Hambrientos pero felices

Teresa Gurza.

La verdad los mexicanos somos gente muy padre, y tratamos siempre de tirar para arriba, como se dice acá en Chile; porque mire usted, que con tantos problemas que tenemos, haber resultado en el 17 lugar del ranking de países más felices, es mucha gracia.

Y entre todas nuestras preocupaciones, el problema económico no es la menor, porque las mermas en el poder adquisitivo afectan el diario vivir y se traducen en deudas, problemas familiares, depresiones, y hambre.

Como bien lo dijo recientemente el director general de la FAO , Jaques Diouf, “poder comer se ha convertido en una prioridad para las personas y para los países”.

Siempre han urgido en la mayor parte del mundo, acciones que realmente beneficien a los más pobres; pero satisfacer esa necesidad tiene que ser ahora tarea prioritaria, porque está en juego la seguridad nacional de muchos países cuyas poblaciones pueden mostrarse irascibles y desesperadas, si no son compensadas de alguna forma del alza en los alimentos.

Y en México debe actuarse rápido; antes de que más personas caigan bajo el nivel de pobreza; y antes de que el país, pierda la capacidad de poder alimentar a todos.

Esto no es ni exageración, ni broma. Ya el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahnn, advirtió que el incremento en los precios de la comida “tiene a algunos países al límite”; y que si las alzas siguen “no podrán alimentar a sus poblaciones y al mismo tiempo, mantener la estabilidad de sus economías”.

Y con ellos coinciden las amas de casa, que ven que con todo por las nubes el dinero alcanza para muy poco; y que se rompen la cabeza buscando formas para que pese a la carestía, sus familias coman y sus niños puedan aprovechar el estudio.

Strauss-Kahnn no sólo hizo pronósticos; fue más allá, al responsabilizar a los gobiernos, y a las decisiones que tomen sobre como emplear los recursos públicos, del porvenir de sus pueblos.

Sus palabras fueron dichas específicamente para Africa, donde la agricultura enfrenta limitaciones de capital, eficacia y competitividad; pero pueden perfectamente ser aplicadas a México, donde se está dejando de lado a los más necesitados; o a Chile, donde cientos de agricultores han quebrado y donde en este frío invierno, hay verduras que han aumentado tres y cuatro veces su precio.

Y aunque por fortuna Chile y México, están lejos de tener los problemas de Africa; hay muchas cosas que los gobiernos debieran hacer, porque como también dijo el director de la FAO , “no hay nada que no pueda ser modificado con voluntad política y un buen gobierno”.

Claro, que la idea no es la de tomar medidas más propagandísticas que efectivas; como lo fue en México, la congelación de precios de 150 productos alimenticios anunciada por la Concamin y que tanto festinó el presidente Calderón.

El reportero Ramiro Alonso escribió para El Universal, una nota que demuestra que la tal congelación causó más ruido que nueces; porque sólo cinco productos de los de mayor consumo popular, aparecen en la famosa lista de los 150.

Y hasta Banamex acusó que cuando se hizo el anuncio, muchos de esos productos habían ya subido de precio desde semanas antes; y que el acuerdo entre industriales y gobierno, tendrá una baja cobertura de mercado.

Por eso hay que ponerse serios y entender que si realmente se quiere que los más pobres salgan beneficiados, hay que “recordar” que mientras más pobre se es, más afectan las alzas.

Y estar conciente de que si hasta hace poco se necesitaba determinada cantidad para adquirir lo indispensable, hoy para comprar lo mismo, se tiene que gastar en promedio un 50 por ciento más.

Y eso para muchísimos, es mucho.

Teresa Gurza es periodista mexicana radicada en Chile.

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