Austeras fiestas patronales en San Salvador

Por Arely Muñoz.

San Salvador.- Los salvadoreños celebrarán las fiestas religiosas de esta capital en honor al Divino Salvador del Mundo con austeridad por el alza en los precios de los alimentos derivada en buena parte del incremento de precios del petróleo.

Aunque la festividad -que será del 1 al 6 de agosto próximo- es sólo de los capitalinos, toda la población la asume como suya, por lo que la feria se convierte en la más importante de este país centroamericano y paraliza a casi todo el territorio nacional.

Sin duda, este año la fiesta agostina será diferente a las anteriores porque la población enfrenta una difícil situación económica, situación que ya toman en cuenta los vendedores que participarán en la feria, que anticiparon una baja de sus ventas.

El encargado de los festejos, Alfredo Menéndez, confirmó a Notimex que los preparativos están casi listos y el optimismo es grande pese a las dificultades por las que atraviesa la población.

La fiesta arrancará en la madrugada del 1 de agosto con las alboradas y la serenata en la que participan diversas bandas de música y ese mismo día la alcaldesa de la capital, Violeta Menjívar, encabezará el llamado Desfile del Correo.

Miles de ciudadanos se dan cita para ver el desfile que encabezan las carrozas, entre las cuales figura la que llevará a la reina de belleza de San Salvador, Yanci Catania Alvarez, electa el fin de semana pasado.

Los personajes de la cultura popular como el diablo, la ciguanaba, El Cipitío y los Muñecos Gigantes de Jocoso, junto con una importante cantidad de artistas y payasos animarán la actividad.

El campo ferial se ubicará en el conocido espacio de la Iglesia Don Rúa, sitio donde se ubican los puestos de venta de comida, dulces típicos y los juegos mecánicos, que constituyen el deleite de chicos y grandes.

El festejo capitalino se remonta al 6 de agoto de 1528 cuando se celebró por primera vez en un pequeño poblado situado al sur de la ciudad de Suchitoto, donde fue reasentada la villa española de San Salvador, la cual fue fundada tres años antes por Pedro de Alvarado.

En esa ocasión, frente a un pequeño grupo de moradores ibéricos e indígenas, el sacerdote Francisco Xíménez ofició una misa a campo abierto para conmemorar la Transfiguración de Jesucristo en el Monte Tabor, según la historia que tiene la alcaldía de San Salvador.

De esa forma, la población católica cumple con la disposición establecida en 1457 por el Papa Calixto III, quien ordenó que la transfiguración fuera celebrada con solemnidad el seis de agosto de cada año “hasta el fin de los tiempos”.

Los días 5 y 6 de agosto son los días más importantes de la festividad, fechas en que miles de personas manifiestan su religiosidad.

El 5 de agosto se realiza la procesión de La Bajada o Transfiguración de Jesucristo, que inicia con el recorrido de la imagen de Jesús en una carroza hasta llegar al atrio de Catedral Metropolitana, donde una multitud espera el espectáculo.

La figura del Divino Salvador del Mundo se esconde y luego vuelve a salir con su ropaje reluciente, hecho con finas telas y bordados confeccionados cada año por fieles devotos, y en ese momento, las personas entonan bellos cánticos en su honor.

Miles de personas se trasladan desde el interior del país hacia la capital para participar en la ceremonia religiosa que se celebra al aire libre.

El 6 de agosto los obispos del todo el país -encabezados por el arzobispo de San Salvador y otros sacerdotes de Centroamérica- son invitados para concelebrar la solemne misa de la Transfiguración de Jesucristo, con lo cual se pone fin al festejo.

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