Por ser mujeres

Muchas veces presumimos nuestros adelantos como sociedad, para en cualquier momento caer en cuenta que no somos lo que creemos.

Entre otras cosas, porque a cada rato hay en casi todas las ciudades del mundo parejas o maridos asesinan a sus mujeres; en Chile ya son 53 las muertas este año.

En varios lugares se suceden los vejámenes contra mujeres de todas las edades y condiciones por el solo hecho de serlo.

Y las víctimas son noticia unos pocos días, y después nada se sabe de ellas; hasta que vuelven a ocurrir otros crímenes similares y se les menciona cuando mucho, como parte de las estadísticas.

Retomando lo que ha pasado en los últimos meses en nuestro país por ejemplo. a pocas horas de celebrarse el pasado 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer, se informó que una niña chiapaneca fue vendida por su padre como si fuera mercancía para pagar una deuda de ruleta; y que a una mujer indígena, los caciques le impidieron ser alcaldesa.

Un mes después en Irak, la periodista Nasrin Afzali fue condenada a medio año de cárcel y diez latigazos porque como mujer no puede “alterar el orden público”, según informó la agencia de Noticias AFP, citando al diario Etemad Melli de Teherán.

De acuerdo con el cable, el “crimen” cometido por Afzali, fue haber estado en marzo del 2007, en una concentración ante el tribunal revolucionario de Teherán, que estaba juzgando a varias mujeres.

Fue inútil que la periodista se defendiera advirtiendo que estaba ahí en su calidad de reportera, que cubría el juicio que se seguía contra varias muchachas cuyo único “delito” fue participar en una marcha feminista en junio de 2006; por esta causa, algunas de ellas están todavía actualmente en prisión.

En cuanto a lo sucedido en México, una nota publicada por El Universal y escrita por la periodista Dinorath Mota, explica que una niña de 12 años llamada Magdalena, se convirtió de la noche a la mañana en el pago de una apuesta hecha por su padre.

Magdalena vivía tranquilamente con su familia en el municipio de Acaxochitlán, ubicado de la sierra otomí-tepehua, a unos 70 kilómetros de Pachuca.

Pero una tarde su papá se juntó con sus amigos y al calor de cervezas y aguardiente, le dijo a un compadre que en lugar de dinero jugaría a su hija.

La apuesta especificaba que si Pedro perdía la niña tendría que casarse con un hijo del compadre. Perdió, le reclamaron el pago y de inmediato se programó el casorio.

Pedro le informó las cosas a Magdalena; y la niña inconforme y triste, se escapó y fue a la cabecera municipal de Acaxochitlán, a explicar que querían casarla por la fuerza.

Afortunadamente las autoridades obligaron a Pedro a respetar la voluntad de su hija; y Magdalena pudo volver a sus estudios y juegos.

El otro caso es el de Eufrosina Cruz, india zapoteca que denunció ante el presidente Felipe Calderón que en México, la igualdad de género “duerme como niño en el rebozo de su madre”.

Por nota publicada por La Jornada y escrita por la reportera Claudia Herrera Beltrán, nos enteramos que Calderón estaba en Morelos celebrando el Día Internacional de la Mujer y el anuncio del programa Proigualdad, cuando Eufrosina relató que por ser mujer le impidieron ser alcaldesa de Santa María Quiegolani, Oaxaca.

Ella había sido candidata a la presidencia municipal de Quiegolani y ganó; pero los “caciques, el poder, la violencia, la intimidación y la intolerancia de los hombres del poder me arrebataron el triunfo que mis paisanos me habían concedido”.

Una de las formas de parar esas y muchas agresiones más, es la denuncia; que además permite que nos demos cuenta del estado en el que está nuestra sociedad, para dejar de nos vanagloriamos de ser civilizados.

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