Quiahuistlán, sitio autosustentable desde hace más de 2 mil 800 años. Se retomó el sistema de almacenamiento de agua pluvial que teníanlos totonacos

México, 17 Jul (Notimex).- El sitio arqueológico de Quiahuixtlan
-cuyo nombre significa “Lugar de la lluvia”-, ubicado en la faja
costera de Veracruz, en el municipio de Actopan, sobre el Cerro de
los Metates, es un claro ejemplo del aprovechamiento de recursos
naturales que inició desde el 800 a. C., y que continúa hasta la
fecha.

Hace más de dos mil 800 años, culturas prehispánicas, como la
totonaca, basaban parte de su supervivencia en el aprovechamiento del
agua de lluvia, la energía solar y productos del mar (las conchas de
los ostiones, que contienen altos niveles de calcio), así como la
explotación de los recursos naturales (energías renovables).

Quiahuixtlan, asentamiento que funcionó como cementerio, ciudad
y fortaleza, está localizado a poca distancia de donde Hernán Cortés
estableció materialmente la primera Villa Rica de Veracruz.

Está considerado como uno de los sitios totonacos más hermosos
de la costa veracruzana, debido a su altura -150 metros sobre el
nivel del mar- que permite el dominio parcial de la costa.

Las condiciones geográficas del Cerro de los Metates, que en
total alcanza los 300 metros sobre el nivel del mar, dificultaban el
abasto de agua a la población que habitaba en el sitio y que de
acuerdo con las investigaciones llegó a 15 mil habitantes.

Sin embargo, no hubo escasez del líquido porque los totonacas
implementaron un sistema de captación de agua pluvial para abastecer
a la comunidad.

Por lo que en la cumbre del cerro instalaron contenedores para
almacenar el agua, y después transportarla mediante un sistema de
ductos hasta la parte habitacional, y de ahí distribuirla hacia el
centro ceremonial y los panteones.

Inmerso en un ecosistema de sabana tropical, el Cerro de los
Metates permitió la filtración del líquido y con ello se evitó que en
la época de secas -de noviembre a diciembre- el agua faltara.

En la zona arqueológica se retomó este tipo de actividades y
aunque ahora no se instaló un contenedor en la cima del cerro, se
sigue almacenando agua pluvial, para ello se construyó una cisterna
en la parte conocida como el cementerio central, junto a la caseta de
vigilancia.

Sin embargo la reutilización del agua proveniente de la lluvia
no es el único recurso natural que aprovecha el INAH en el sitió. En
1998, después de una inundación que dejó incomunicado al lugar, se
instaló una celda solar para dotar al sitio de comunicación.

La celda -de metro y medio de lago y casi tres de alto-,
abastece de energía a los radio comunicadores de los custodios que
trabajan en la zona arqueológica y que permanecen constantemente
comunicados con el Centro INAH Veracruz.

“Gracias a estas celdas y a la energía que proporcionan para las
pilas de nuestros radios tenemos mejor comunicación con las
autoridades del INAH y podemos avisar en el momento de cualquier
imprevisto y evitar contingencias”, reconoció Ramiro López Jiménez,
custodio de la zona.

No obstante, este sistema de celdas solares todavía no
proporciona alumbrado en todo el lugar, por lo que el horario de
visita se restringe de 09:00 a 17:00 horas, de lunes a domingo.

Quiahuixtlan, lugar que recibe la visita de casi cuatro mil
personas al mes, también es considerado como un parque natural, por
lo que para evitar la contaminación del ecosistema se decidió
instalar el servicio de sanitarios ecológicos o secos.

Esta instalación en lugar de agua utiliza cal, para evitar que
se contaminen las lagunas que se localizan a las faldas del cerro,
donde se cultivan moluscos, crustáceos y peces, que ayudan a
subsistir a los pescadores de la región.

Todos estos elementos y sistemas de energías renovables hacen
del “Lugar de la lluvia” un sitio sustentable, como Xochicalco o el
mismo Monte Albán, que también aprovechan los recursos naturales para
dar los servicios a los visitantes.

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