Invita Jose Emilio Pacheco al festejo del centenario de Alí Chumacero.

* Recibe el poeta doble homenaje en el Centro Cultural Bella Epoca.

México, 16 Jul (Notimex).- Vía epístola, el vate José Emilio
Pacheco invitó a “celebrar, dentro de una década, el centenario del
inmortal Alí Chumacero”; la gente aceptó gozosa el convite, mientras
que “El mago de las letras mexicanas” consintió la iniciativa con un
silencioso guiño.

Chumacero, poeta, corrector de pruebas, prosista, fue objeto
anoche de un doble homenaje en la Ciudad de México. Por un lado, la
Lotería Nacional para la Asistencia Pública emitió un billete, para
el juego de ayer mismo, con su faz y su nombre.

En el acto, a nombre de la institución, Eduardo Alanís entregó
un cachito, amplificado unas mil veces, al bardo nayarita, quien lo
levantó con un gesto que reflejaba su gran felicidad por este hecho,
aunque “no tan grande, porque aún no me he sacado la lotería”.

Por el otro, sus alumnos y aprendices, a veces compañeros de
trabajo y otras tantas comparsas de tertulias literarias, Carlos
Montemayor, Vicente Quirarte y Eduardo Lizalde se enfrascaron en una
mesa redonda en la que afloraron sentimientos nobles, recuerdos
dulces y experiencias gratificantes.

El primero en tomar la palabra fue Montemayor, académico de la
lengua, quien recordó la forma como conoció a Chumacero: “cuando
publiqué mi primer libro en el Fondo de Cultura Económica, lo llegué
a conocer de manera más personal, porque a él le correspondió hacerle
todas las correcciones”.

Los adjetivos permearon sus comentarios. Por ejemplo, dijo que
es “el pilar de las revistas literarias de la Ciudad de México” y
también lo llamó el “hacedor del perfil de la cultura mexicana del
siglo XX”, entre otro epítetos.

Los recuerdos se agolparon en la mente del orador, quien más
adelante dejó ver que uno de los más grandes momentos que han vivido
juntos fue cuando coincidieron en la Academia Mexicana de la Lengua,
donde, dijo Montemayor, “tuvo otra perspectiva, más humana, el trato
diario entre el maestro Chumacero y yo”.

Una nueva etapa que pasaron como grandes camaradas fue en el
marco del Centro Mexicano de Escritores, al que ambos pertenecieron.
“Durante cerca de 25 años, todos los miércoles, en mi casa, nos
reuníamos para leer, estudiar y analizar la poesía de los jóvenes
becarios. Fue una etapa absolutamente maravillosa”.

Montemayor también se refirió ante las decenas de personas
reunidas en el auditorio del Centro Cultural Bella Epoca a la leyenda
que dice que Chumacero corrigió los libros de Juan Rulfo. “Fue un
joven canadiense quien lo dijo, admirado por el cúmulo de
correcciones sobre los textos originales”.

Sigue

Invita Jose Emilio. dos. originales”

Agradecido, añadió que de “su” maestro aprendió a escribir, pero
también a sonreír. “Recuerdo las historias arrancadas al anecdotario
sobre los escritores anteriores a su generación; eran historias
maravillosas”, porque lo mismo aportaban enseñanzas de oro que
arrebataban la carcajada espontánea.

El moderador Martí Soler cedió entonces la palabra a Vicente
Quirarte, quien con tono formal e impávida expresión reseñó los años
cuando Chumacero hacía su cotidianeidad en las calles del Centro
Histórico de la capital del país. “Su día transcurría entre
conquistar a las meseras, leer, escribir, vino y el café de chinos”.

Ahí, continuó, el joven Alí andaba por las calles y en ese andar
se gestó el hombre de letras, el poeta y el gran hombre que es hoy.
Preparaba desde entonces su futuro ingreso a la Academia Mexicana de
la Lengua con su discurso “Acerca del poeta y su mundo”.

Al identificarlo como “El poeta mayor”, Quirarte anotó que
“siempre argumenta con modestia que él no es más que un corrector de
pruebas. Lo asombroso es que no todos los correctores de pruebas
pueden ser poetas, y más difícil es que un poeta pueda ser corrector
de pruebas; él es ambas cosas”.

Eduardo Lizalde fue más parco en su decir: “vengo celebrando a
este gran poeta desde que empezó a escribir”, subrayó al añadir que
“su ob

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