Una exposición para “dar a César” el lugar que le corresponde en el arte

PARIS (AFP) – “Dar a César” el lugar que le corresponde en el arte del siglo XX: tal es la ambición de la exposición consagrada al escultor francés en la Fundación Cartier, una “antología” concebida por el arquitecto Jean Nouvel, que fue su amigo.

“César, Antología por Jean Nouvel” presenta, del 8 de julio al 26 de octubre próximo, un centenar de obras del artista fallecido en 1998, elegidas y escenificadas por Jean Nouvel en el audaz edificio de vidrio y metal que él mismo concibió para albergar la fundación en París.

“Diez años después de su muerte, era importante mostrar los aportes más claros de César en el panorama y la historia del arte del siglo XX”, declaró Nouvel en la inauguración de la exposición.

“Nunca se vieron juntas las principales obras, que muestran la coherencia y la fuerza de su actitud en campos muy diferentes”, afirmó el arquitecto.

Gran amigo de César, Jean Nouvel quería rendir homenaje al artista con el que compartió “sus vacaciones” y “largas discusiones” sobre el arte.

Nacido en Marsella en 1921, César, hijo de un tonelero italiano, se convirtió en escultor tras una formación académica en la escuela de Bellas Artes de París. El artista es conocido sobre todo por sus “Compresiones”, bloques de metal obtenidos compactando carrocerías de automóviles con una prensa hidráulica.

Agrupadas en el subsuelo del edificio, las obras constituyen un conjunto impresionante, en particular la “Suite Milanesa” de 1998, alineamiento de bloques monocromos de chapas nuevas comprimidas y repintadas en una fábrica Fiat, con uno de los colores utilizado por el fabricante ese año.

En el jardín, “Un año de lectura de los basilenses” declina la compresión en gigantescos bloques compuestos de cientos de toneladas de periódicos.

Otro material, otra experimentación: expuestas en la planta baja, las “Expansiones” son vaciados gigantes de espuma de poliuretano solidificados en pleno movimiento, y luego cubiertos de resina, pulidos y laqueados.

En los años 60, César los realizaba en público, convirtiendo cada creación en una performance, como lo atestiguan películas de la época.

“Era capaz de cortar sus obras, firmarlas y darlas en cualquier momento”, cuenta Jean Nouvel, laureado en marzo pasado con el premio Pritzker 2008, el “Nobel de la arquitectura”.

“No imaginamos que un artista pueda hacer eso hoy, puesto que la firma tiene un valor extraordinario”, prosigue Nouvel, atribuyendo a la “despreocupación” de César la falta de reconocimiento de su obra por parte de las instituciones francesas e internacionales.

En otra sala, las “Huellas humanas” son partes del cuerpo humano, dedos, puños o senos, agrandados para revelar sus más pequeños detalles (huellas digitales, poros o lunares), de diversos colores y texturas y hechos de resina, acero, cristal, mármol, aluminio o bronce.

Finalmente, los “Hierros”, las obras más antiguas de esta “Antología”, datan de los años 50.

Amontonadas en un enorme cajón de madera en la entrada, estas piezas forman un bestiario imaginario y monstruoso: insectos gigantes hechos de chatarra y cubiertos de clavos, tuercas y clavos soldados.

En la época, César recorría las chatarrerías de los suburbios parisinos, donde recuperaba una materia prima barata, y trabajaba, soldador en mano, junto con los obreros de una fábrica de muebles metálicos en la que instaló su taller.

Influenciado por Picasso, Brancusi y Giacometti, el escultor experimentaba ya entonces la “celebración del desecho” y el arte del reciclado que caracteriza su obra.

You must be logged in to post a comment Login