.Propondrán capillas otomíes como Patrimonio Inmaterial de la Unesco. El INAH está por concluir expediente técnico para la postulación

México, 15 Jul (Notimex).- Guardadas celosamente entre casas de
tabicón y cemento, sobreviven las viejas capillas familiares otomíes,
en donde residen las ánimas de sus ancestros mecos (chichimecas), y
encuentran la protección, el poder y la continuidad de su linaje.

Consciente de la riqueza de esas capillas (unas 260
principalmente del siglo XVIII), el Instituto Nacional de
Antropología e Historia (INAH) pretende postularlas a la Lista
Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, de
la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (Unesco).

Diego Prieto Hernández, director del Centro INAH-Querétaro,
explicó que la postulación se hará a través de una propuesta basada
en la Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural
inmaterial, aprobada por la Asamblea General de la Unesco en 2003 y
ratificada por el gobierno mexicano en el 2005.

Recordó que este año se darán las primeras postulaciones para la
Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la
Humanidad.

“Contamos prácticamente con el expediente técnico concluido,
salvo algunas cuestiones de edición; será uno de los primeros bienes
postulados y motivo de orgullo para las comunidades hñahñu”, expresó.

El Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) abarca usos,
representaciones, idiomas, técnicas y saberes ancestrales relativos a
la salud, la naturaleza y el universo, expresados en tradiciones
orales, artesanías, ritos o fiestas, entre otros.

Cabe aclarar que este convenio no contempla el concepto de
“valor excepcional universal”, clave en el del Patrimonio Mundial,
pues su valor es el que le da la comunidad que lo mantiene vivo.

Hasta el momento, el inventario de estas antiguas capillas
familiares comprende alrededor de 260, principalmente del siglo
XVIII, distribuidas en el municipio de Tolimán y áreas menores de los
ayuntamientos de Colón, Ezequiel Montes y Cadereyta.

No obstante, agregó, existen varias de reciente construcción “y
que tendríamos que incorporar pues también son espacios para la
veneración de los ancestros”.

En los últimos tres años, el gobierno estatal ha destinado unos
18 millones de pesos para la restauración de casi 40 capillas y un
par de iglesias.
Sigue.

Propondrán/dos/iglesias.

Además, se intervino la iglesia de San Miguel Arcángel, en
Tolimán, mediante el Programa 3 x 1, que implica un presupuesto
tripartita entre capital de la Secretaría de Desarrollo Social
(Sedesol), del municipio y de las remesas de migrantes.

Lo que se ha logrado, continúo el antropólogo, “es un gran
interés por parte de las comunidades en el rescate de su lengua, sus
tradiciones, sus fiestas, sus danzas, su música y, en general, su
patrimonio cultural”.

En aquellas capillas que ya no tienen una función ritual, se
toman acuerdos respecto al uso que las poblaciones desean darles, sea
como pequeños museos comunitarios o como puntos de un circuito de
visita para aquellos turistas que llegan al aledaño pueblo de Bernal
atraídos por los “beneficios” del famoso monolito, considerado el
tercero más grande del mundo.

Un requisito importante para la inscripción en la citada Lista
Representativa es que la población esté de acuerdo con que se obtenga
esta declaratoria. Por ello, junto con la Coordinación Nacional para
el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) se consultó a cerca de
seis mil habitantes y surgieron 600 propuestas.

Beatriz Utrilla, responsable de la sección de Etnografía del
Centro INAH Querétaro, señaló que las principales inquietudes
estuvieron la conservación de sus rituales y de su entorno; además de
la recuperación de la lengua otomí, toda vez que sólo 30 por ciento
de la población la conserva.

De acuerdo con la especialista, pese algunas diferencias, las
capillas familiares otomíes guardan un esquema similar, es una
construcción en bóveda de cañón o de arista, vinculada con un pequeño
atrio exterior donde puede haber uno o varios calvarios, nichos o
justicia, en éstos se dispone la cruz del antepasado principal y
otras de menor tamaño correspondientes a miembros del grupo familiar,
también fallecidos.

“Existe una cruz que es la más grande y representa al primero de
este grupo parental, de hecho, se cree que las capillas se construyen
a la muerte del primer fundador de la estirpe”, comentó Utrilla.

También está un muro testero en el que está el altar, sobre el
cual se coloca la imagen del santo que preside la capilla (San Miguel
Arcángel, San Isidro, entre otros), que tiene conexión con el
ancestro principal, los cuadros de ánimas y algunos santos de
“preferencia”.

“Cada que moría alguien -apuntó- aumentaban figuritas en un
cuadro que se le conoce como de ánimas, entonces podemos ver
básicamente genealogías de los parientes de difuntos. Se cree que los
muertos se convierten en ánimas que pueden transitar entre este mundo
y el otro, y en Día de Muertos regresan”.

La pintura mural que algunas pueden contener sobre los muros
testero y parietal data en algunos casos del siglo XVIII, aunque
otras son más recientes. Los materiales constructivos dependen de la
región, así, en San Antonio de la Cal, la mayoría están hechas con
tierra del tepetate, algunas con barro y otras más con cal-arena.

Las capillas, distribuidas mayormente en los pueblos de San
Antonio de la Cal, San Miguel Tolimán y San Pablo Tolimán, así como
en La Higuera y en la zona de El Carrizalillo, son unifamiliar o de
barrio, y se utilizan en diferentes fechas: Día de Muertos, Semana
Santa, fiestas patronales, peregrinaciones a las elevaciones cercanas
(Peña de Bernal, El Zamorano y el Cerro del Frontón) o en Navidad.

“Todas las fiestas están marcadas por el ciclo agrícola, por la
venida del agua en sus diferentes estados”, concluyó.

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