Terroristas de USAID

USAID, oficina que financió a varios movimientos del obispo Fernando Lugo como Tekojojá, que publicó en su sitio web una confesión de la participación de esta agencia norteamericana en las elecciones paraguayas el 20 de abril (http://www.tekojoja.org.py/v1/news.php?id=1364), fue un organismo clave en el Operativo Cóndor.

Costa Gravas realizó su película Estado de Sitio basada en los últimos días del “experto en seguridad” Dan Mitrione.

Hoy su nombre esculpido en la pared de la Escuela de Policía de la Academia Nacional del FBI, lo recuerda como un “héroe que perdió su vida por defender los valores democráticos”.

Durante su entierro, el 15 de agosto de 1970 le rindieron homenaje por ser el hombre que “sacrificó su vida por el desarrollo pacífico del mundo occidental, y hasta Frank Sinatra y Jerry Luis le dedicaron canciones como a un “hombre perfecto y gran humanista”.

Entretanto al sur, muchos suspiraban aliviados ya que por fin fue ajusticiado uno de los torturadores más grandes en toda la historia del continente.

Dan Mitrione aparentaba ser un típico norteamericano que llegaba a Montevideo para trabajar en una organización o compañía estadounidense que se instalaron allí en los años 1960.

Su llegada no provocó ningún comentario. Era un hombre tranquilo y en su barrio lo conocían como un padre perfecto y respetuoso con sus vecinos sin acercarse demasiado a ninguno de ellos.

Decía que era un representante de la Agencia del Desarrollo Internacional de EE.UU. (USAID), de la cual portaba credenciales auténticas, como uno de esos amables burócratas de la embajada norteamericana que entregaron cheques a Camilo Soares, Guillermina Kanonikoff y otros izquierdistas arrepentidos durante la reciente campaña electoral en Paraguay.

Pero los empleados de la USAID, conocían su verdadera identidad.
Mitrione era el jefe de la Oficina de la Seguridad Pública con oficinas instaladas en el edificio central de la policía.

Su trabajo consistía en instruir a la policía uruguaya a base de la tecnología y métodos norteamericanos para lograr su mayor efectividad en la “lucha contra el crimen”.

Sin embargo, los delincuentes comunes no le interesaban. Era el final de los años 1960 y el comienzo de los años 1970.

Uruguay atravesaba una severa crisis económica bajo el gobierno de Jorge Pacheco Areco (1967-1972), debido a uno de los famosos acuerdos de austeridad firmado en 1968 con el Fondo Monetario Internacional.

Arreciaban las protestas, y la guerrilla urbana de los tupamaros intensificaba sus acciones al estilo de “Robin Hood”. También hacían públicos los decretos y acuerdos más secretos del gobierno uruguayo, secuestraban a los funcionarios más corruptos del gobierno y los sometían al Juicio Popular.

Y por supuesto, también divulgaban el rol de EE.UU. y de la CIA en la ola represiva y en la abierta violación de los más elementales derechos humanos en Uruguay.

Dan Mitrione logró formar un escuadrón operativo de policías selectos e instruidos por él mismo, y así supo que el Movimiento de Liberación Nacional —Tupamaros empezó a gestarse desde 1963 cuando su futuro líder, Raúl Séndic escribió un artículo titulado, “Esperando al Guerrillero”.

Para Dan Mitrione, la infiltración en las células de Tupamaros, que le sugirieron los oficiales de la CIA que dirigían la lucha contrarevolucionaria en toda América Latina, era un método válido, pero tomaría mucho tiempo..

A Daniel Mitrione su experiencia en la República Dominicana en 1965 durante la invasión norteamericana, le había enseñado que la tortura a los subversivos detenidos daba resultados más efectivos que un lento proceso de infiltración.

En una conversación con el agente de la CIA, el cubano Manuel Hevia Casculluela, que estuvo de acuerdo con él que el interrogatorio era un arte y requería un profundo conocimiento de psicología humana y la lectura de Freud y Jung.

El truco era lograr un dolor exacto en la parte precisa del cuerpo humano administrándole una descarga eléctrica de acuerdo a su condición física. Para esto también se necesitaba la presencia y participación de un médico.

Le contó a Manuel su experiencia en el Brasil donde se entrenaba a la policía, torturando a vagabundos. Así logró su primer invento, la silla para los choques eléctricos, bautizada por la policía brasileña como la “silla del dragón”.

Aprendió la técnica de producir la contradicción máxima entre el cuerpo del detenido y su mente, utilizando una descarga eléctrica precisa en el punto más vulnerable del ser humano.

La noche el 30 de Julio de 1970 al regresar a la casa, Dan Mitrione sentía que se estaba acercándose al núcleo de los Tupas. Ya tenía unos 150 detenidos, algunos en el sótano de su casa donde tenía una habitación herméticamente cerrada, a prueba del sonido, donde daba clases de tortura usando a “bichicomes” (mendigos) de Montevideo.

Lo que no intuyó esa noche es que los Tupas ya habían llegado a él y decidido acabar su carrera de torturador.

Al día siguiente, a unas cuatro cuadras de su casa, el paso de su carro fue cortado sorpresivamente por un automóvil del cual salieron tres hombres que dejaron inconsciente a su chofer y trasladaron a Mitrione a otro carro que desapareció en las calles de Montevideo.

Minutos después Mitrione ya estaba en la Cárcel del Pueblo de los Tupamaros. El 10 de agosto de 1970 fue ejecutado por decisión unánime de los líderes del movimiento y su cuerpo fue encontrado en la mañana en un carro robado.

Así acabó quien ordenaba secuestrar a mendigos de las calles de Montevideo, para dar clases prácticas de tortura a la policía política uruguaya.

En Montevideo, Mitrione era el jefe de la Oficina de Seguridad Pública. Oficialmente la OPS era una división de USAID, pero su director en Washington, Byron Engle, era una mano de la CIA.

Esa es la parte de la historia de USAID que no cuentan muchos de los seguidores del obispo Fernando Lugo, que con una de las famosas carpetas de proyectos bajo el brazo, recurrieron al embajador norteamericano James Cason para obtener dinero con el cual financiar su campaña proselitista.

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