“Mi pueblo, “Todos Santos”, es nuestro Macondo”: Agúndez. El poeta de 82 años narra sus vivencias como promotor cultural.

México, 10 Jul (Notimex).- En su natal “Todos Santos”, Baja
California Sur, Néstor Agúndez es más que un personaje, todos lo
conocen y saben de su fecunda labor en favor de la cultura, saben de
su vocación como maestro rural y hasta se han aprendido de memoria
algunos de sus sonetos.

Al solicitarle una entrevista, respondió con sentido del humor:
“¨Habrá a quién le interese? De ser así, comenzaré por decirle que mi
vida se enmarca ahora en un majestuoso edificio de ladrillos que
contiene en sus salones, en sus paredes y en sus patios, el resumen
de mis querencias, que son también testimonios de la historia y del
desarrollo de este pueblo al que amo”.

Setenta años después de sus primeros acercamientos a la
literatura y al arte en general, el hombre continúa al frente de un
centro difusor y baluarte, y no baja la guardia en defensa de las
tradiciones, el arte y la cultura local, regional y nacional.

En su rincón predilecto, cuenta que a finales del siglo XIX y
principios del XX, había una casona conocida por la gente como
Puertas Verdes, en la que de vez en cuando se representaban obras
teatrales. “Me gusta asociar este lugar y a los todosanteños, con
aquellos corrales teatrales en que se escenificaron y popularizaron
las obras del Siglo de Oro español”, comenta.

Recuerda con nostalgia que durante casi todo el siglo XX, los
festivales fueron un importante medio de diversión, protagonizados
por niños, jóvenes y maestros de la localidad siempre dispuestos a
servir. “Todo eso se ha perdido por falta de interés y vocación de
servicio; también por la negativa influencia de la televisión, tan
enajenante”.

Don Néstor asevera que siempre ha luchado en favor de la
cultura, aunque por ello haya recibido “la incomprensión de algún
amargado en el pueblo y otras veces el desdén de políticos que
desprecian la cultura porque son brutos”.

Hace hincapié en que “Todos Santos” es su vida, su pasión y su
amor. “Este pueblo, al que algunos hace poco le han dado el título de
mágico, por cuestiones no muy claras, tiene para mí un significado
muy grande, que va más allá de esa magia turística, para asentarse en
la magia garciamarquiana, de este nuestro Macondo”.

De volver a nacer, el poeta afirma que volvería a ser todo lo
que ha sido. “Seguiré luchando incansablemente por la cultura; ser
maestro es todo un compromiso y bien vale la pena dejar huella en las
nuevas generaciones”.

Evocó sus estudios en la Normal Regional en San Ignacio, “ese
otro pueblo oasis que está al norte del estado, cuando el cardenismo
y el vasconcelismo prendían en nuestros espíritus jóvenes la llama
del esfuerzo educativo”.

El crecimiento de las ciudades y los pueblos, los ve con
desconfianza, por ser desordenados y sin planeación. “Estábamos
acostumbrados a que la población aumentara despacio, al ritmo que
marcan los nacimientos y las muertes, pero el desarrollo nos alcanzó
y ahí nos lleva por caminos que no terminan de gustarnos”.

Al abordar el tema del libro que en su homenaje, fue compilado
por Juan Melgar y coeditado por el gobierno del estado, el Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Sudcaliforniano de
Cultura y el ayuntamiento de La Paz, expresó:

“La poesía no es sirvienta de nadie ni de nada; es, apenas, la
manifestación de un lenguaje interior, con el que el poeta se expresa
y trasciende. Admito que alguna que otra vez he empleado el soneto
para jugar o reírme a costillas de ciertos políticos farsantes”.

“Aquí estamos todavía en la brecha, a veces empujando y a veces
jalando esta carreta que, cuando alcanza una meta intermedia o logra
una actividad, nos alimenta con más energía para seguir dándole al
yunque, machacones tercos”, concluyó.

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