ARENA: Reinventarse o correr el riesgo de morir desangrada

Algunos veían venir el problema, pero el reducido grupo de poder en el partido, lejos de escuchar otros razonamientos, se apresuró a “puyar” el lomo de los bueyes y lanzar la carreta arenera hacia delante, haciendo oídos sordos a cualquier crítica o reflexión en aquel proceso que se bautizó como “el proceso de la democracia interna en ARENA”.

El proceso se llevó a cabo tal como estaba previsto. Los demás a callarse la boca y tragarse la aspirina sin lloriqueos, al fin y al cabo éste es un partido fuerte, los débiles o dubitativos a llorar a otro lado.

Lo estoy simplificando y puede que esté exagerando algo, pero si no recuerdo mal, algunas de las personas que protestaron fueron la propia vicepresidenta Ana Vilma de Escobar y el ex presidente de la república, Armando Calderón Sol.

La primera, propuso vastos cambios en el COENA, y el segundo dio un manotazo en la mesa al cual nadie hizo el más mínimo caso. Aquel grupo hizo las cosas a su aire y no tomó en cuenta las voces discordantes.

El desenlace al final resultó ser un plan cuidadosamente diseñado para designar como candidato oficial a Rodrigo Ávila, entonces director de la Policía Nacional Civil, institución dependiente del Ministerio de Seguridad Pública, comandado por el entonces vicepresidente del COENA, amigo íntimo, socio en empresas y compadre por la iglesia del presidente de la república.

La sorprendente y aplastante victoria de Ávila, quien ya entonces volaba bajo en las encuestas y el aborto forzado de algunos precandidatos con más aceptación popular vienen a confirmar el hecho de la designación encubierta de Ávila.

¿Primarias ejemplares?
Pero, algunos todavía sostienen con firmeza que se trató, de verdad, de unas primarias ejemplares. Cada cual es libre de pensar lo que crea más o menos insospechado.

La modalidad de la elección del candidato, sin embargo, no es el gran problema para el partido ahora mismo, sino cómo cortar de raíz lo que buena parte del electorado tiene metido en la cabeza: que hace falta un cambio de rumbo y que ese cambio de rumbo no se ve hecho realidad en el horizonte de la mano de un quinto período de gobierno del partido ARENA que, a pesar de los buenos intentos, hoy por hoy, continúa representando más de lo que ya conocemos.

Aunque se han propuesto algunos nuevos e interesantes matices, forzados o no por las encuestas, todo indica que el partido todavía sigue estando controlado desde el fondo de las cortinas por el mismo grupo que designó a Rodrigo Ávila.

La pregunta o, mejor dicho, las preguntas obligadas son ¿puede Ávila, teniendo los orígenes que todos conocemos, clamar independencia real y creíble del grupo que lo nombró y, lo que es más difícil todavía, borrar de la memoria colectiva todo lo que ha significado el partido en estos últimos 20 años para convencernos de que el cambio es real?

¿Es Ávila el promotor del cambio y las reinvenciones en ARENA o se han dado cuenta de repente los que lo nombraron que hay que dar volantazo brusco de la línea original para salvar el error y seguir en el poder?

¿Creerán una vez más los ciudadanos en ARENA cuando dice, en esta ocasión, que quiere ser un partido abierto, plural, de la gente normal y corriente, comprometido realmente con “lo social” y con el cambio que todos queremos oler, sentir y tocar?

Un candidato que no despega
No pretendo desprestigiar un candidato y menos aún todo un señor partido, sino intentar entender una situación, un tanto contradictoria, que tiene que ver con la elección de un candidato que no despega y con un partido que ahora quiere transformarse antes del amanecer en otra cosa que no es, ni ha sido en las últimas 2 décadas.

Vale la pena recordar que el grupo que designó a Ávila estaba, y está todavía, conformado por Rene Figueroa, ministro de Seguridad y Justicia, César Funes, ex director de ANDA y Elías Antonio Saca, presidente de la república y otros asesores de menor rango.

Estos compatriotas, para bien o para mal, siguen estando ahí marcando las pautas del poder en el partido. El presidente Saca sigue teniendo la exclusividad de doble presidencia, la de la república y la presidencia honorífica del partido.

Luego él sigue estando donde estaba, más o menos al mando del estado de cosas desde una postura menos expuesta, como lo estuvo durante el proceso de las primarias –dijo que no estaba, pero ahí está el resultado.

Lo que ocurre es que, esta vez, las intenciones de voto favorecen, en su mayoría, al adversario, y él probablemente, como yo si estuviera en su lugar, no querría ser el presidente saliente que quede en la historia como el que cedió el sillón presidencial al eterno rival, al partido que, según él, representa el pasado, el retroceso de las libertades, la abolición de la propiedad privada, la destrucción de los buenos niveles de democracia conseguidos por su partido y otras aseveraciones que hemos escuchado.

¿Qué es lo que le está saliendo mal a ARENA y qué tiene que ver eso con la designación de Ávila? 4 meses después y con las encuestas patas arribas, parece que todo.

Subestimación hacia el adversario
Mucho antes de la designación de Ávila, ya habíamos oído al ministro Figueroa y a otros de la línea dura del partido decir algo así como que ARENA ganaría incluso llevando como candidato a un palo de escoba, una muestra en toda regla de desprecio, o como mínimo, de subestimación hacia el adversario.

Por esos barrios pudo haberse paseado sigilosamente el error, que ahora el destino les quiere cobrar. En política, como en las guerras, subestimar el adversario puede costarle a uno la vida.

Sugerencias aparte, ahora ARENA ya tiene su comandante oficial, es Ávila, como todos sabemos, y hace buen rato que zarpó en su barco del puerto donde estaba anclado a la espera de salir al ataque de su adversario.

Allá en los mares donde se pescan a las masas, donde Funes hace tiempo que llegó, con la ayuda de una brújula del siglo pasado, encima de una lancha roja, ligera y dinámica de dos motores a propulsión, con una bandera que, a veces, es blanca y, a veces, negra con una calavera en el medio como la de un barco pirata controlando por primera vez en su historia los oleajes democráticos.

Ahí adonde Ávila ahora intenta llegar palanqueando, timoneando y dando bandazos de un lado a otro como mejor puede al mando de ese enorme crucero de 5 estrellas, hasta hora buque insignia de las mayorías, pero que hoy se tambalea.

No por fallos mecánicos, falta de medios, problemas en su GPS, ni siguiera por falta de experiencia o condiciones climatológicas, sino por un proceso viciado desde un principio, que amenaza seriamente al partido con hundirlo y desprenderlo del poder por primera vez desde que llegó al gobierno hace ya cerca de 20 años.

Hay un dicho sencillo que suele cumplirse con excesiva frecuencia que dice “lo que mal empieza, mal acaba”. Hay otro que reza “para solucionar un problema hace falta darse cuenta de su existencia”. Pero hay otro más relevante al caso que dice “es de sabios aceptar los fallos para corregir los errores”.

A espaldas del resto
Sabe Dios que fallos son aceptados como tal al interior de ARENA. Lo que parece claro es que cuando un grupo toma una decisión unilateralmente a espaldas del resto, al igual que se aceptan los elogios y el crédito cuando las cosas salen bien, se ha de asumir también toda la responsabilidad cuando las cosas salen mal.

No es que las cosas ya hayan salido mal, de momento, sólo son señales que amagan con convertirse en realidad, algo que puede llevar al partido a su travesía personal por el desierto, cosa que jamás le ha ocurrido desde que se creó.

El proceso de ARENA se limitó a personajes fieles al partido con perfiles específicos y dentro de ellos había uno que gozaba del apoyo explicito de los que mandan, o de los que mandaban aun más en ese momento en el partido, quien resultó, al final, ser el elegido.

Esta fase no se puede obviar como parte ajena en la ecuación del problema que ahora enfrenta el partido en las intenciones de voto de la ciudadanía expresadas en todas las encuestas.

Si el partido no despega parte del problema puede ser la persona que encarna su liderazgo. Hay otras causas al problema, pero esa es una de cajón.

Se apostó por un candidato “cercano” al “grupo” que lo designó del cual ahora se le quiere desasociar, se quitó por procedimiento arbitrario-administrativo algunos candidatos más autónomos, Francisco Laínes por ejemplo, se calificó todo el proceso como hecho democrático sin precedentes en la historia del partido y se subestimó la capacidad de arrastre del adversario, el FMLN.

Se habla de abrir espacios
Ahora que las cosas pintan mal, se habla de abrir espacios “de verdad” a personas ajenas para “trasformarse”, “reinventarse”, desvincularse del pasado y otras cosas por el estilo.

Esto deja colgando de un hilo lo que antes se presentó como “la democracia interna en ARENA va en serio”.

Se baraja, presionados por lo que está a un pelo de lo que puede ser la antesala del nerviosismo ante la derrota, todo tipo de medidas como posibles antídotos para frenar el riesgo del desastre y reconquistar la popularidad para que el buque insignia vuelva a gobernar las aguas de las encuestas que siempre le fueron favorables y que en los últimos 20 años se convirtieron en 4 dulces victorias, todas consecutivas.

Se habla, presumiblemente en serio otra vez, de “viraje radical” hacia el centro, de “volantazo” hacia “lo social”, que es, como ahora se dice, “lo que verdaderamente importa”.

Se habla de poner a un tipo listo llamado Arturo Zablah, como segundo hombre de abordo, que les criticó intensamente y a quien, hasta hace poco tiempo, se le había visto como un adversario más en la contienda electoral.

Bienvenido sea, mejor para la suavización de la contundencia, por no decir arrogancia, bajo la cual se ha manejado al partido.

Reinventarse o transformarse a fondo
Se habla de palabras gruesas y sesudas como “reinventarse”, “transformarse” a fondo como sí la vida y la memoria de un partido, sus leyes promovidas y aprobadas, sus fundadores, sus personajes históricos, sus declaraciones, sus obras, sus hechos, sus principios, sus militantes, sus patrocinadores, su forma de ver, hacer y respirar pudieran cambiarse de la noche a la mañana cuando las cosas feas y espesas rompen la paz del día.

Las reinvenciones no se hacen así como así, se requiere estar más que asustado, hay que encajar golpes, pasar por cosas dolorosas, hacen falta cambios profundos y tiempo. La cosmética bien pensada y maquillada puede funcionar pero hay que llamarla por su nombre.

Para empezar a reinventarse, a reciclarse a fondo hace falta apartarse por completo del grupo que ha venido gobernando el país estos últimos 5 años, así lo requieren los principios de las reinvenciones políticas.

Y eso desgraciadamente significa, para que sea creíble, apartarse también del candidato que resultó elegido a instancias del grupo del cual ahora parece requisito indispensable distanciarse, para apuntalar la credibilidad que tanto cuesta demostrar.

Así pues la situación para ese partido se presta difícil. ¿Cómo hacer para darle al candidato la frescura del cambio que necesita si éste es el resultado directo del poderoso grupo que lo designó, grupo que, según el electorado, sigue representado el “status quo”, estado del cual todos queremos alejarnos en estos tiempos de crisis?

La solución se ha encontrado en abrir las puertas de la casa del partido y dotar al candidato con una vicepresidencia de centro izquierda para promocionar el cambio y la reinvención del partido.

Mala gestión en el pasado
Para aquellos que intentamos escudriñar más a fondo los mensajes de la clase política y ver sus cartas bajo la manga, reinventarse en profundidad, como se dice, requiere caer en el vacío, aceptar y morder el polvo de la derrota, pasar por un duro proceso de recambios y relevos en los cuadros de mando, como resultado de una aceptada mala gestión en el pasado.

O, como poco, aceptar sin complejos, la crítica, los errores y los desaciertos, que es fase previa y necesaria para empezar a impulsar el cambio y encarar la reinvención de forma más creíble.

El riesgo de perder las riendas del poder
Eso de momento no parece ser el caso en ARENA, ahí no se habla de errores, ni de malas gestiones, ni de decisiones erradas. Se habla de “viraje radical”, de “reinventarse”, de “transformarse”, de “volantazo”, no por haber encajado una derrota, ni siquiera por la amenaza de encajar una, sino por el riesgo de perder las riendas del poder y lo que eso supondría para el futuro del partido.

Transformarse a fondo y a toda costa es perfectamente defendible y una opción válida, a veces obligada, dentro del juego democrático.

Pero los ciudadanos hemos de saber que un partido no se reinventa, no se transforma o se transmuta antes del alba tan felizmente, bajo la asesoría de arquitectos en política que sugieren quitar o poner piezas en las vicepresidencias.

Según la dirección del viento, dejando intocable al que se promovió y se designó por aquellos que todavía representan, ante los ojos de los ciudadanos, el orden de cosas de estos últimos 20 años, de quienes de repente todo el mundo parece querer desligarse y proclamar independencia, cambio, reinvención, divorcio con el pasado, etc. para arribar a los espacios de credibilidad que tanta falta hacen.

Por regla general, las reinvenciones o, lo que es lo mismo, las transformaciones profundas de partidos políticos ocurren después de un impetuoso reajuste interno donde, con frecuencia, suelen rodar cabezas, como melones cuesta abajo, normalmente a continuación, no antes, de una inesperada y apabullante derrota en las urnas, casi siempre, a falta de un indiscutible e incuestionable liderazgo.

Fuente: http://salvadorenosenelmundo.blogspot.com

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