Rascón Banda murió preocupado por la suerte del arte escénico.

* “Al teatro mexicano le falta lo mero principal, el público”, decía.

México, 31 Jul (Notimex).- El dramaturgo Víctor Hugo Rascón
Banda se llevó una preocupación a la tumba, la del destino y la
suerte del teatro mexicano, al que consideraba “le hace falta lo mero
principal, el público”.

Hace poco más de un mes, durante su discruso de ingreso a la
Academia Mexicana de la Lengua, externó ese pesar, y al término del
acto protocolario, abundó, en entrevista, que “el público no asiste a
las salas de teatro, donde hay más ofertas que demanda”. Luego
lamentó costos y costumbres.

“La clase media ha roto con la tradición de ir al teatro como
hecho social o si lo hace todavía, sólo ve las obras importadas de
Nueva York y Londres, que vienen precedidas por la publicidad.
Debemos cambiar los métodos de producción teatral porque son
costosos”, dijo.

En esa ocasión lamentó que boleto de teatro en taquilla cuesta
cinco veces más caro que el de cine. “Un boleto cuesta siete salarios
mínimos. ¨Cómo pedirle a un obrero y a su familia que dejen de comer,
vestir y transportarse siete días para que asistan al teatro?”, se
preguntó.

Evidentemente preocupado, explicó el malogrado dramaturgo que
“salvo los programas del INBA, no hay en la educación primaria y
secundaria un teatro escolar que fomente el hábito de ir al teatro o
de hacerlo en el salón de clases”.

Denunció que “los niños del DF y área conurbada son llevados a
bodegas y lugares secretos a ver teatro en la modalidad de piratería
teatral, donde los maestros e inspectores son sobornados por esos
piratas que montan y desmontan una obra en 24 horas, con una calidad
que vacuna para siempre a los niños contra el teatro”.

Sin embargo, Rascón Banda no fue del todo pesimista en su
análisis y habló también de las bondades que el teatro nacional vive
en la actualidad. “El teatro nacional se ha vuelto profesional y en
todas las universidades públicas existe la licenciatura en arte
dramático”, adujo.

Reconoció con agrado que en el país existen cientos de
dramaturgos, “y que ha surgido una dramaturgia que viene del Norte
con fuerza y contundencia, que habla de los problemas de la frontera,
de los mitos de su región, de su forma de ser y, sobre todo, de sus
sueños y esperanzas”.

En el caso de la Ciudad de México, explicó que “existe un teatro
alternativo e independiente en patios, estacionamientos, lotes
baldíos, la calle, la sala de la casa, a los cuales se les aplica el
mismo Reglamento de Espectáculos que se creó para el Estadio Azteca,
para el Auditorio Nacional y el Teatro Insurgentes”.

En ese sentido, señaló el entonces presidente de la Sociedad
General de Escritores de México (Sogem), que hacía falta “una
legislación especial para esta actividad alternativa, que se hace por
pasión con aspiraciones artísticas, en condiciones difíciles”.

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