Biocombustibles: esperanza para Brasil, dilema para el G8

TOYAKO, Japón (AFP) – El club de los ocho países más ricos sopesaba el martes las ventajas y desventajas de los biocombustibles, que podrían reducir las emisiones contaminantes pero también encarecer los alimentos, mientras Brasil lanzaba en el G8 una intensa campaña en defensa de su etanol.

Los biocombustibles -producidos a partir de productos orgánicos como caña de azúcar, colza, aceite de palma, maíz o remolacha azucarera- pueden servir para luchar contra el calentamiento de la Tierra al reducir las emisiones de gases con efecto invernadero generadas por combustibles fósiles.

Pero varios expertos advierten que su producción en masa puede empujar al alza los precios de los alimentos y provocar más emisiones de gases contaminantes, en vez de reducirlas, argumentos que Brasil rechaza tajantemente.

La cuestión de los biocarburantes “es uno de los temas candentes en las conversaciones de los líderes sobre los crecientes precios de los alimentos y la lucha contra el cambio climático”, dijo un funcionario de la cancillería japonesa, que pidió el anonimato.

“Es muy difícil alcanzar un consenso claro”, añadió.

La Unión Europea (UE) se fijó como meta aumentar el porcentaje de biocarburantes en el transporte a 10% de aquí a 2020.

Pero los líderes del G8 señalaron el martes que es conveniente asegurar “la compatibilidad de las políticas para una producción sostenible y la utilización de biocombustibles con la seguridad alimentaria”.

El gobierno británico anunció el lunes que bajará el ritmo de expansión de los biocombustibles luego de que un informe del Banco Mundial filtrado a la prensa indicara que la explosión del cultivo de carburantes vegetales es responsable en un 75% del encarecimiento de los alimentos.

“No hay duda de que (el uso de biocarburantes) tiene un efecto” en el precio de los alimentos, dijo el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, al margen de la cumbre del G8.

No obstante, defendió el desarrollo de biocombustibles de segunda generación fabricados a partir de partes no comestibles de plantas.

Según la canciller alemana, Angela Merkel, el G8 “necesita (fijar) estándares” sobre el tema y sus líderes pondrán todo su empeño en que “ningún alimento sea reemplazado por biocombustibles”.

“El objetivo sería trabajar en una segunda generación de biocombustibles, y esto se vería reflejado en el documento” final de la cumbre del G8, añadió.

El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, se reunió el martes en Sapporo -a 150 km de Toyako, donde se celebra la cumbre del G8- con los líderes de China, India, México y Sudáfrica, con quienes participará el miércoles en una sesión ampliada del G8 sobre clima.

“Brasil no aceptará ese argumento atravesado de que el biocombustible provoca inflación de los alimentos. Estoy yendo a Japón, a la reunión del G8, sólo por eso”, afirmó el sábado el presidente del segundo país productor de etanol, detrás de Estados Unidos.

Brasil defiende la producción de biocarburantes en países pobres como fuente de ingresos y fabrica su etanol a partir de caña de azúcar, mientras Estados Unidos utiliza maíz.

A diferencia de Washington, Brasilia no subsidia su producción de etanol, asegura que cultiva la caña fuera de la selva tropical y afirma que ésta ocupa sólo un 0,4% del territorio nacional, contra el 7% en Europa.

Sudáfrica decidió la semana pasada excluir el maíz de la producción de biocombustibles.

“Creemos que debe haber un marco internacional sobre biocarburantes”, dijo a periodistas Marthinus Van Schalkwyk, ministro sudafricano de Medio Ambiente.

En una carta, las principales asociaciones de productores de etanol de Brasil, Canadá, Estados Unidos y Europa reclamaron a los líderes del G8 que consideren a los biocombustibles como parte de la solución “a la dependencia mundial del petróleo”.

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