.Literatura, al servicio de las pasiones políticas.Por Juan Carlos Castellanos.

México, 27 Jul (Notimex).- El mundo político ha descubierto el
poder de la pluma y lo utiliza con total impunidad para presentar la
historia según el evangelio de. Sin embargo, como lo señala el
gerente editorial de Ciencias Sociales, Humanidades e Interés
General, del Fondo de Cultura Económica, Martí Soler, el problema
surge cuando los políticos no son capaces de probar sus afirmaciones.

Hoy en día, coinciden diversos editores y escritores, la clase
política mexicana utiliza a la literatura para dirimir sus pasiones,
ajustar cuentas, justificar sus acciones o bien contar “sus
verdades”.

Personajes como José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos
Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Manuel Camacho Solís, Andrés
Manuel López Obrador y más recientemente Manuel Espino y Porfirio
Muñoz Ledo, han seguido los pasos de Francisco I. Madero, quien en
1909 publicó “La sucesión presidencial de 1910”, texto en el que
plasmó su percepción sobre Porfirio Díaz y la necesidad de unas
elecciones libres.

El pasado martes, Porfirio Muñoz Ledo presentó su libro “La
ruptura que viene” (Random House Mondadori), un hecho que, dice el
poeta y editor Alí Chumacero, define cuál es la relación que tiene un
político con el resto de la población, así como su clara posición
ideológica.

En sus libros, los políticos acusan, señalan, descubren, revelan
y justifican. Sin embargo, Martí Soler insiste en que quienes hacen
libros para descalificar a adversarios políticos, o inscritos en
cualquier otro terreno de la actividad humana, deben presentar
pruebas.

“Cuando un político se mete a elaborar libros para su provecho,
evidentemente no es una buena manera de llegar al público. Sin
embargo, es gente que tiene el derecho de expresar sus ideas de
cualquier manera, incluso con un libro”, precisó.

Para el escritor y ex director de Literatura del INBAL, Felipe
Garrido, lo mismo hay libros nobles, que despreciables. “Los libros
cumplen su función cuando sirven como vehículo para que las palabras,
las ideas y los sentimientos circulen.

Sirven para que la gente exprese sus ideas, para que ataque, se
defienda, calumnie, diga la verdad o para que diga mentiras; los
libros no son santos, nobles ni buenos por sí mismos, los hay nobles
y los hay abyectos”.

Sigue.

Literatura/dos/abyectos”.

Recientemente, diversas editoriales han lanzado libros como
“Señal de alerta”, de Manuel Espino (Planeta, 2008); “El desacuerdo
nacional”, de Manuel Camacho Solís (Aguilar, 2007); “La Década
Perdida 1995-2006. Neoliberalismo y Populismo en México”, de Carlos
Salinas de Gortari (Debate, 2008), y “Los socios de Elba Esther”, de
Ricardo Raphael (Planeta, 2007).

En 2006, el ex candidato Andrés Manuel López Obrador publicó “La
mafia nos robó la Presidencia; sólo le han quitado una pluma a
nuestro gallo” (Grijalbo), en el que el político tabasqueño contó su
visión de la historia de las elecciones más reñidas en México.

En el pasado también se publicaron “A Los Pinos”, de Vicente Fox
(Océano, 1999); “Ahora es cuándo”, de Carlos Medina Plascencia
(Océano, 2004); “Somos muchos”, de Jorge G. Castañeda (Planeta,
2004); “Proyecto alternativo de nación”, de Andrés Manuel López
Obrador (Grijalbo, 2004).

Garrido, por cuyas manos han pasado miles de libros a lo largo
de su vida, señala que hay ejemplares que son notables y otros
totalmente deleznables, ¨Por qué?, “porque detrás de un libro,
siempre hay una persona”.

No es raro que cerca de la fecha de unas elecciones, las mesas
de las librerías se llenen con la oferta de libros políticos. Sin
embargo, el éxito de un libro escrito por un político puede variar
mucho.

Por ejemplo, en Estados Unidos el libro del ex presidente Bill
Clinton, “Mi vida” (Random House Mondadori, 2004), tuvo un tiraje de
dos millones 600 mil copias, un fenómeno sólo comparado con el del
quinto volumen de Harry Potter, que vendió más de 500 mil ejemplares
el día de su lanzamiento.

En México, los libros de autores polí

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