A debate la sátira política en EU por dibujo sobre Obama

Por Oscar Santamaría.

Nueva York.- El polémico dibujo del aspirante demócrata a la Casa Blanca, Barack Obama, vestido como musulmán en la portada de la revista The New Yorker, abrió un nuevo debate sobre hasta qué punto puede llegar la sátira política.

En dicha portada, el senador afroamericano aparece vestido como un musulmán, con turbante incluido, mientras que su mujer, Michelle, está vestida como guerrillera afro tipo Panteras Negras con un fusil automático Ak-47.

Los dos están en lo que parece ser el Despacho Oval, en cuya pared cuelga un retrato de Osama Bin Laden y arde en la chimenea una bandera estadunidense. Se saludan con un choque de puños, algo que la pareja ha popularizado en los últimos meses.

El equipo del candidato demócrata a la Casa Blanca calificó el dibujo de “ofensivo” y de “mal gusto”.

Pero no todos opinan igual y coinciden con las explicaciones dadas desde la revista, que es de claro y abierto corte progresista.

Su objetivo, dicen desde The New Yorker, fue reflejar en tono satírico todas las críticas malintencionadas y todos los rumores y manipulaciones que han lanzado los enemigos de Obama contra él.

Los más radicales han dicho de todo: que es musulmán (cuando es cristiano) y que había ido a una escuela para aprender el Corán, repitiendo una y otra vez que su segundo nombre es Hussein.

También haciendo juegos de palabras con Obama y Osama y cuestionando su patriotismo. Su mujer tampoco se ha librado de los ataques, retratándola como una mujer con rabia contra los blancos por ser negra y con un agrio y combativo carácter.

David Remnick, editor de la reputada publicación, defendió la portada y dijo, tras la tormenta desatada, que volvería a dar su visto bueno.

“La idea es atacar las mentiras, malentendidos y distorsiones acerca de la familia Obama, sobre su pasado y sus políticas. Todos hemos escuchado las tonterías esas sobre que no son lo suficientemente patriotas o casi casi terroristas”, dijo a la CNN.

Es decir, su intención fue más defender al senador afroamericano que atacarle. Remnick se mostró confiado en que los ciudadanos estadunidenses lo entenderán así.

Pero las críticas han llovido desde la izquierda hasta la derecha. El virtual candidato republicano a la Casa Blanca, John McCain, usó las mismas palabras que la campaña de Obama para criticar la portada. Varios demócratas han llamado a boicot contra la revista.

Muchas de estas críticas caen dentro de lo “políticamente correcto”, de no salirse de tono, aunque se elimine de un plumazo la sátira y la ironía.

También tiene que ver con otra cuestión que pusieron de manifiesto varios guionistas de los programas televisivos nocturnos, como el de Jay Leno, David Letterman o Conan O´Brien, interrogados por The New York Times sobre este asunto.

Todos ellos coincidieron en señalar que es bastante difícil hacer bromas sobre Obama. Y eso por varias razones.

Lo primero por el tema de la raza, queriendo decir que al ser negro sólo les está permitido a los cómicos afroamericanos hacer chistes sobre este asunto, pues si los hiciera un blanco se entenderían como racistas.

Lo segundo es porque es una cara fresca que ha ilusionado a muchos, lo que haría que los guionistas de estos programas de actualidad en clave de humor no se quisieran meter demasiado con él al simpatizar con su candidatura.

Otra razón es que el aspirante demócrata no se presta tanto como lo han hecho otros candidatos a ironizar sobre él, como por ejemplo si se meten con la afición de Bill Clinton por las mujeres, la de Bush por el golf y la pesca o la edad de McCain.

Más allá, The New Yorker volvió a defender el derecho a la sátira política, algo que está presente en todas las campañas y en muchos programas de televisión como los anteriormente citados o los de John Stewart o Stephen Colbert.

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