Intenta Obama aprovechar la unión entre Berlín y John F. Kennedy

Por Olga Borobio.

Berlín.- La visita del aspirante presidencial demócrata estadunidense Barack Obama a esta ciudad a fines de mes, además de despertar polémica ha recordado la estancia que John F. Kennedy efectuó hace más de 40 años y el discurso que pronunció.

En ese entonces Kennedy dijo a su arribo “Ich bin ein Berliner” (soy un berlinés). Aquel 26 de junio de 1963 conmovió y, aun hoy, electriza a los berlineses.

En aquella época, esta histórica ciudad era el punto neurálgico del conflicto entre el Oeste, liderado por Estados Unidos, y el Este, con la desaparecida Unión Soviética a la cabeza.

En esta ocasión, Obama, candidato a la Presidencia de Estados Unidos, quien es comparado por un sector de opinión con John F. Kennedy, quiere pronunciar un discurso en la capital alemana, por lo que se ha generado una controversia.

La canciller federal Angela Merkel consideró “inusual” que se lleve a cabo en suelo germano, y en especial en Berlín, un acto de la campaña electoral estadunidense.

La frase de “soy un berlinés” quedó grabada en la historia y fue un momento clave para la entonces Alemania occidental, porque la ciudad de Berlín había sido divida con el levantamiento del Muro sólo dos años antes, en agosto de 1961.

El sector occidental avanzó hacia la autonomía política, mientras que el oriental, que Moscú mantenía férreamente atado a su esfera de influencia, fue quedando rezagado.

Berlín, con sus dos sectores, occidental y oriental, era una isla dentro del territorio de la ahora desaparecida República Democrática de Alemania (RDA), que pertenecía al bloque soviético.

Alemania había sido dividida en la República Federal de Alemania (occidental) y en la República Democrática de Alemania (oriental), como producto de la Guerra Fría entre Rusia y los países aliados occidentales (Estados Unidos, Francia y Reino Unido).

Kennedy fue recibido en la República Federal de Alemania, en línea con el bloque occidental de Estados Unidos y cuya capital era Bonn, por el entonces canciller federal Konrad Adenauer.

Aunque ninguno de los dos lo sabía, en ese junio de 1963 ambos dejarían los altos cargos que ocupaban pocos meses más tarde.

Adenauer renunció en octubre por un escándalo sobre represión de libertad de prensa, en el que el semanario Spiegel jugó un papel central. Kennedy fue asesinado en noviembre.

Cuando Kennedy estuvo en Berlín se encontraba en la cúspide de su carrera política y no sólo era un símbolo de las nuevas generaciones de la libertad, la democracia y el progreso económico, en los Estados Unidos posterior a la Segunda Guerra Mundial, sino para otros países.

La República Federal de Alemania era uno de ellos. Cientos de miles de berlineses acudieron a ver y escuchar el discurso que Kennedy pronunció al aire libre, teniendo como telón de fondo la alcaldía de Berlín occidental, la Rathaus Schöneberg.

El alcalde berlinés que lo recibió era Willy Brandt, quien años más tarde fuera canciller federal de Alemania.

La visita de Kennedy al sector occidental de la ciudad reflejaba, a dos años de la construcción del Muro, la relación especial de Estados Unidos con el occidente de Alemania y de Berlín.

Su juventud, su carisma, su intelectualidad y el ambiente de cambio que había en Berlín occidental y de la República Federal de Alemania, ejercían un fuerte magnetismo.

La relación de Berlín occidental con Estados Unidos estaba impregnada por el agradecimiento, debido a la ayuda que le prestó cuando la Unión Soviética aisló a ese sector en 1948 y 1949.

Para alimentar a Berlín occidental y salvarlo de la hambruna, Estados Unidos estableció un puente aéreo que funcionó en forma muy eficiente y que traían los víveres necesarios. Ese episodio es recordado por los alemanes cada año con ceremonias oficiales.

Los aviones estadunidenses que trajeron los alimentos fueron afectuosamente bautizados, en esos días de 1948, como “los bombarderos de pasitas”, nombre que conservan.

Eso fue porque los aviones que les traían comida a los berlineses occidentales eran militares, y las pasitas (uvas secas) eran un alimento muy gustado y escaso en esa ciudad, duramente castigada por la Segunda Guerra Mundial, que había terminado tres años antes.

Además, Alemania había recibido desde 1946 a 1960 casi 10 millones de paquetes Care, procedentes de Estados Unidos para mitigar el hambre de los alemanes, vencidos en la Segunda Guerra Mundial y hundidos en la pobreza. De ese total, Berlín occidental recibió tres millones.

El día que John F. Kennedy pronunció su histórico discurso aquí, el 26 de junio de 1963, se cumplían 15 años del puente aéreo.

El estadista estadunidense manifestó a los decenas de miles de berlineses occidentales congregados frente a la Rotes Rathaus:”Quiero decirles, en nombre del pueblo de Estados Unidos que vive a miles de kilómetros de ustedes, al otro lado del Atlántico, que mis conciudadanos estadunidenses están muy orgullosos de haber compartido con ustedes los últimos 18 años.

“No sé de ninguna otra ciudad que haya estado sitiada durante 18 años y que todavía viva con una vitalidad inquebrantable, con una esperanza inconmovible, con la misma fuerza y la misma resolución como hoy lo hace Berlín occidental”, dijo.

“El Muro es la demostración más grande y deleznable del fracaso del sistema comunista. El mundo entero vé esa prueba del fracaso. Ustedes viven y defienden una isla de la libertad(.)

“Todos los seres humanos libres, donde quiera que vivan, son ciudadanos de esta ciudad de Berlín occidental, y por eso, como hombre libre, estoy orgulloso de decidir: ósoy un berlinés!

“Los berlineses ahí reunidos ovacionaron a Kennedy y éste bajó del podio para sumergirse en la multitud. Las filmaciones de aquellos días muestran a los berlineses tocando a Kennedy, abrazándolo y vitoreándolo, y dan testimonio de la sonrisa entusiasmada de Kennedy.

John F. Kennedy no ha sido olvidado por Berlín en los 45 años transcurridos desde ese día. En la Plaza París, que se extiende al pie de la Puerta de Brandenburgo, se encuentra el Museo Kennedy, que plasma la biografía política del entonces Presidente, así como del significado de su familia en Estados Unidos.

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