Declara Bloomberg guerra a la obesidad en Nueva York

Por Oscar Santamaría.

Nueva York.- Después de declarar la guerra al tabaco, el alcalde Michael Bloomberg ha emprendido una batalla contra la obesidad, imponiendo a golpe de normativas hábitos de alimentación más saludables entre los neoyorquinos.

Recientes estudios muestran que Bloomberg está ganando el pulso contra la nicotina, con niveles récord de personas que están dejando el cigarrillo forzadas por la prohibición de fumar en cualquier espacio cerrado de la ciudad, excepto los domicilios privados.

También ha ayudado al aumento en el precio del tabaco –cerca de 10 dólares por cajetilla- y la mejora en los servicios de atención a aquellos que quieren dejar fumar.

Ahora, se ha fijado otro enemigo a batir: la obesidad. De acuerdo a cifras oficiales, el 54 por ciento de los adultos y el 43 por ciento de los niños neoyorquinos tienen sobrepeso u obesidad.

La tasa nacional sube hasta el 65 por ciento. Además, seis de cada 10 muertes en el país están relacionadas con una pobre alimentación.

A pesar de que Nueva York es la ciudad de Estados Unidos en la que más caminan sus ciudadanos. También es, junto con Los Angeles, en la que ha cundido la moda de productos orgánicos, de hacerse vegetariano y asistir a los gimnasios en masa.

Aún así, el estrés marcado por el frenético ritmo de actividad que impone la Gran Manzana, el escaso tiempo para almorzar entre semana y la mega oferta de comida chatarra, hace que los hábitos alimenticios de los neoyorquinos no sean siempre los más saludables para llevar una dieta equilibrada.

Otros estudios han señalado algún tipo de vinculación entre la pobreza con la obesidad. Es decir, es en los barrios más pobres de Nueva York donde se registran mayores tasas de sobrepeso.

Una de las razones es que en estas zonas no llegan alimentos saludables, como por ejemplo, leche desnatada.

La ciudad ha puesto en marcha un programa piloto para facilitar la distribución de este tipo de productos en dichos barrios.

Los datos vuelven a hablar por sí solos: de las 10 millones de raciones servidas cada mes en la ciudad, un tercio son de comida basura, cuyos menús superan en al menos 300 calorías las 750 recomendadas por nutricionistas en cada comida.

Eso, a pesar de que este tipo de establecimientos suponen sólo el 10 por ciento de todos los locales de comida y restaurantes de la ciudad. No obstante, sirven un tercio de las raciones consumidas.

Para revertir esta tendencia, Bloomberg ha abierto dos frentes:

Uno, prohibir las trans-fats, las grasas artificiales también conocidas como “aceite vegetal parcialmente hidrogenado”, con tantas calorías como otras grasas pero con una preocupante particularidad: bloquean las arterias.

Hace 18 meses, los restaurantes neoyorquinos dejaron de utilizarlas como aceites para cocinar, aunque el ayuntamiento les dio una moratoria que acabó hace un par de semanas con la prohibición de los productos con grasas-trans.

A partir de ahora empezarán a multar de hasta dos mil dólares a quienes no cumplan la ley.

Nueva York se convirtió así en la primera ciudad estadunidense que prohíbe estas grasas artificiales presentadas en los años 1980 como la gran alternativa a los aceites de origen animal.

Ahora los nutricionistas dicen que el sello “100 por ciento vegetal” ya no es ninguna garantía: aunque la grasa vegetal es inofensiva, el tratamiento industrial (la hidrogenación) para prolongar la vida de los alimentos y potenciar su sabor no lo es.

Cadenas como Dunkin” Donuts, Burger King, McDonalds, KFC y Pizza Hut dicen haberlas eliminado de sus locales neoyorquinos y prometen hacer lo mismo en el resto, en el caso de Pizza Hut incluso alterando la receta de su pizza “crujiente”. Todos están utilizando Nueva York como un laboratorio.

El segundo frente abierto por la alcaldía fue obligar a todas las marcas con más de 15 establecimientos en todo el país –de nuevo la diana son las multinacionales de comida chatarra- a informar con todo detalle el número de calorí

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