La industria petrolera requiere modelos empresariales avanzados .Por Pedro Miras Salamanca / Notimex.

Dirigir una empresa petrolera no es equiparable a otras
actividades empresariales. La industria petrolera es tremendamente
compleja y se ve condicionada por muchos de los aspectos claves de la
vida económica, política y social sobre los que, a su vez, también
influye. Por ello, esta actividad requiere habilidades específicas en
personal y cuadros directivos así como modelos empresariales
avanzados.

El desarrollo económico está ligado al abastecimiento de energía
y, seguramente, durante mucho tiempo al del petróleo. Por ello, se
trata de una actividad de alta sensibilidad social.

La seguridad de suministro, los niveles de precios o los
aspectos del medio ambiente influyen y condicionan de forma
importante el nivel de vida de los ciudadanos. Las administraciones
conocen esta sensibilidad y reaccionan en consecuencia elaborando
normativa acorde con estas preocupaciones.

Adicionalmente la influencia de los parámetros internacionales
suponen una dificultad extraordinaria. Los mercados internacionales
de crudo y productos muestran alta inestabilidad de muy difícil
estimación. La volatilidad de los parámetros financieros, los
omnipresentes aspectos geopolíticos -cuya enumeración resultaría
amplísima y, siempre, de actualidad- o la incertidumbre regulatoria
en ciertos países productores y consumidores requieren amplias dosis
de habilidad, capacidad de predicción y prudencia.

Por último, la tecnología juega un papel crucial en esta
industria. Constantemente se requieren nuevos saltos tecnológicos ya
sea en el upstream -desarrollos en aguas profundas, territorios
árticos o arenas bituminosas- o en el downstream -nuevas
especificaciones, reducción de emisiones o cobertura de la demanda
basada en productos claros-. Estos desarrollos requieren un
importante capital humano y financiero (la Agencia Internacional de
la Energía estima cuatro mil 400 millones de dólares para el periodo
2005-2030).

Una industria afectada por condicionantes tan relevantes
requiere un tejido empresarial y profesional muy selecto. Tres son
las características que resultan ineludibles para afrontar estos
retos. La capacitación del personal, la gestión del conocimiento y la
adaptabilidad.

En cuanto a la capacitación, se precisa personal con amplios
conocimientos, sólidas bases de formación y aquilatada experiencia.
Los conocimientos no sólo deben ser académicos sino también han de
abarcar otros aspectos. Esta industria se fundamenta en relaciones
internacionales y multidisciplinares y la formación humanística es,
en la mayoría de los casos, también muy valiosa.

Por otro lado es preciso no sólo atraer a los mejores
profesionales sino mantenerlos constantemente al día y retenerlos a
largo plazo. Así, los programas de reciclaje y formación continuada
resultan primordiales y los esfuerzos en este campo siempre tienen un
alto rédito.

La experiencia acumulada resulta, también, esencial.
Profesionales experimentados aportan conocimiento práctico y
relaciones interpersonales difíciles de obtener mediante formación.
Por ello, aquellos que sean capaces de retener este conocimiento,
incluso más allá de la estricta relación laboral, tendrán ventaja
frente al resto por lo que hay que ser cuidadoso con los programas de
optimización de plantillas.

En el reciente 19 Congreso Mundial del Petróleo, que se llevó a
cabo en Madrid del 29 de junio al 3 de julio, se debatieron algunos
de estos aspectos. Una de las conclusiones que surgieron del mismo
fue la necesidad de atraer jóvenes valores para esta industria. Con
el permiso del Congreso, habría que añadir la importancia de retener
a las personas que aportan experiencia y conocimiento.

La gestión del conocimiento es la segunda de las claves del
liderazgo. Es común en todo tipo de negocios la necesidad de capturar
el saber existente en las organizaciones, distribuir el mismo a otros
ámbitos, así como fomentar su creación. En la industria petrolera se
muestra aún mas relevante que en otras actividades.

Para ello, las nuevas tecnologías forman parte, ya, de las
compañías más exitosas. Implementación de comunicaciones vía
Internet, el uso masivo de la digitalización, la eliminación de
procedimientos burocráticos obsoletos, la extensión de herramientas
de colaboración y coordinación de grupos -groupware, teamware-, el
fomento de bases de datos accesibles y compartidas o la investigación
en la implantación de sistemas de inteligencia artificial o redes
neuronales, son algunos de los campos de trabajo en este ámbito.

La adaptabilidad es el tercer factor. En un entorno cambiante es
preciso contar con estructuras y profesionales flexibles con
capacidad de comunicación y entendimiento con una multitud de agentes
muy diversos.

Administraciones, agentes sociales, compañías, proveedores,
clientes o tecnólogos en distintas culturas y entornos sociales hacen
de la flexibilidad y capacidad de adaptación un requisito también
ineludible. La apertura a profesionales de todas las procedencias que
aporten estos parámetros es otra de las claves del éxito.

La industria petrolera del siglo XXI tiene una de las más altas
responsabilidades en la sociedad. Gran parte de la energía que se va
a consumir será a través de su actuación.

Es preciso no fallar y hacerlo de forma comprometida con las
demandas sociales. Buscar la máxima eficiencia económica mediante
precios adecuados, asegurar el suministro y ser respetuosos con el
medio ambiente deben ser objetivos de las compañías petroleras tan
importantes como maximizar sus legítimos beneficios.

Para ello se requieren habilidades diversas y complejas
adquiridas, en la mayoría de los casos, a partir de la formación y
experiencia en el sector. La capacidad para combinarlas es el mejor
de los liderazgos.

(El autor es rector de Petróleo en la Comisión Nacional de Energía y
vocal de Corporación de Reservas Estratégicas de España)

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