Árboles mayas escuchan a Beethoven tocado por niños indígenas en Guatemala

GUATEMALA (AFP) – Violines o violoncellos, tal vez una tuba, son los sonidos que guardan en su memoria perpetua los árboles de pino que cada sábado escuchan las melodías que interpretan los niños indígenas integrantes de la única orquesta sinfónica del área rural de este país.

Guiados por su director que agita la batuta de plástico sobre el escritorio, los niños y jóvenes intentan interpretar el primero de los tres movimientos de la quinta sinfonía de Beethoven.

Un batutazo resuena sobre el escritorio: “Está mal, volvamos a intentar”. Luego de tres regaños, vuelve a decirle a suspiros: “Así me gusta, vamos”.

“La música puede ser un desertor para que integren ‘maras’ (pandillas violentas), por eso creemos que es un proyecto social que les puede ayudar a su sicomotriz e intelecto: van a prácticar más para perfeccionar antes de estar en las calles”, comentó a la AFP el director del proyecto, Martín Corleto.

El centro de formación está ubicado en un poblado distante 45 km al noroccidente de la capital y está integrado en su mayoría por niños y niñas indígenas sumidos en la pobreza. Algunos de ellos trabajan hasta en la elaboración de artefactos para la pólvora, una tarea prohibida.

Rodeados de frondosos árboles de pino, los niños aprenden a leer y a interpretar las partituras de sus diversos instrumentos, de cuerda, viento y percusión, con los cuales constituyen “la única orquesta sinfónia rural que existe en Guatemala”, aclama con orgullo Corleto.

No obstante, es este lugar inhóspito, carecen de auditorio y ensayan en un recinto de cemento de apenas 60 metros cuadrados, donde sólo el gusto a la música hace llegar a los infantes cada semana.

Corleto, a sus 26 años, estudió dos años en Rusia y ya dirigió la Orquesta Sinfónica Nacional. Este precursor de la música clásica en la zona rural está convencido de que los niños, sin importar su estrato social, pueden interpretar a Beethoven o Mozart “porque la música no tiene élites, la música es de toda la humanidad”.

“Tengo que corregir algunas cosas como en el arco del brazo, pero voy a mejorar”, dijo a la AFP Mercedes, de apenas ocho años, posiblemente la violoncellista más pequeña en Guatemala que toca en una sinfónica.

Mercedes es tal vez una privilegiada, pero no todo es color de rosa para los niños del lugar, pues Moisés Patzán, a sus nueve años y con 13 meses de estar practicando en el violoncello, no ha podido integrar la orquesta.

“Este año sí voy a estar ahí”, dice con seguridad, aunque reconoce que es muy difícil interpretar la partitura.

El centro de formación no es sólo para música clásica, pues además de la sinfónica tiene también más ensambles. Otro de sus trabajos, por ejemplo, es la formación de un coro, el cual integran al menos 40 niños menores de 15 años.

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