“Estaciones de oración” entre las prisas y el ruido de Manhattan

Por Oscar Santamaría.

Nueva York.- Las Estaciones de Oración, púlpitos callejeros portátiles desde los cuales se dan sermones o se reza en grupo, han vuelto con más fuerza a reaparecer en diversos puntos del país, como la popular plaza de Union Square de Nueva York.

En este céntrico lugar, en el corazón de la Gran Manzana, Shawn Holes lleva varios días instalando su “prayer station”, que consta de una mesita con una pancarta, un amplificador y un micrófono. Un equipo que compró a una casa especializada por 500 dólares.

La ciudad le ha dado permiso para predicar e invitar al rezo de jueves a sábado, de cuatro de la tarde a nueve de la noche. Hasta él se acercan devotos, curiosos y gente con ganas de discutirle “la verdad del Señor”, como él mismo dice. Otros, simplemente le imitan entre risas.

No es difícil verle apoyando sus manos en la espalda de alguna persona que se ha parado en esta estación de oración a rezar por unos minutos, concentrados, abstraídos del bullicio en una de las plazas más concurridas de la ciudad de los rascacielos.

“Tienen que leer la Biblia, a mí me dieron una mala noticia hace ocho años: me dijeron que estaba rompiendo la ley de Dios”, explicó Holes a la espontánea audiencia.

Fue hace cuatro años cuando decidió dar el gran paso: dejar su trabajo, vender sus posesiones y echarse con su mujer y sus dos hijos a la carretera con la única y exclusiva misión de recorrer el país predicando.

“Dejé de vivir en pecado. Todo el mundo vive en pecado, aunque no lo sepan”, explicó Holes a Notimex, declarándose no como un simple evangelista sino como “un cristiano que cree en la Biblia”.

El predicador, que antes se ganaba la vida como fotógrafo, no tiene actualmente ningún ingreso, por lo que él y su familia viven de la caridad de la gente. Un dinero que le da lo suficiente como para saltar de estado a estado del país.

“Somos unos 40 predicadores que con nuestras ‘prayer stations’ estamos recorriendo el país, estamos en esto a tiempo completo, hemos dejado todo lo demás, esta es nuestra vida ahora”, cuenta Holes, quien en septiembre dejará Nueva York para seguir su ruta con su familia.

En su discurso hay dos conceptos básicos que repite una y otra vez: arrepentimiento y confianza en Dios. “La gente debe mirar sinceramente en sus corazones para ver si cumplen realmente los 10 mandamientos, no somos tan buenos como pensamos”, señaló.

Durante su sermón, micrófono en mano, se han congregado esta tarde de julio medio centenar de personas. “Hay gente que bebe todos los días, no sólo entre semana”, dice en un momento. En otro confiesa que “en una misma mañana conocí a un fumador de marihuana y a dos homosexuales”.

Entre los presentes se oyen comentarios y algunas risas. Pero a él no le importa lo que piensen los demás. “Yo no me enfado con lo que me dicen ni cuando hacen bromas”, dice con una media sonrisa.

Sus “temas” preferidos son la pornografía, el adulterio, las drogas y la homosexualidad, peligros que acechan al hombre de hoy en día.

Holes señala que el movimiento cristiano, las ansias de profundizar en uno mismo, en la religión, ha crecido en los últimos tiempos. “Cada vez somos más los que entregamos nuestra vida a seguir y a expandir la palabra de Dios”.

El ha encontrado una fórmula que considera la más adecuada, en el lado opuesto de las “megaiglesias”, un fenómeno extendido por todo el país donde enormes templos con las últimas tecnologías celebran misas multitudinarias, de hasta 10 mil personas, en complejos que incluyen guarderías, bancos e incluso gimnasios.

“A mí no me gustan. Da igual que escuchen la voz de Dios cuatro o cuatro mil personas, pero yo creo que es más efectivo si lo haces en la distancia corta, hablando cara a cara con la gente. Además, con esta fórmula no necesitas apenas financiamiento, no tienes que pasar el “cepillo”, explica Holes.

También se muestra en contra de los predicadores estrellas que salen por la televisión y escriben libros.

“Ellos no predican la pala

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