbie Cornish -hoy pareja en la vida real- así como Victor Rasuk protagonizan una historia sensible que no cae en el proselitismo político al narrar el drama de un soldado que debe cumplir con la medida militar conocida como “Stop-Loss” o “Back Door Draft”, una regla que permite al Ejército retener a un efectivo en servicio, aunque su misión haya terminado.

Cuando los soldados regresan de una misión –en este caso cuando vuelven a Estados Unidos tras meses de despliegue en Irak– y no quieren volver al frente de guerra son tratados como criminales.

“Para la gente que no sabía lo que es ‘stop-loss’, agradecieron que se lo informáramos. Estamos muy enojados, queremos un cambio (…) Lo que fue más interesante es cuánto realmente se sabe de los combatientes heridos o los soldados que llegan mutilados”, comentó Peirce sobre la respuesta que tuvo de la gente.

Estados Unidos lanzó la guerra en Irak en 2003 y fue recién en 2007 cuando salieron al mercado películas y documentales sobre distintos ángulos de este conflicto que desde el año pasado cuenta con el repudio masivo de la población norteamericana.

Pero ni “In the Valley of Elah”, de Paul Haggis, ni “Redacted”, de Brian de Palma, lograron convocar al público a las salas a ver en la ficción el drama de una guerra que viven a la distancia. “Stop-Loss” no quedó fuera de estas estadísticas: costó 25 millones de dólares y no superó los 11 millones de recaudación, según cifras del sitio especializado Box Office Mojo.

“A este tipo de películas quizás no les fue muy bien porque salieron muy ‘temprano’. Quizás no fueron promocionadas correctamente”, consideró Peirce.

No obstante, la cineasta se mostró conforme con el impacto generado en las proyecciones que organizó para liceales, para familiares de soldados, otras solo para soldados y otras para civiles.

“Tuvo una reacción única, algo universal: Y fue ‘gracias por hacer una película emotiva’, ‘gracias por contarnos lo que está pasando de verdad porque no lo sabíamos'”, dijo.

“Creo que lo realmente único de nuestro filme es que se inspiró en soldados reales, (está contada) totalmente desde su punto de vista, yo uso sus palabras, su lenguaje, sus videos”, apuntó la cineasta, que apuesta a que el formato casero siga transmitiendo el mensaje, el testimonio de un conflicto humano por el cual es imperante el cese de la guerra.

“No puedes mantener soldados reciclados, ellos no lo pueden asumir, sus familias no pueden asumirlo, eso ya no funciona más”, sostuvo la directora, convencida de que con el próximo presidente, Estados Unidos verá “un cambio”.

“Si Obama gana, él tiene un plan muy fuerte para la retirada (de Irak), y John McCain ha sido claro en decir que se quedaría”,

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