Es García Márquez icono de las letras universales: James Karmooch.

* El ensayista neoyorquino completa aquí investigación de la estancia en México del Nobel de Literatura.

Cuernavaca, 23 Jul (Notimex).- Para el periodista y ensayista
neoyorquino James Karmooch ocuparse de escritores de fama mundial
mientras están vivos, no significa contribuir a acrecentar la
publicidad que los rodea.

Por el contrario, aseguró, representa una oportunidad para
redondear con esfuerzo e investigación pasajes poco accesibles de sus
vidas y comprender con ello mejor sus obras.

Karmooch se encuentra en México para completar un libro de
ensayos semi biográficos sobre el escritor colombiano Gabriel García
Márquez, al cual ha dedicado más de cinco años y en el que develará
algunos pasajes poco conocidos de la vida del autor de “Cien años de
soledad”.

Entrevistado durante su estancia en Morelos, dijo que para la
fase que involucra la vida del Nobel de Literatura 1982 en México
entrevistó a integrantes del Sistema Nacional de Creadores Eméritos,
quienes aportaron sus opiniones y anécdotas sobre el autor.

“Para entender la obra de García Márquez es necesario conocer a
fondo su vida. Sólo de esa manera pueden comprenderse el gran número
de arquetipos que rodean su trabajo”, afirmó Karmooch, quien a
diferencia de otros interesados en el tema, confesó jamás haber
intentado sortear la consigna del autor de no conceder entrevistas.

Aseguró que el buen-mal humor de García Márquez ha sido siempre
legendario. “Puede lanzar diatribas amargas contra algún periodista
que trate de sortear su consigna de no conceder entrevistas, y
segundos después sonreír y sacarle la lengua en son de tregua.

“Esa personalidad tiene mucho de sus raíces, de su contacto con
una familia tan extraña, fantástica y arquetípica como los personajes
de sus libros.

“A una de sus tías, Francisca, le gustaba tejer. Todos los días
el niño Gabriel le preguntaba por aquella colcha a la que había
dedicado varios meses de trabajo. La mujer le contestaba que era una
alfombra mágica para emprender un viaje.

“El día que el niño Gabriel vio la tela terminada fue en el
funeral de Francisca. Era la sábana mortuoria con la que ella había
pedido ser envuelta poco antes de suicidarse”, refirió.

Enigmas humanos como ese calaron hondo en el alma de aquel
pequeño nacido en Aracataca, quien lejos de sus padres, que vivían en
Rioacha por cuestiones de trabajo, encontró su principal refugio en
su abuelo, el coronel Nicolás Márquez.

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Es García Márquez. dos. Márquez

“El patriarca Don Nicolás, a quien Gabo recuerda como la figura
arquetípica más trascendente de su existencia, respondía siempre sus
preguntas con amenas fábulas e historias, con moralejas que, sin
saberlo, conformarían la principal influencia literaria de García
Márquez”, indicó el ensayista estadounidense.

Como todo joven ajeno a la era de la televisión, añadió, Gabriel
se refugió en los libros de aventuras como “Viaje al centro de la
Tierra”, “Veinte mil leguas de viaje submarino”, “De la Tierra a la
Luna” y “Moby Dick”.

Pero sobre todo en universos como el de Emilio Salgari, a quien
reconoció como su primer amigo cálido e incondicional en su etapa de
estudiante, abundó.

Después de trasladarse en 1949 a Barranquilla entró a trabajar
como reportero a los diarios “El Universal” y “El Heraldo de
Barranquilla”.

A la par de su paso por las redacciones, García Márquez devoraba
libros comprados y prestados de Albert Camus, James Joyce, Ernest
Hemingway, Franz Kafka y William Faulkner, que igual que torres
babilónicas se acumulaban en su pequeño cuarto de una pensión
atestada de ratones, cucarachas y chinches ubicada en una de las
zonas más populares de la ciudad, conocida irónicamente como la
“calle del crimen”.

“En esa época -indicó- comenzó también a vivir la bohemia con el
llamado Grupo de Barranquilla, que estaba integrado principalmente
por periodistas, poetas y escritores, todos ellos encabezados por el
dueño de una librería de viejo llamado Ra

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