Lágrimas de cocodrilo por el che Guevara

El guevarismo de ciertos grupos que apoyaron al clérigo Fernando Lugo no distan mucho en materia de legitimidad de los artículos de electrónica que se comercializan en la Triple Frontera, sobre todo dentro de las fronteras paraguayas, zona célebre por sus productos piratas y falsificados.

Viene al caso, hablando de falsedades, recordar que el sistemático sabotaje del Partido Comunista boliviano fue decisivo para el trágico desenlace de la guerrilla en Bolivia del Che, en una muestra de hipocresía marxista que se reproduce continuamente hasta hoy.

El 19 de enero de 1968, meses después de ser exterminada la guerrilla y morir asesinado en La Higuera el Che Guevara, el Partido Comunista boliviano emitió un grandilocuente documento, que rendía “fervoroso homenaje a los heroicos guerrilleros que con su sangre generosa empezaron a abrir el camino de la verdadera liberación de nuestra patria”, mintiendo al afirmar que “el Partido Comunista no supo de la presencia del Che Guevara en nuestro país”.

En realidad, el Che había mantenido conversaciones con el líder del partido comunista Mario Monje, quien exigió comandar militarmente la guerrilla.

La descabellada exigencia de Monje era en realidad una estrategia para negar el apoyo del partido comunista boliviano, alineado con Moscú, que había dado indicaciones de no apoyar la insurrección del Che, quien era sospechado de chinoísta y troskysta.

El 31 de diciembre de 1966 Monje y Guevara mantuvieron la conocida reunión en el campamento guerrillero de Ñancahuazú. Aunque la reunión terminó en forma aparentemente amable y Monje prometió volver, en los hechos no volvió a existir contacto entre ambos líderes.

El partido comunista boliviano fue más allá e incluso saboteó a la guerrilla y contribuyó a su aislamiento, favoreciendo a sus archienemigos imperialistas de la CIA, hechos conocidos que permiten dimensionar la hipocresía de los posteriores elogios al Che.

Tal vez ese triste papel que se fue haciendo cada vez más célebre llevó a Monje a dejar Bolivia y radicarse en Moscú, donde reside hasta hoy.

El partido comunista paraguayo tuvo una insólita posición cuando apoyó a un dictador neo-nazi favorecido por Estados Unidos para someter al Paraguay, el general José Félix Estigarribia.

El apoyo comunista a la candidatura de Estigarribia se dio a través de la Confederación de Trabajadores (dominada por el partido comunista en ese momento).

Según un extraño documento fechado el 8 de julio de 1939, donde los seguidores de Lenin autóctonos incluso llegaban a ensalzar al mismo Franklin Delano Roosevelt, de la misma manera que hoy nuestra izquierda imprime afiches en desagravio al embajador James Cason.

En su documento los comunistas afirmaban textualmente que el contacto de Estigarribia con la política panamericanista de Roosevelt, basado en el empréstito (dólares pellizcados por el jefe del ejército del Chaco en Washington con la excusa de la amenaza expansiva del Tercer Reich, como más adelante el justificativo sería la URSS).

Y expresado en declaraciones progresistas y en promesas de gobernar democráticamente, aseveraban la justeza de apoyo comunista al Partido Liberal.

Con un antológico doble discurso añadía que el Partido Comunista era un partido de orden y de democracia, que cumplía un deber patriótico al salvar al Paraguay de la vergüenza bochornosa del fascismo y de la oligarquía.

Aunque se arrojaba a los brazos del partido de la oligarquía y catapultaba a quien inauguraría la dinastía de dictadores neo-nazis al servicio del imperio norteamericano en Paraguay.

En ese momento histórico, con similitudes que se perciben en el presente, el liberalismo paraguayo acató con sumisión la orden del norte de alinearse detrás de un proyecto que contravenía sus propios principios idelógicos.

El mismo caso se da hoy con el apoyo de cierta izquierda al proyecto del obispo Fernando Lugo.

De acuerdo a la misma fuente, este espectacular viraje del comunismo criollo permitió al mismo rescatar algunos

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