.Me siento honrado y cálidamente acogido por México: Gelman.

* El poeta argentino llevó todo su dolor al campo de la literatura.

Por Juan Carlos Castellanos C.

México, 10 Jul (Notimex).- Juan Gelman se acercó a la mesa donde
servían vino en su honor. Tras comprobar que se trataba de Paternina
banda azul de la región de la Rioja, lo bebió. Un minuto antes había
declarado en entrevista: “Me siento muy honrado y cálidamente acogido
por el público de México”.

A sus 78 años es reconocido como el más importante poeta vivo de
Argentina y quizá el más premiado de la generación de los años 60-70
del Siglo XX. En su mente aún habita su propia imagen de ensueño:
“Aprendí a leer a los tres años de edad y mi niñez transcurrió en
bicicleta, jugando fútbol y leyendo”.

No obstante su edad, físicamente luce fuerte y su sentido del
humor denota que las cicatrices del pasado, si bien no han sanado,
porque nunca cerrarán, sí le han servido para templar su carácter,
valorar lo que tiene y compartir con el mundo su talento literario y
su aptitud al escribir cosas bellas.

“Hay cosas que no comparto con nadie, ­Con na-die!”, contestó a
Notimex a la pregunta sobre su agenda. Se le precisó que se hablaba
de sus actividades públicas inmediatas. “Disculpe, esas son cosas
mías, sólo mías”, respuesta hilarante que hizo brotar carcajadas de
quienes atentos seguían la entrevista y rompió el hielo.

Gelman es hoy un maestro consagrado, inspirado en los clásicos.
Retomó la poesía centroeuropea y acabó con una escritura muy limpia y
clara, llena de reflejos para describir el dolor, el amor, la
tristeza, con letras monacales y contundentes, que llegan al alma al
leerlas.

En 1955 fue uno de los fundadores del grupo de poetas “El pan
duro”, integrado por jóvenes militantes comunistas, quienes proponían
una poesía seria y popular, y actuaban cooperativamente para publicar
y difundir sus trabajos. En 1956 publicó su primer libro, “Violín y
otras cuestiones”.

“Quizá la poesía no sea nada más que agarrar la presencia
ausente de lo amado”, declaró Gelman, a quien la dictadura argentina
le desapareció a su hijo y a su nuera. La suya es una de las
experiencias materiales más profundas de la poesía latinoamericana
del siglo pasado y del presente.

Anoche, obsequió una velada exquisita a un centenar de amantes
de su literatura, en el Centro Cultural de España en esta ciudad,
cuando leyó una selección de sus inspiraciones más celebradas.

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Me siento honrado. dos. celebradas

Entrevistado tras al recital, explicó que su divorcio con su
país y su exilio en México “empezó antes de la dictadura, durante la
época en que enloquecidamente escribí nueve libros. De ellos hice una
selección, Cólera buey” (1962-1968); eran los tiempos en los que yo
trabajaba de periodista”.

Por esa época, abundó, “empezaba a reconocer los límites del
lenguaje para expresarse. Empezaba a chocar porque lo que quiero
expresar debo hacerlo con la mayor precisión. Así que luché con el
lenguaje y cambié sustantivos en verbos o el género a determinadas
palabras. Dije, por ejemplo: La mundo””.

Poseedor de una enigmática sonrisa, que combinada con su mirada
profunda provoca emociones encontradas, confesó, sin embargo, que “el
exilio produce una profunda sensación de desamparo, de vivir a la
intemperie. Fueron años difíciles. Yo salí antes del golpe militar”,
precisó con voz tersa.

Sin embargo, buscando siempre el lado positivo de las personas,
cosas y circunstancias, “me vino bien pasar por Roma, París y
Bruselas. Lugares donde no se hablara español. También estuve en
Madrid, poco tiempo. Me pasé cuatro años enteros sin escribir”,
rememoró al asegurar que el exilio duele, se quiera o no.

Recordó que tenía seis o siete años cuando tuvo su primer
contacto con la política, “fue por la Guerra Civil Española. En
Argentina, en el barrio en el que vivía, todo el mundo apoyaba a la
República. Soy de familia judía y mi padre estuvo en Rusia en la
revolución fallida de 1905. Desde chico supe de qué lado estaba”.

Pero lo más du

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