Acogida de Rouen a velero mexicano culmina una vez más en matrimonio

ROUEN, Francia (AFP) – El especial cariño con que lo habitantes de Rouen (oeste de París) acogen al buque-escuela mexicano “Cuautémoc” y a su tripulación, quedará una vez más de manifiesto en una historia de amor que culmina el sábado, con el matrimonio de un joven marino del velero y una muchacha de este puerto francés.

El sábado 12 de julio, en la iglesia Saint Jacques de Rouen, el cabo primero Isidoro Solís Alabad, contramaestre del “Cuautémoc”, contraerá matrimonio con Sophie, una chica de las inmediaciones de Rouen que conoció en una anterior recalada del buque-escuela en este puerto del Sena.

Después del encuentro, Sophie comenzó a viajar a México durante sus vacaciones, antes de ir, hace dos años, a instalarse definitivamente a Acapulco, puerto de amarre del buque-escuela mexicano.

Esta relación del cabo Solís es la tercera que culmina oficialmente desde 1983, desde que el velero mexicano participa en una de las más importantes manifestaciones marítimas de Europa, “La Armada”, que se realiza cada cinco años en el puerto fluvial-marítimo de Normandía.

Esta historias personales no son más que otros tantas manifestaciones de la relación que se ha ido creando desde hace veinticinco años entre el navío-escuela mexicano, uno de los favoritos entre las decenas de grandes veleros que participan en “La Armada”, y el puerto de Rouen.

Como muestra, cada día y desde hace una semana, decenas de personas esperan, bajo la lluvia a menudo, o bajo el sol, en interminable fila, pacientemente, su turno para subir a la nave y recorrer su cubierta y algunas dependencias dejadas abiertas a la visita.

“Nos gusta visitar el Cuaútemoc porque somos siempre muy bien recibidos”, explicó el jueves una pareja ya mayor de ruaneses que dijo venía desde la primera vez que el velero llegó al puerto.

“Los marinos mexicanos son muy bellos”, comentó entre risitas coquetas una rubia quinceañera de un grupo de adolescentes que esperaba su turno de visita. “Me gusta mucho el color de su piel”, agregó otra, alentada por las declaraciones de su amiga.

Justamente parece ser el color cobre de la piel del mascarón de proa que representa al líder azteca, que dio su nombre al buque escuela, el centro de la atención para decenas de turistas que lo fotografían sin cesar de todos los ángulos.

En este ambiente, el fondo musical que daban los altavoces del navío – rancheras, corridos o boleros, contando historias de amores trágicos o festivos – tenía algo de surrealista, más acorde con un baile popular latinoamericano que el escenario de hangares de ladrillo.

Para el comandante del buque-escuela, capitán de navío Mario Carbajal Ramírez, la explicación de estas buenas relaciones están sobre todo en la acogida que se les da a los visitantes, “algo que es natural para nosotros los mexicanos”.

“Nosotros tenemos un proverbio para explicar esto y es que decimos nuestra casa es la vuestra” a los que vienen a verlos, explicó.

Prueba de esta acogida, el buque escuela estuvo abierto al público desde las 10 de la mañana y en algunos casos, hasta alrededor de medianoche, “hasta que el último visitante se fue”, según el capitán Carbajal, con un promedio de hasta 23.000 visitas diarias.

La visita del “Cuaútemoc” a Rouen culminará el lunes cuando zarpe para un gran desfile por el río Sena hasta su desembocadura, junto a decenas de otros grandes veleros, entre los cuales el “Capitán Miranda” de la marina uruguaya, que junto al “Cisne Branco” de Brasil, fueron los tres navíos latinoamericanos presentes en “La Armada” 2008.

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